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Uno de los aspectos más relevantes abordados en el Foro “Violencia Sexual con ocasión del conflicto armado” fue tratar de establecer como ayudar a las víctimas, restablecer sus derechos y brindarles las herramientas para manejar su salud física y mental.

¿Cuál es la medida justa entre justicia y reparación? En procesos de violencia sexual en cualquier conflicto esa pregunta surge con frecuencia y desafortunadamente no siempre se logra la justicia para muchas víctimas, pero la reparación si debería ser una constante. 

Este es un reto para cualquier profesional de la salud, porque los traumas post-guerra quedan. Las víctimas no se recuperan por sí mismas, y aún si hoy se acabara el conflicto y la violencia, el trabajo de recuperación sería largo e intenso para realmente tener una sociedad en paz. 

Pilar Rueda Jiménez, asesora de la Dirección de la Unidad de Investigación y Acusación – Jurisdicción Especial para la Paz, JEP  considera que identificar el daño y generar propuestas de reparación para las víctimas del conflicto armado colombiano ha sido todo un desafío y que son justamente las víctimas quienes más han enseñado en este proceso. 

En un conversatorio con Angela María Escobar (Coordinadora nacional de la Red de Mujeres Víctimas  y Profesionales) y Omar Aguilar (Coordinador del grupo focal de población diversa) se abordó el tema de la centralidad de las víctimas y su importancia en este proceso de reparación. 

La centralidad establece que en el marco del fin del conflicto armado, el foco de la estrategia de Justicia Transicional debe estar en lograr la máxima satisfacción posible de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.  Para Angela María, víctima de violencia sexual y desplazamiento por grupos paramilitares, el derecho a la salud también es un derecho a la justicia. Son muchas, las lesiones físicas (además de las mentales) que quedan y no siempre son identificadas o anotadas en las historias clínicas de estos pacientes, por lo que se pierden elementos probatorios en procesos judiciales. 

Como parte de este proceso de reparación temprana se ha planteado la construcción de un centro especializado para atención de víctimas de violencia sexual que pueda intervenir a tiempo y adecuadamente para minimizar el impacto y tratar el daño provocado antes de esperar una decisión judicial. El centro tendrá además de la zona médica/hospitalaria, una zona de apoyo psicosocial, una zona de reinserción socioeconómica, un departamento de servicios jurídicos y una zona de ambientes de reparación para encuentros familiares. El Centro ya cuenta con el respaldo y compromiso de varios organismos nacionales e internacionales. 

La violencia sexual tiene consecuencias inmediatas en la salud física, emocional, sexual,  reproductiva y el bienestar espiritual. La atención inadecuada o la no atención han generado impactos devastadores y algunas veces irreversibles (embarazos, enfermedades de transmisión sexual, entre otros). Adicionalmente, el trauma afecta las capacidades cognitivas de las víctimas. 

El Dr. Santiago Rojas que ha acompañado el proceso con las víctimas por varios años considera que el trauma no son las heridas sino las huellas. Una persona que ha sido agredida, constantemente activa una respuesta denominada flashback o reminiscencia y la experimenta en tiempo presente. Una parte del cerebro (izquierdo) que tiene que ver con el tiempo queda inactivo ocasionando que el derecho que maneja la experiencia la reviva una y otra vez. Las huellas no desaparecen pero se pueden minimizar. 

Además de la herida por agresión, si no existe una  contención inmediata la herida no sana y si a esto sumamos la estigmatización, el proceso de recuperación se trunca.  El trabajo multidisciplinario de médicos, psicólogos, terapéutas y familias en una rápida intervención pueden ser la diferencia para los sobrevivientes.   

Nota. Victoria Rodríguez G., Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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