La pandemia COVID-19 sorprendió a la humanidad a través de un virus desconocido y con un comportamiento «extraño»: para lo cual obviamente no estábamos preparados y que por sus características después de dos meses tornó a epidemia, y tan solo un mes después en pandemia y podrá mutar finalmente a endemia. Puede manifestarse como un simple «catarro» o gripa sin consecuencias mayores, pero en algunos casos puede presentarse una grave desregulación del sistema inmune asociado con alteración endotelial -en realidad una endotelitis e incluso una sepsis de origen viral- con una respuesta inflamatoria, inmunológica y protrombótica exagerada. Afortunadamente es un porcentaje bajo (según diferentes reportes entre un 3-7%). Genera concomitantemente hipoxemia temprana, tormenta de citoquinas, cardiotoxicidad y coagulación intravascular diseminada, manifestándose clínicamente como falla cardíaca, infartos en general, arritmias y tromoboembolismo de origen venoso, falla multisitémica y muerte.
Nos llegó un virus nuevo y atípico
- Por su altísima capacidad de propagación y de diseminación
- Su diseminación en la etapa asintomática
- Su letalidad no es muy alta comparativamente
- Pero ha causado mayor mortalidad que el SARS y el MERS
- Esto es debido a su rápida difusión
- A transmitirse en etapa asintomática
- Ausencia de tratamiento específico
- Hay mucho desconocimiento y ausencia de pedagogía de impacto
- La comunidad no tiene la cultura del autoconfinamiento ni del autocuidado.
Impacto en los sistemas de salud
- saturación de camas UCI
- impacto socioeconómico mundial y geopolítico
- carencia de un tratamiento específico
- Demora de la vacuna con un virus mutante que dificultará tipificación de la cepa(s) más patógena(s)
- El SARS-CoV-2 llegó para quedarse, endémico al igual que la influenza y el VIH
- Pasaremos de la pandemia a la endemia.
- No funciona el manejo como en una neumonía tipo SARS
- Los ventiladores no han sido la solución. Someter a un pulmón inflamado y microtrombosado a carga de presión y volumen, ha demostrado que no es la solución mágica ni racional y así lo demuestran las estadísticas 30,31.
El miedo, como problema
- paraliza nuestro comportamiento
- puede ser incluso más grave que la pandemia
Síndrome post-COVI o tsunami coronavirus
- Secuelas y posibles réplicas
- fibrosis pulmonar residual en los recuperados
- estado post-embolia pulmonar
- síndrome post-UCI prolongado
- estrés post-traumático
- ansiedad-depresión
- falla cardiaca residual o empeorada
- fracturas
- convalecencia prolongada
Problemas socio-económicos y geopolíticos
- aumento de la pobreza
- disparo del desempleo
- desnutrición
- sarcopenia severa en los ancianos excesiva e indiscriminadamente confinados
- osteoporosis
- muertes en la casa por complicaciones de enfermedades no COVID
- desbordamiento de problemas
- fallas cardiacas
- diabetes descontroladas
- HTA no controladas
- enfermedad coronaria no intervenida
- arritmias más avanzadas,
Estos pacientes saldrán masivamente a los hospitales, porque se contuvieron de acudir oportunamente para ayuda hospitalaria por el «miedo a que me peguen el virus en el hospital» y el aplazamiento de intervencionismo y cirugías «no urgentes; esto explosionará y también desbordará significativamente el sistema de salud.
Estamos ante una pandemia rápidamente diseminada
- globalización
- aeropuertos y aviones que llevan la COVID a más de 900 Km/h
No estamos preparados
- en suficiente talento humano y tecnológico
- No hay toma masiva de muestras
- Hay que tomar medidas de cerco epidemiológico
- no encerrando a los sanos o a los enfermos, por decisiones políticas.
- Hay evidentes falencias en los sistemas de salud nacionales
- abandono del concepto de salud
- crónico destrabajo de los políticos
- tristemente agravado por la corrupción
Debemos seguir con medidas más efectivas y menos costosas pero muy duras emocionalmente
- distanciamiento social para evitar una alta carga viral al receptor ACE2 (metaanálisis publicado recientemente en Lancet)
- uso adecuado del tapabocas
- evitar tocarse la cara y los ojos
- evitar las muestras de afecto como
- apretón de manos
- abrazos y besos, nos tocó aplazarlos
- palabras para manifestar nuestro afecto es el cambio racional
- educar y concientizar a la gente
Esta no es una «gripita fuerte» más. No, es una enfermedad desconocida que llegó sin saber cómo, y llegó para quedarse un tiempo desconocido y con rebrotes en pacientes ya infectados. Han cambiado muchas de nuestras costumbres, pero con la esperanza que de pronto cambiemos nosotros mismos o nos autodescubramos en la soledad del confinamiento y replantear nuestra actitud solidaria ante los demás y hacia la madre naturaleza, cuidando nuestra casa: el planeta tierra, que de alguna manera se puede estar manifestando ante la depredación del Antropoceno. Puede ser esta una única o última oportunidad, que de pronto no volverá.
Una estructura ultramicroscópica nos ha cambiado «la normalidad». En la teoría, sería esperanzador que del asteroide B612 volviese El Principito a comentarnos amablemente sobre la forma tan extraña como los adultos vemos la vida. Pero nuestra estulticia y la condición humana de que tanto habló Anna Arendt, nos deja vislumbrar un no volver a lo «normal». Volveremos seguramente a vivir de una manera diferente conviviendo con un virus más mientras que la ciencia (ahora más valorada) logre contenerlo y los terrícolas, ojalá hayamos aprendido algo del comportamiento de otras especies: unirse ante las amenazas, en nuestro caso, ante la incertidumbre.
Este artículo es una adaptación del editorial de Acta Médica Colombiana, escrrito por el cardiólogo Enrique Melgarejo Rojas.

