Todos recordamos esos personajes –tal vez de nuestra niñez, quizás alguno de nuestros abuelos- que se nos grabaron en la memoria de manera indeleble, por ser personas muy apacibles y agradables, que siempre nos dejaban en su trato una experiencia placentera. Estar en su presencia nos infundía seguridad y paz. Lo mismo se puede decir de ciertos personajes carismáticos de la vida pública, como los papas Juan XXIII o Juan Pablo II.

¿En que radica el poder “carismático’ de estos individuos?

El estado de ánimo se manifiesta en la expresión facial, en la mirada, en el lenguaje que utilizamos, en nuestros movimientos. En una palabra el espíritu benévolo o bondadoso se refleja en toda nuestra humanidad, en toda nuestra individualidad, lo que en inglés se denomina demeanor.(Sabemos que una infracción o falta leve se llama «misdemeanor» y una falta grave, «felony»).

En ciertas personas (imaginémonos a Jesús o a muchos de los santos a través de la historia) ese poder de infundir la paz es extraordinario, se trasmite inconscientemente y de manera inmediata. Es como si estos individuos llevaran consigo un halo iridiscente que nos lleva al éxtasis. Lo curioso es que hasta los animales perciben esa cualidad santificante o pacífica de los seres carismáticos. Tal es el ejemplo de San Francisco de Asís.

LA PERCEPCION VISUAL INICIAL ES INCONCIENTE.

Si observamos fotos de caras amenazantes, neutrales o placenteras y registramos la actividad metabólica del núcleo amigdalino utilizando resonancia cerebral funcional (fMRI) observaremos mayor actividad de la amígdala al mirar (sin saberlo) fotos de caras amenazantes. Lo contrario ocurre con caras placenteras. Es indispensable que las fotos se muestren solo por diecisiete milisegundos o menos, para que el sujeto experimental NO LAS RECUERDE CONCIENTEMENTE. Esto se traduce en lo siguiente;

1. Nosotros asignamos valor afectivo negativo o positivo al objeto observado in toto o in portio (caras, miradas, movimientos) en forma casi instantánea e inconsciente. Luego la conciencia (la corteza cerebral) lo edita, lo verbaliza y lo asocia de acuerdo al punto de entrada o coyuntura conciente en positivo o negativo. ¿Por qué hablamos mal de la gente a la que tememos? De allí nacen las famosas agendas de los políticos…. ¿Están ellos debatiendo ideas? ¡No! Están únicamente expresando SENTIMIENTOS preconcebidos en forma de palabras.

2. La gente con actitud benévola te percibe inconscientemente como NO amenazante, lo cual se traduce en su expresión facial, ocular y corporal benévola. En cierta forma tu ves al ser bondadoso como si estuviera “batiendo la cola” en el idioma canino.

3. Tu percepción del ser carismático se copia en menos de diecisiete milisegundos en tu mundo interior afectivo preconciente límbico-amigdalino subcortical.

4. Las personas que padecen de ansiedad o depresión asignan valor negativo o amenazante a las fotos neutras o incluso a las placenteras. Ellos poseen un bias o tendencia preconciente a ver todo como malo o peligroso (habla con un preocupado o doom sayer y te darás cuenta que el selecciona lo malo del ambiente). El extremo se torna en paranoia aunque -como discutí en un artículo anterior- ¡un poco de paranoia te puede salvar la vida!

5. El poder carismático de ciertos individuos es tal que aún los deprimidos o los ansiosos los perciben como gente pacificante y placentera. Será por ello que los ansiosos buscamos -con más frecuencia que la gente estoica- la paz espiritual en la memoria imaginada o aprendida de los seres carismáticos, ya sea de Jesucristo, ya sea de Mahoma, o ya sea del Buda. ¿Será por ello que encontramos solaz en el resguardo simbólico silente de los templos, de las sinagogas y de las mezquitas?

¿PODEMOS MEJORAR EL MUNDO NORMAL?

Sí. Definitivamente. ¡Algo que llevaría a la industria farmacéutica a un éxtasis comercial! No con palabras como el cura en su pulpito…sino con agentes serotoninérgicos como el citalopram. ¿Por qué sabemos esto? Gracias al estudio practicado por Catherine Harmer y asociados de Oxford, Inglaterra. Estos investigadores administraron citalopram a sujetos normales y cambiaron el grado del índice negativo preconciente de sus núcleos amigdalinos o su actividad metabólica. Esto lo correlacionaron luego con estudios en los cuales los sujetos vieron las fotos por el suficiente tiempo de exposición para que fueran concientes. En otras palabras, los sujetos tratados con citalopram, en contraste a aquellos tratados con placebo, tuvieron más dificultad en identificar rostros hostiles tanto conciente como inconscientemente después de la administración del agente serotoninérgico. Este estudio constituye una demostración fehaciente de cómo la percepción preconciente modula la síntesis de la realidad exterior y de cómo una simple droga tiene la facultad de mejorar la actitud de los seres humanos. “Tomemos todos citalopram y gocemos todos de nuestra hermandad” rezarían los carteles en las carreteras del mundo o por lo menos las de aquellas zonas bélicas de todos conocidas…

Daniel Jácome-Roca, MD, Neurólogo, Académico Correspondiente Extranjero.

Harper CJ, et al: Antidepressant Drug Treatment Modifies the Neural Processing of Non conscious Threat Cues. Biol Psychiatry 2006. 59: 816-820, 2006

Pohl TT, Young LJ, Bosch O Lost connections: Oxytocin and the neural, physiological, and behavioral consequences of disrupted relationships. J.Int J Psychophysiol. 2019;136:54-63. 

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co