El académico Hernando Vargas Uricechea escribió un editorial en la Revista Colombiana de Endcrinología, titulado:  Hipotiroidismo espontáneo del adulto en Colombia, es tiempo de investigar.

El hipotiroidismo es una de las condiciones de salud más frecuentes del ser humano. Su diagnóstico y manejo son fáciles de abordar; no obstante, es potencialmente fatal en casos graves si no se trata. La de iciencia de yodo y la enfermedad tiroidea autoinmune (ETAI) representan la gran mayoría de los casos de hipotiroidismo primario. Cerca de un tercio de la población mundial vive en zonas donde persiste la de iciencia de yodo (y son bien conocidos los efectos catastróficos de la de iciencia grave de yodo en el desarrollo neurológico de los fetos y los niños) [12].. 

Los cambios en la dieta y las prácticas agrícolas desde los años 50 han provocado la reaparición de la deficiencia de yodo en países que antes se consideraban suficientes de yodo, incluidos algunos países desarrollados. De igual forma, los programas encaminados a la yodación universal de la sal también han inclinado la balanza y algunos países que previamente se habían catalogado como deficientes de yodo, actualmente se clasi ican con exceso de yodo, entre esos, Colombia [3].

En los países con suficiencia de yodo, la prevalencia del hipotiroidismo varía del 1 % al 2 % y aumenta al 7 % en personas entre los 85 y 89 años. La prevalencia del hipotiroidismo mani iesto en la población general oscila entre el 0,2 % y el 5,3 % en Europa y entre el 0,3 % y el 3,7 % en Estados Unidos (según la de inición utilizada y la población estudiada). Los estudios longitudinales de grandes cohortes en el Reino Unido, informan una tasa de incidencia de hipotiroidismo espontáneo de 3,5-5,0 por 1000 y de 0,6-1,0 por 1000 en mujeres y hombres, respectivamente. Por su parte, el riesgo para la presencia de ETAI, en especial la tiroiditis autoinmune (enfermedad de Hashimoto), es mayor en mujeres que en hombres, su frecuencia es mayor a medida que aumenta la edad, al igual que en áreas donde existe una adecuada suplementación de yodo; sin embargo, la incidencia y prevalencia varía según el área geográ ica, la raza, el hábito tabáquico, entre otros aspectos. Según los resultados de la encuesta Wickham, la incidencia y prevalencia de hipotiroidismo espontáneo (como consecuencia de ETAI) fue de 3,5-5,0/1000 y de 0,6-1/1000 en mujeres y hombres, respectivamente [45].

En este volumen de la revista se hace una revisión sobre la epidemiología del hipotiroidismo espontáneo en Colombia, y se encontró un número pequeño de estudios que evalúan la frecuencia de esta condición en adultos [6]. Los estudios realizados se enfocan en 5 grandes grupos:

  1. 1. los realizados a nivel hospitalario o en instituciones de salud específicas,
  2. 2. los   realizados a nivel hospitalario o en instituciones de salud en poblaciones específicas,
  3. 3. los desarrollados a partir de fuentes secundarias de información,
  4.  los estudios de base poblacional,
  5. 5. los que evalúan la presencia de hipotiroidismo en gestantes.

Claramente y exceptuando los estudios que tienen una base poblacional, según esta revisión, no hay certeza de cuál es la incidencia y prevalencia real de hipotiroidismo espontáneo (subclínico o lorido) en Colombia. En este sentido, cuando se analiza la frecuencia de una enfermedad en la población, la mejor evidencia cientí ica se obtiene a partir de censos o de estudios sobre muestras aleatorias de dicha población (y los estudios sobre cohortes de casos incidentales ofrecen la mejor evidencia para describir la historia natural o el pronóstico de una condición o desenlace). Independientemente del diseño, cada tipo de estudio tiene sus ventajas y limitaciones que los hacen adecuados para diferentes escenarios. Adicionalmente, hay 2 aspectos que in luyen sobremanera en la calidad de esos estudios: primero, se debe de inir claramente la población de referencia sobre la que se van a extrapolar los resultados y, segundo, la de inición correcta de los casos, con una adecuada selección de las variables y de las escalas de medida a utilizar. El problema es que ni siquiera existe una de inición universal de hipotiroidismo (basado en los niveles de tirotropina [TSH]), por lo que se han tomado diversos puntos de corte (en el valor superior de la TSH) para la de inición de caso, lo cual di iculta enormemente la comparación con otras áreas geográ icas y otras latitudes; asimismo, la de inición de un individuo sano desde el punto de vista funcional tiroideo (en estudios poblacionales) también ha sido complejo, ya que para ello debe establecerse si una persona con niveles normales de TSH (pero con anticuerpos tiroideos positivos con o sin bocio) debe considerarse sano o enfermo [7].

Aun así, la información de los estudios realizados en Colombia denota que la frecuencia de hipotiroidismo y de autoinmunidad tiroidea es alta. Lo anterior puede ser explicado, al menos en parte, por el alto consumo de sal y, por ende, por el alto consumo de yodo proveniente de la misma y de otras diversas fuentes alimentarias. Con lo anterior se demuestra que estamos en deuda para responder la pregunta sobre: ¿cuál es la frecuencia del hipotiroidismo y los factores de riesgo asociados en Colombia? Para ello, debe realizarse un estudio de base poblacional con un muestreo multietápico a múltiples niveles, en el que se divida la población en conglomerados, se elija a los participantes o grupos de participantes al azar (muestreando a todos los miembros del grupo elegido) y se estrati ique la población según factores como la edad, el sexo, el estrato socioeconómico, la raza, la procedencia, el estado nutricional de yodo, la presencia o no de anticuerpos tiroideos, la frecuencia de bocio y comorbilidades de base (entre otros factores), con un seguimiento a lo largo del tiempo de los sujetos del estudio; lo cual determina que es un estudio complejo, costoso y de largo plazo. Como líderes en este campo, debemos plantear las preguntas necesarias y diseñar las etapas de un estudio poblacional enfocado a la investigación de las enfermedades tiroideas más prevalentes y, entre ellas, el hipotiroidismo.

Referencias

  • [1] Wang C, Crapo LM. The epidemiology of thyroid disease and implications for screening. Endocrinol Metab Clin North Am. 1997;26(1):189-218.
  • [2] Vanderpas JB, Moreno-Reyes R. Historical aspects of iodine de iciency control. Minerva Med. 2017;108(2):124-35.
  • [3] Vargas-Uricoechea H, Pinzón-Fernández MV, Bastidas-Sánchez BE, Jojoa-Tobar E, Ramírez-Bejarano LE, Murillo-Palacios J. Iodine Status in the Colombian Population and the Impact of Universal Salt Iodization: A Double-Edged Sword? J Nutr Metab. 2019;2019:6239243.
  • [4] Taylor P, Albrecht D, Scholz A, Gutierrez-Buey G, Lazarus JH, Dayan CM, et al. Global epidemiology of hyperthyroidism and hypothyroidism. Nat Rev Endocrinol. 2018;14(5):301-16.
  • [5] Vanderpump MP, Tunbridge WM, French JM, Appleton D, Bates D, Clark F, et al. The incidence of thyroid disorders in the community: a twenty-year follow-up of the Whickham Survey. Clin Endocrinol (Oxf). 1995;43(1):55- 68.
  • [6] Vargas-Uricoechea H. Epidemiología del hipotiroidismo en Colombia ¿en qué estamos y qué sabemos al respecto? Rev ACE. 2021;7(4):274-279.
  • [7] Favresse J, Burlacu MC, Maiter D, Gruson D. Interferences with thyroid function immunoassays: Clinical implications and detection algorithm. Endocr Rev. 2018;39(5):830-50.Referencias
  • [8] Yong-Zhen Z, Holmes E. A Genomic Perspective on the Origin and Emergence of SARS-CoV-2. Cell. 2020;181(2):223-7. doi: 10.1016/j.cell.2020.03.035
  • [9] Jefferson T, Heneghan C. Masking lack of evidence with politics [Internet]. CEBM; 2020. Disponible en: https://bit.ly/3nyIW3E
  • [10] Robert R, Kentish-Barnes N, Boyer A, Laurent A, Azoulay E, Reignier J. Ethical dilemmas due to the Covid-19 pandemic. Ann Intensive Care. 2020;10(1):84. doi: 10.1186/s13613-020-00702-7
  • [11] Smith GCS, Pell JP. Parachute use to prevent death and major trauma relat- ed to gravitational challenge: systematic review of randomised controlled trials. BMJ. 2003;327(7429):1459-61. doi: 10.1136/bmj.327.7429.1459
  • [12] Mirsky S. Volunteers Jumped with or without a Parachute to Gauge Its Effectiveness. Someone inally did a study on the ef icacy of parachutes. Scienti ic American 2019;175. Disponible en: https://bit.ly/2WuV2z3
  • [13] Koenig K. Comment: Common Sense vs. Evidence-Based Medicine: Lessons from the Parachute. NEJM. 2004. Disponible en: https://bit.ly/3mzXWNo
  • [14] Sackett D, Rosenberg W, Gray J, Haynes R, Richardson W. Evidence based medicine: what it is and what it isn’t. BMJ. 1996;312(7023):71-2. doi: 10.1136/bmj.312.7023.71
  • [15] Djulbegovic B, Guyatt G. Evidenced-based medicine in times of crisis. J Clin Epidemiol. 2020;126:164-6. doi: 10.1016/j.jclinepi.2020.07.002
  • [16] Malm H, May T, Francis LP, Omer S, Salmon D, Hood R. Ethics, Pan- demics, and the Duty to Treat. Am J Bioet. 2008;8(8):4-19. doi: 10.1080/1526516080231797

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co

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