El 23 de septiembre se celebró el día del residente médico . Ese día de 1849 nació William Halsted, cirujano norteamericano quien con William Osler, fundó el primer programa formal de residencias en el Hospital John Hopkins. Las residencias son tradicionalmente hospitalarias, y a mediados del siglo XX los participantes solían vivir (o «residir») en el hospital, por eso el nombre de residencias. En la actualidad los residentes pasan más horas en el hospital que en sus casas, dedicando todo su tiempo y mucha energía en la atención de pacientes y en la capacitación en servicio. Por su dedicación, pasión por la salud, por ser motores de los hospitales, muchas gracias. Ojalá que el gobierno colombiano les conceda las justas y legales peticiones que a ellos se les adeuda hace muchos años.

El nombre completo de este hombre, que formaba parte de los cuatro grandes del Hospital John Hopkins era William Stewart Halsted. Fue, entre otras cosas, el que preconizó la teoría del tratamiento agresivo local del cáncer de mama, preconizando una posición que se mantuvo hasta los años 60 del pasado siglo que justificaba la mastectomía radical, conjuntamente con la extirpación de los pectorales (mayor y menor), así como toda la grasa axilar y parte de la del hueco supraclavicular en un solo bloque.

Carolina Hampton era su novia y con ella terminó casándose, pero esta mujer tenía una dermatitis severa que le producía erupciones muy dolorosas. Esto ocurrió como consecuencia de la utilización de los diferentes líquidos que se manejaban en el quirófano y en la limpieza en aquella época. Así las cosas, Halsted contactó a la empresa Goodyear recién creada en aquel momento en Baltimore, que era fabricante de neumáticos y de todo tipo de artículos derivados del caucho.

En función de sus relaciones personales con los ejecutivos de esa compañía, solicitó que le fabricaran unos guantes del mismo material de caucho, pero hechos a la medida de las manos de su novia de la que no quería prescindir en el quirófano. Tenían que ser al mismo tiempo resistentes para evitar el contacto con los líquidos que le producían a su novia la dermatitis, pero suficientemente sensibles como para poder manipular el instrumental. A partir de ahí William Halsted obligó a todos sus colaboradores a utilizar los mismos guantes que empleaba su novia, para no desairarla y para que no quedara marcada como demasiado protegida en función de su dermatitis.La idea era de protección de sustancias potencialmente abrasivas, pero además guardan una importante función antiséptica.

Así empezaron a utilizarse de manera generalizada los guantes de goma en el quirófano hasta que unos años después se confirmó su definitivo papel en la asepsia de la cirugía. Lo que había comenzado por una historia de amor, terminó siendo uno de los grandes hitos de  la historia de la asepsia y la antisepsia quirúrgicas.

Algo similar ocurrió con las “curitas” (band-aids), que se originaron cuando un funcionario de Johnson & Johnson se ideo una forma de vendaje pequeño para que su esposa se pusiera sobre las frecuentes cortaditas que se hacía por su trabajo en la cocina. Llevó la idea a la empresa, la que comercializó el invento de manera muy exitosa.

Colaboración del académico David Vásquez Awad

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co

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