En columna para el portal Kienyke, el Académico Dr. Remberto Burgos de la Espriella habla sobre el cerebro infantil. «Detengámonos en esta función: la genética y el ambiente. Hay unos códigos, unos genes y una orden ya establecida para caminar por ese rumbo».

 

Por Remberto Burgos de la Espriella.

Llegó desesperado, ansioso y ambicioso. Un solo propósito en su carrera al desarrollo: aprender de todo. No discriminar y no filtrar: después otras funciones cerebrales lo harán. Es el aterrizaje del cerebro infantil. No existe en su estructura una sola célula que se escape de esta meta: absorber, almacenar y ejecutar. Qué tarea descomunal la del cerebro del niño.

Hay una única cualidad que nos tiene asombrados: una neuroplasticidad extraordinaria. Este cerebro les imprime a sus componentes neuronales, axones y circuitos una orden simple: reciban todo y dentro vamos modificando su desarrollo y adaptándonos al medio ambiente. Así organiza gradualmente sus redes neuronales. Lento y confiado se van formando las distintas estructuras y redes hasta lograr una función definida. ¿Qué tal caminar sin gateo o las primeras palabras sin signos de compresión sin haber recorrido la sendera del balbuceo? Aprenda un deporte en la infancia (tenis, esquiar y ajedrez) y compare estos resultados cuando inicia para aprenderlo a mediana edad. La neuroplasticidad es mucho más ágil mientras se es más joven.

Detengámonos en esta función: la genética y el ambiente. Hay unos códigos, unos genes y una orden ya establecida para caminar por ese rumbo. Aparece un entorno abierto y de mucha potencialidad. Le muestra a nuestra estructura familiar genética las opciones y nos toca tomar una decisión organizada. Se va formando un carácter individual en la medida en que genética y entorno llegan a un punto donde la determinación está tomada y hace andar al individuo por esa ruta. Es el punto clave: que conexiones tomamos, cuales mantenemos y cuáles serán las que eliminaremos. Este es el reconocido principio de poda neurológica, indispensable en el desarrollo del cerebro infantil.

El recién nacido por ejemplo utiliza una serie de herramientas y contacta al entorno para reconocerlo. Durante la primera semana se familiariza a través del tacto y por este reconoce la cara de los padres y de los objetos cercanos. Esto le permite asumirlo como encargados de su protección y con este hábito inicia la exploración de las personas más distantes. Cuando por ejemplo hay un trauma en este periodo se producen cicatrices en el desarrollo que si no se manejan a tiempo finalizan en alteraciones del comportamiento. Pero el entorno puede determinar el comportamiento futuro de este niño. Un sentido positivo, estímulos de calidad, buenas relaciones con el entorno desembocan en una infancia feliz que beneficia su desarrollo cerebral y su integración.

Una de las contribuciones más significativas viene de la Universidad de Harvard en donde en una serie que se denomina En Breve habla de las exposiciones a tóxicos durante la primera infancia. Los titula exposición a la adversidad y cómo estos fenómenos interfieren con una primera etapa y tiene notorios efectos sobre la salud mental, física, el comportamiento y la asimilación anómalas de conductas aprendidas. Que daño hace el estrés sobre los primeros años de vida.

Hay un ejemplo que llama mucha la atención y es recogido del campo de tenis. “Servir y devolver”, el cerebro infantil está programado desde que nace. Es la interacción con el adulto lo que está formando el cerebro humano. A través de miradas, sonidos, gestos o palabras el niño “sirve” y el adulto “devuelve” algo. Es la etapa de la construcción de la arquitectura del cerebro que lleva implícito el retorno. Pero hablemos de inteligencia y que es. No es el acumulo de datos, información o agenda o proyectos por realizar. Es la agilidad que tiene el individuo para proceder y decidir. Un cerebro infantil, en la ebullición del desarrollo y con tantos datos por absorber tiene el don de asimilar y filtrar. Piense la pregunta: cuál es el más ágil.

El censo del DANE del 2021 alcanzó la cifra total de niños que hay en Colombia: 15.454.633 que equivale al 31.03% de los habitantes del país. ¿Cómo los alimentamos, cuidamos y que vayan libremente al colegio? La mitad de cada 10 sufrió algún tipo de violencia y eso que las cifras de la pandemia aún no están expuestas al público. Pero quedémonos en los datos primarios y tendremos que la cifra de desnutrición en la primera infancia en el país está muy cerca de 600.000 niños. Un cerebro infantil sin los nutrientes es un adulto pueril en la edad madura.

Artículo publicado originalmente en Kienyke


Dr. Remberto Burgos de la Espriella

 

El doctor Remberto Burgos de la Espriella ha sido presidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía, Presidente Honorario de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía y es Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia. 

 

Vistas Totales 1,242 

+ posts

Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

Pin It on Pinterest