El academico y ortopedista Pablo Rosselli Cock* escribio sobre un destacado exponente de la Revolucion Francesa, Jean Paul Marat, medico y escritor revolucionario. Dijo Marat: “Yo soy la rabia, la rabia justa del pueblo, por eso me escuchan y creen en mí”

Los médicos han dejado una huella en la literatura universal a través de sus escritos en diferentes géneros y en diversos momentos de la historia. Uno de ellos fue Jean Paul Marat (1743-1793) quien además fue político, escritor, y jugó un papel determinante en la revolución francesa. Sus ideas de extrema izquierda las expresaba en el periódico “El amigo del pueblo” (L’Ami du Peuple) en donde, inspirado por los principios de la ilustración, denunciaba a los enemigos del nuevo estado. Una de las consignas de su pluma incendiaria era: “las revoluciones empiezan por la palabra y terminan con la espada”. Sus acusaciones en medio de una sociedad hambrienta y descontenta por la inequidad social de Francia a finales del siglo XVIII llevaron a la guillotina a Luis XVI, María Antonieta de Austria y muchos otros1.

Marat fue el segundo hijo de una familia de siete. Nació en Boudry, una pequeña localidad del principado de Neuchatel en la antigua confederación suiza. Fue allí en donde hizo sus primeros años de escuela para luego trasladarse a Burdeos en donde inició estudios de medicina para finalmente graduarse en la Universidad de St. Andrews en Edimburgo. Ejerció la profesión en Londres y luego en París en donde, gracias a un buen juicio clínico, adquirió reputación en la aristocracia y la corte francesa. Tuvo ingresos suficientes que le permitieron montar un laboratorio de investigación en donde experimentó con dos de sus pasiones: la óptica y la electricidad1,2.

Su primera publicación, Ensayo filosófico sobre el hombre (1773), trataba sobre cómo la fisiología podía solucionar los problemas de conexión entre el cuerpo y el alma. Fue tal su impacto en el mundo científico, que llamó la atención de Voltaire, Benjamin Franklin y el mismísimo Goethe. Marat mostró su irreverencia al poner en duda los principios de Isaac Newton (1646-1727) y su temperamento beligerante le valió la animadversión de sus colegas. A pesar de obtener el premio de la Academia de Rouen por su tesis sobre La electricidad médica (1783), no fue suficiente para ser aceptado como miembro de la Academie des Science lo que creó en Marat un sentimiento obsesivo de persecución en su contra1,2,3.

Si bien hizo algunas publicaciones médicas sobre blenorragia y afecciones oftalmológicas, su fuerte era la denuncia social. En Las cadenas de la esclavitud, ensayo que escribió mientras ejercía como médico en Londres, instaba a los distritos electorales a rechazar a los amigos del rey como candidatos al parlamento. Poco antes de la toma de La bastilla en 1789 publicó el último escrito científico titulado “Memorias académicos o nuevos descubrimientos sobre la luz”. En adelante abandonaría la medicina y se dedicaría de lleno al periodismo crítico y a la política1,2,3.

En la medida en que fue aumentando su popularidad como periodista, se convirtió en líder de los jacobinos- un movimiento político antimonárquico que reñía con los girondinos- también de izquierda, pero más moderados. Dirigió fuertes ataques contra el ministro Jacques Necker, el marqués de Lafayette y el rey Luis XVI que intentó huir de Paris, pues ya había sido obligado a abandonar Versalles. Las agudas criticas de Marat lo llevaron a la cárcel y luego al exilio temporal en Londres1,2,3,4.

En 1792 Marat fue elegido miembro de la convención de la comuna de París y participó en las “matanzas de septiembre” en las que el pueblo armado asesinó a cientos de prisioneros políticos, militares, nobles y partidarios de la monarquía. No contento con su odio a la dinastía Borbónica, estableció los comités de vigilancia cuyo principal fin era borrar del mapa a los contrarrevolucionarios y arremetió contra los líderes más moderados de la revolución cuando escribió: “Quinientas o seiscientas cabezas cortadas habrían asegurado tu descanso, libertad y felicidad. Una humanidad falsa ha sostenido tus brazos y ha suspendido tus soplos, debido a esto millones de tus hermanos perderán la vida”. Una de sus víctimas fue Antoine Lavoiser, fundador de la química moderna, uno de sus contradictores en la época en la que ejerció la medicina y que además le negó la membresía a la Academia de ciencias. La absurda sentencia de muerte en la guillotina considerada por algunos como una“venganza académica“ dictada por el Tribunal y respaldada por Marat decía así:”La república no tiene espacio para los sabios”1,2,3,4.

Algunos biógrafos coinciden en que su odio visceral hacia la monarquía y su espíritu violento obedecían a una enfermedad crónica que lo atormentaba. Al parecer, Marat padecía de una dermatitis seborreica que adquirió mientras se escondía de sus enemigos en las insalubres catacumbas parisinas, una red de túneles subterráneos convertidos en cementerio común a finales del siglo XVIII. Tenía un prurito intratable que lo atormentaba hasta el insomnio y que intentaba mitigar con baños medicinales4,5,6.

El 13 de Julio de 1793 el odio que emanaba de sus palabras en el nuevo Diario de la república francesa (Journal de la Republique Française) que remplazó a “El amigo del pueblo” se volvió en su contra. Fue asesinado por Charlotte Corday, una joven girondina que lo visitó con el pretexto de suministrarle una lista de enemigos de la revolución. Marat -que tenía la costumbre de atender a cuanta persona lo visitara- se encontraba en su bañera anotando los nombres de las personas que deberían ser guillotinadas cuando recibió una puñalada certera en el pecho que lo dejó exangüe. Corday pretendía con su crimen finiquitar el régimen de sangre impuesto por Marat, pero logró el efecto contrario: lo convirtió en mártir de la revolución y el régimen del terror se intensificó. La girondina aceptó su culpabilidad en el homicidio por lo que su cabeza, como muchas otras, terminó en un cesto en la Plaza de la revolución1,2,3.

La muerte de Marat hizo que la causa revolucionaria se fortaleciera más que con sus escritos. Su figura se santificó y su busto remplazó los crucifijos en las antiguas iglesias de París. La República recién formada lo elogió con el siguiente texto: «Como Jesús, Marat amó ardientemente al pueblo y nada más que a él. Como Jesús, Marat odió a los reyes, los nobles, los sacerdotes, los ricos, a los mediocres, y, como Jesús, no dejó de combatir estas pestes de la sociedad»3.

El crimen de Marat fue registrado de manera magistral por el pintor de la revolución Jacques Louis David (1748-1825), íntimo amigo del difunto. La obra se hizo en un tiempo récord de tres meses por encargo de Maximilien Robespierre con fines propagandísticos favorables a la causa jacobina. En el cuadro de David llamado La muerte de Marat, el cadáver yace con un brazo colgante al borde de la bañera emulando al Cristo en la piedad de Miguel Ángel. En el piso, debajo de su mano se ve un papel con la lista entregada por su victimaria y al lado el puñal homicida. La palidez del cadáver contrasta con el fondo oscuro e inexpresivo del cuadro y representa la austeridad de los ideales revolucionarios. Abajo, en el escritorio de madera en que Marat escribía, dice “año dos” para indicar el segundo año de la revolución de acuerdo con el nuevo calendario impuesto.   El cuerpo de Marat reposa sobre una tela cuyos pliegues recuerdan a la mortaja de Cristo en las pinturas de la época. David logró con su pintura engrandecer su imagen y hacer de este hombre un símbolo revolucionario póstumo que incrementó el ya existente régimen del terror1,2,3,4.

Al revisar su trayectoria surge la siguiente pregunta: ¿por qué un médico con formación académica y científica termina abonando con su pluma el odio, el terror y la muerte? Quizás su destino hubiese sido otro de no haber recibido el rechazo de los académicos en sus inicios como médico y científico1,2. Además, la enfermedad pruriginosa crónica que lo afectó en los últimos cinco años de su vida podría explicar su conducta pendenciera4,7. Como dato curioso, otros personajes revolucionarios también padecían enfermedades cutáneas: Karl Marx (1818-1883) tuvo una incapacitante hidradenitis supurativa y Joseph Stalin (1879-1953) una psoriasis4,7.

En últimas, las acciones del hombre son producto de sus genes y las circunstancias que lo rodean: Jean Paul Marat fue un héroe para los desposeídos y un cruel extremista para los aristócratas y dueños del poder. Con sus escritos, para bien o para mal, cambió el destino de un país, de un continente y del mundo.

” La muerte de Marat. Jacques Luis David (1793) Museos reales de bellas artes de Bélgica, Bruselas (Ver figura).

Referencias

  1. Cerda J. Jean Paul Marat. Médico, científico y revolucionario. Rev Med Chile 2010; 138: 124-127
  2. Buroni JR. El verdadero Jean Paul Marat. La otra cara de la verdad. Revista de la Asociación médica argentina. Vol 121, Número 2 de 2008
  3. Rivacoba M. Marat o el pensamiento revolucionario en derecho penal..Estudio preliminar a una nueva edición del plan de legislación criminal de Jean Paul Marat. www.manuel-de rivacoba.blogspot.com
  4. Casado Jiménez L. Cuando una dermatosis modifica el curso de la historia. Más dermatol 2010. 12: 2-3
  5. Lipman JH, Lipman E. Doctor Marat and his skin. Med Hist 1958; 2: 281-.
  6. Shuster S. The nature and consequence of Karl Marx’s skin disease. Br J Dermatol 2008; 158: 1-3
  7. Jemec GBE. The revolutionary consequences of skin disease. Br J Dermatol 2008; 158: 1371-401

*Médico Ortopedista Infantil Fundación Cardio Infantil y Asociación médica de los Andes. Ortopedista infantil adscrito Fundación Santa Fe.  Profesor Ortopedia infantil U. del Rosario y Unisanitas. Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina. Bogotá, Colombia.

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.