Las investigaciones sobre la vitamina K que llevaron al Premio Nóbel de 1943 involucraron a un bioquímico danés y a un fisiólogo estadounidense. En 1929 Henrik Dam (1895-1976) descubrió que los pollos alimentados con una dieta libre de grasa tenían una tendencia a desarrollar diátesis hemorrágicas, las que se corregían al agregar un factor liposoluble proveniente de las semillas del cáñamo y en general de las verduras de hoja, al que llamó vitamina K (por Koagulation Vitamin). En 1939, Edward Doisy, experto en hormonas femeninas y descubridor de la estrona, aisló la vitamina K de la alfalfa (K1) y del pescado (K2), forma metabolicamente activa en el ser humano que es producida por las bacterias intestinales; este mismo científico encontró que esta sustancia era un terpeno, una naftoquinona.

Estudios posteriores (Quick, Butt) asociaron la tendencia hemorrágica de la enfermedad hepática a déficit de protrombina, al igual que la falta de sales biliares en la ictericia obstructiva impedía la absorción de vitaminas liposolubles como la K, necesaria para la formación de protrombina y de otros factores de coagulación. De esta manera se pudieron obtener diferentes formas de vitamina K sintéticas que previenen las diátesis hemorrágicas observadas en prematuros, en pacientes con malabsorciòn o con problemas biliares.

De ahí en adelante se consideró que las dos formas de vitamina K estaban relacionadas con la formación de factores procoagulantes como la protrombina, y los médicos la tuvimos en cuenta para situaciones especiales como en los prematuros o en los pacientes antocoagulados con warfarina. Esta molécula es un anticoagulante oral (1950), reductor de la protrombina, que resultó una solución para el manejo crónico de las tromboflebitis o para el de fibrilaciones auriculares de tipo paroxístico, a la par que excelente raticida. La Wisconsin Alumni Research Foundation ha sido la dueña de la patente de la bishidroxicumarina, y el acrónimo resultante fue “Warfarina”. La búsqueda de pastos que sirvieran de alimea los vacunos del Canadá y de las Dakotas, pero que crecieran en los suelos pobres de aquellas llanuras, dio lugar a la siembra de trébol dulce que terminó causando una enfermedad hemorragìpara en las vacas; Campbell y Link lograron identificar en ese trébol la cumarina, y Roderick observó que causaba una reducción tóxica de la protrombina plasmática.

La vitamina K, que han llamado la vitamina olvidada, ha vuelto a sonar desde que se han observado sus efectos sinérgicos con la vitamina D3 sobre el hueso, y sobre el efecto de la vitamina K2 como inhibidora de la calcificación arterial a través de la proteína GLA. Los especialistas en menopausia y en osteoporosis han empezado a formularlas juntas, y esto es particularmente popular en Europa y en Japòn, aunque menos en los Estados Unidos. Hay estudios observacionales que favorecen el uso combinado, pero todavía faltan estudios comparativos, prospectivos bien diseñados, con una muestra grande. Se ha iniciado uno así pero todavía no hay resultados. Un metaanálisis de estudios con vitamina K publicado en 2020 encontró 3 estudios que analizaban el efecto sobre el endurecimiento arterial, la calcificación, etc. pero los resultados no fueron consistentes en todos los casos, aunque esto no es evidencia suficiente pues los 3 estudios fueron muy heterogéneos en su diseño.

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co