Exponer la salud y la vida para atender a personas afectadas de Covid-19, conociendo los factores de riesgo existentes, la capacidad de propagación y la letalidad de la enfermedad, requiere, más allá del Juramento Hipocrático, de los médicos y del Juramento Nightingale, de las enfermeras, una alta dosis de convicción, de responsabilidad, de entrega, de ética, de entereza, de pasión por servir y, por supuesto, de mucha valentía. Pero si, además, el agente de la salud brinda apoyo a través de las palabras, esperanza con una oración o alegría mediante el tarareo de una melodía, sin duda se trata de un verdadero acto de amor por su profesión y su paciente.

Eso han hecho día tras día los médicos, los enfermeros, los fisioterapeutas, los auxiliares de servicios asistenciales, etc., en los centros hospitalarios, así como muchos otros trabajadores de la salud que han estado en la llamada “primera línea” de esta dura batalla que enfrenta el mundo contra el virus Sars-CoV-2. Como lo definió el presidente de Francia, Emmanuel Macron, “estamos en guerra, una guerra sanitaria, pero el enemigo está ahí, invisible, escurridizo”.

Sin embargo, ellos no solamente han tenido que enfrentar cara a cara la crisis sanitaria. Para colmo, muchos han sido víctimas de discriminación y rechazo en sus barrios o en sitios públicos. Agravando más su situación, generalmente desempeñan su ejercicio profesional en injustas condiciones laborales y salariales y elementos de bioseguridad precarios, en el mundo.

Nada será suficiente para agradecerles y pagarles por ir más allá del cumplimiento de su misión, por su alto compromiso y total dedicación, sacrificando su bienestar y el de sus familias. Esto sobrepasa sus responsabilidades, convirtiéndose en actos heroicos, llevándolos, incluso, a ser mártires. Son impactantes los testimonios del personal médico lleno de tristeza y frustración al ver morir a sus pacientes o de casos como el médico Iván Manjarrez, citado en los medios de comunicación, que completó 62 días con el virus y durante su tratamiento, aislado en su habitación, se dedicó a prestar sus servicios de forma virtual.

En Colombia, el reporte del Instituto Nacional de Salud, con corte al 2 de septiembre, da cuenta de 8.885 funcionarios del sector de salud contagiados. El grupo más afectado es el de los auxiliares de enfermería, con 3.047 casos; seguido de los médicos, con 1.392; 1.132 enfermeros profesionales, 162 fisioterapeutas, 948 administrativos y 364 del personal de aseo-alimentación, entre otros. El mismo organismo reporta en Barranquilla 545 casos de contagios de estos profesionales.

Esta pandemia devastadora nos ha arrebatado a gente valiosa de todos los sectores, entre los que contamos a amigos, familiares y compañeros de trabajo. En total han fallecido en Colombia 20.888 personas, hasta el 4 de septiembre, a causa de la enfermedad, y en cuanto a los trabajadores de la salud, en nuestro país han muerto 63 de ellos. Sin duda, todos, verdaderos mártires que entregaron su vida por la salud de los colombianos.

José Consuegra, Médico, Rector de la Universidad Simòn Bolívar. Columna publicada en EL HERALDO de Barranquilla.    rector@unisimonbolivar.edu.co

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co