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Foro, organizado por la Academia Nacional de Medicina, permitió dilucidar algunas de las inquietudes y respuestas sobre el ejercicio de la medicina y la investigación científica a la luz de la inteligencia artificial.

 

El foro desarrollado, el pasado viernes 15 de septiembre, contó con un grueso de conferencistas invitados y académicos en distintas disciplinas, que permitió a los asistentes visualizar qué es la inteligencia artificial, cómo se integra a la práctica médica y a la ciencia, qué se debe preservar, qué reemplaza, qué no y cuáles son los retos futuros para educadores, médicos y sociedad en general.

Sobre la inteligencia artificial abunda tanta información como preocupación, dijo David Vásquez, académico y moderador del foro. “Es por eso que la Academia no puede ser ajena a las discusiones sobre inteligencia artificial y su impacto en la medicina y la formación médica”, concluyó.

El ingeniero industrial y estudioso del tema, Gabriel Amaranto Suárez, definió qué es la inteligencia artificial y qué no es, ni puede hacer.

“La inteligencia artificial es la capacidad que le hemos dado a la tecnología para que a partir de cierta historia de datos, pueda interpretar nuevas entradas y ser capaz de generar predicciones sobre estas”.

Y es precisamente la capacidad de predecir y de dar respuestas como las daría un humano,lo que inquieta de estas nuevas herramientas. Una de las más populares es el Chat GPT que ya va por la cuarta versión y en un solo día tuvo más de 100 millones de usuarios.

Según el experto, esta herramienta elaborada a partir de 175 mil millones de parámetros busca predecir una conversación humana, a través de una interfaz fácil de usar. Chat GPT es capaz de traducir, resumir, y generar códigos de programación a través de instrucciones básicas.

Pero que sea capaz de guiar en tareas básicas, antes buscadas en tutoriales de youtube, no quiere decir que pueda pensar o tomar decisiones por sí sola. La herramienta simplemente a través de una información con la que cuenta predice una respuesta humana, explica el ingeniero Suárez.

En esto coincide, la académica y científica Helena Groot, quien hizo el ejercicio de usar el Chat GPT en una ciencia como la genética, que es su experticia.

Al usarlo, confirmó que efectivamente el Chat GPT cuenta con gran cantidad de datos y fuentes de información, pero difícilmente podrá dar luces a una pregunta científica, si las respuestas que la herramienta da, no cuentan con un interlocutor que tenga la solidez técnica y la capacidad para analizar e interpretar la información científica como los resultados y el proceso experimental o de laboratorio. Posiblemente el Chat GPT aunque tenga acceso a cientos de fuentes de información, no podrá orientar, ni discernir sobre esa cantidad de información por sí solo. Se necesita de ese componente humano que critique, cuestione y disienta.

Como educadora, a la doctora Groot, le preocupan temas como la adicción a estas herramientas y la pereza mental que puedan generar en un proceso de enseñanza. La propiedad intelectual de las ideas y reflexiones que se hagan a partir del Chat GPT.

“Es necesario encontrar una nueva forma de interacción con los estudiantes. Proporcionar una orientación ética y el pensamiento crítico de la persona. Hay cosas en las que, como lo dice el mismo Chat GPT, no se puede reemplazar al ser humano”.

Francisco Cajiao, educador, lo confirma, y al revisar lo que dice la UNESCO y las consideraciones sobre inteligencia artificial, IA, que se dieron en un foro reciente de Profuturo y la Organización de Estados Iberoamericanos, OEI, que analiza el futuro de la educación en América Latina.

El educador resume algunas de las implicaciones en la educación, la primera es la necesidad de una mayor conectividad en colegios y universidades. Una segunda está relacionada con la formación docente en la capacidad crítica, por encima de las habilidades digitales. Y una tercera tiene que ver con la manera cómo se evalúa a los estudiantes y la importancia de la IA en la formación para el trabajo. Hoy se usan simuladores para aprender a manejar un avión o una máquina industrial.

El foro ofreció además una visión humanística y una médica. Desde la perspectiva humana, el académico Álvaro Gama Hernández y Herman Redondo, ofrecieron elementos para el análisis.

El doctor Gama Hernández hizo un recorrido histórico con los distintos avances de la humanidad, mostrando cómo la tecnología y la innovación han avanzado a la par con el ser humano y sin prescindir de este. Y aunque no hay que tener temor a esa capacidad inventiva del hombre, que nos permitió desarrollar la imprenta, la aviación, la radio, la electricidad, la anestesia y que han hecho posible un mundo con más facilidades. Tampoco se puede desconocer las bondades, pero también las limitaciones de la inteligencia artificial.

“En el mundo de la medicina por ejemplo, la IA ya es capaz de hacer psicoterapia, y seguramente se puede hacer diagnósticos. Entonces uno se puede maravillar ante este mundo de la inteligencia artificial y todo lo que se puede hacer, pero también pone de relieve un tema de la individualización y cómo cada uno pone esa perspectiva individual al enfrentarse a este tipo de tecnologías, que tampoco deja de preocuparnos”, resume el académico.

Desde la perspectiva médica, Gustavo Quintero, docente y decano universitario, analizó el papel de la inteligencia artificial en la educación médica. Él ofrece una visión optimista y asegura que en medicina se viene utilizando la inteligencia artificial de manera integrada a los procesos de formación médica desde hace varios años. El doctor Quintero invita a dejar esa versión apocalíptica del ser humano frente a las innovaciones.

“En medicina llevamos muchísimos años usando la inteligencia artificial, con la información sistematizada, el seguimiento al aprendizaje a través de datos, la voluntad predictiva que nos permite identificar las fortalezas de un estudiante y en dónde se debe mejorar. Ya no se usa la anatomía cadavérica en la escuela, nosotros no tenemos un solo cadáver. Ahora se usan simuladores y realidades virtuales que nos permiten una formación integradora. También está la robótica que se usa en muchos procedimientos médicos”.

El profesor Quintero habla del retorno al humanismo en la formación médica. Al utilizar la inteligencia artificial para ciertas actividades y tareas, le corresponde al médico poner más dedicación y tiempo a aquellas cosas que no puede hacer una máquina. Como por ejemplo el ejercicio de la conciencia moral, un médico tiene la capacidad de diferenciar entre lo bueno y lo malo. La capacidad semántica es algo que las máquinas por ahora no son capaces de hacer. Esto hace que cambie la forma de enseñar y de evaluar.

“No se trata de prohibir, ni de ignorar. La IA retorna el humanismo a la práctica médica. Nos va a permitir más tiempo para dialogar con el paciente, para mirarlo a los ojos, para consolar siempre, más que para curar y aliviar. Es un humanismo de tercera generación, que comienza con no conocerlo todo, o de fijarse objetivos imposibles, sino de comprender al máximo lo que nos rodea y el interés del que sufre”, concluye el doctor Quintero.

Herman Redondo, quien preside la Comisión de Ética de la Academia, coincide en que la preocupación que deja ver todo este avance de la inteligencia artificial que trae consigo muchos beneficios, es la de ser conscientes de que aún con la disposición de gran cantidad de datos, puede haber errores en la interpretación de los mismos.

De tal modo que es necesario, fijar unos límites éticos en relación a evitar la pérdida de la autonomía médica, la afectación de la relación médico- paciente, la revisión y conocimiento de la Lex Artis y su aplicación, en términos de condiciones de modo y lugar que pueden ser distintas para cada paciente.

La inteligencia artificial no reemplaza la diligencia, la prudencia, la valoración ética y la autonomía del ejercicio médico que seguirán siendo necesarios, afirma el académico Redondo.

Al término del foro, el Presidente de la Academia Nacional de Medicina, doctor Gabriel Carrasquilla, afirmó que tres áreas misionales como son la práctica médica, la investigación y la relación médico -paciente no pueden ser reemplazadas por la inteligencia artificial.

Recordó además el llamado de varios de los conferencistas sobre el pensamiento crítico, al término que muchos decanos han insistido particularmente en la importancia de formar personas, más que médicos y en los procesos de selección en las universidades se está anteponiendo el ser personas, antes que las capacidades que se tengan. “Por esta razón no se puede pensar en una reforma a la salud, que no tenga en cuenta la formación del talento humano en salud. Una discusión de la reforma en salud, sin una discusión sobre la formación del talento humano no tiene sentido”.

Teniendo en cuenta estos nuevos desarrollos, el presidente de la Academia afirmó la importancia de revisar y actualizar con los aportes realizados en el foro sobre IA, la Ley 23 sobre ética médica y el artículo 17 de la Ley Estatutaria sobre autonomía médica.

Nota. Grupo Comunicaciones. Academia Nacional de Medicina.

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