Vengo de una familia de médicos de la cual me siento muy orgulloso y es por personas como ellos, que considero que una vez pasemos esta crisis el gobierno debería impulsar una reforma a la salud que avance sobre lo logrado por la Ley 100 y se enfoque en la calidad. La salud no es solo un tema de cobertura universal, sino de garantizar que los pacientes tengan acceso a la mejor medicina posible. Es momento de invertir en ciencia, tecnología e innovación en salud, para no tener que depender de otras naciones en momentos críticos como este.

Empecemos porque el personal médico gane un salario digno equivalente a su esfuerzo y contribución a la sociedad, y se les garanticen beneficios laborales como pensión y salud. Es increíble que mientras el personal de salud esta en la trinchera siendo el primer frente de batalla en esta guerra contra el coronavirus, muchos ni si quiera tiene la tranquilidad de poder llegar a sus hogares por temor a infectar a sus familias; recibir remuneración en caso que se contagien; cotizar para su jubilación, o tener un seguro de salud y vida por si les ocurre algo.

Mi padre, el galeno Efraím Otero Ruiz, fue un líder en el campo de la medicina, la ciencia y la poesía entre otros, -un hombre del renacimiento. Sin ser político, ocupó varios cargos en el sector salud. Por su vocación, siempre buscó aumentar inversión del país en ciencia y tecnología y mejorar la infraestructura hospitalaria. Se opuso firmemente a la Ley 100, pues le preocupaba que en busca de la famosa cobertura universal se sacrificara la calidad de la medicina. Consideraba que convertir la medicina en un negocio iba terminar por beneficiar a las EPS y a las empresas de seguros a costa de los médicos y los pacientes, y no estaba equivocado.

Mis hermanos médicos siguieron sus pasos aportando a la sociedad desde sus respectivas disciplinas. El oftalmólogo, viajando por el mundo en un avión hospital enseñando a operar a médicos de bajos recursos y ayudando siempre con una sonrisa a los más necesitados a través de su consulta social. El urgenciólogo, -héroe de mil batallas- lleva noches enteras sin dormir atendiendo víctimas en estado crítico del Covid-19, haciendo todo por ellos y sus familias hasta el ultimo adiós. A pesar de sus éxitos, les duele ver a muchos de sus colegas trabajando con las uñas y sin unos mínimos de protección que les brinde tranquilidad a sus familias.

Soy un convencido que esta crisis no es culpa de nadie. Ni de los gobiernos, ni de la falta de pruebas o equipos, ni de la cuarentena, ni de los chinos, -aunque ahí tengo mis dudas. La verdad es que Dios y el destino nos enfrenta constantemente a situaciones complejas muchas veces difíciles de entender, pero somos nosotros como humanidad y como sociedad los que podemos determinar como enfrentarlas.

La pandemia dejo al descubierto algunas deficiencias en los sistemas de salud del mundo. Estatal o privada, es claro que no estábamos preparados y hay que adaptarnos. Como sociedad, debemos revaluar lo que es realmente importante en la vida y abogar desde nuestras respectivas orillas para que las personas que se sacrifican por nosotros en tiempos de pandemias y de guerras tengan no solo nuestro respeto y admiración, sino los beneficios económicos que tanto merecen.

Andrés Otero Leongómez

Fuente: LA REPUBLICA (Bogota).

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.