Por: Remberto Burgos de la Espriella

La tercera ola nos tiene inundado. Colombia completa casi 3 millones de contagios y cerca de 70 mil muertos. El equivalente a Barranquilla y sus municipios aledaños contagiados y Corozal desaparecido del mapa. Llevamos una semana con números de infectados promedio día superior a 17 mil y cifra de muertos por encima de 400. Estas aterradoras cifras son apocalípticas: los cementerios como el sistema de salud colapsaran. ¡Dolor de patria en este infierno de Dante!

El personal sanitario esta extenuado. Los recursos físicos no alcanzan y la capacidad hospitalaria al igual que la disponibilidad de camas de uci son superadas por la demanda. Uno de cada 5 enfermos requerirá oxígeno y tres de estos, con la modalidad severa, necesitaran para sobrevivir ese soporte. Antioquia se parece a la India por la escasez de este vital insumo. Hay que considerar este elemento como el agua: ojalá no se lo roben. La pandemia, es una tormenta impulsada por los vientos de la falta de adherencia a los protocolos sanitarios y la indisciplina social. Lo ciudadanos bailan como suicidas latentes alrededor de la hoguera y quieren tentar la ruleta inmunológica. Las fiestas clandestinas y las convocatorias que patean el aforo son una muestra de esta danza macabra que los quemará. No solo a los pacientes sino también a los médicos.

Queremos desplazar la responsabilidad individual y a alguien hay que echarle la culpa: el que paga los platos rotos. Que mejor que el Gobierno en turno. Se le atribuye la demora en las vacunas: “el SARS-CoV-2 salta como un conejo y las vacunas como hicotea” son algunas expresiones que pretenden diluir el compromiso personal no cumplido. Llevamos cerca de 4.5 millones de dosis aplicada y 8,3 dosis por cada 100 habitantes. Falta mucho, no hay duda.

Antes esta situación de salud, avalancha de pacientes y escasez de recursos, no queda otro camino: elegir a los ingresarían a la potencial lista de medidas terapéuticas. Debemos familiarizarnos con el termino TRIAJE. Derivado del francés, es la selección y clasificación de los pacientes según su estado de salud. Debe ser un sistema estructurado, universal que permita clasificar al paciente cuando llega a Urgencias y establecer la prioridad con la cual debe ser atendido. Orientado se inicia de inmediato el plan terapéutico y se fundamenta en gravedad, necesidad y recursos disponibles.

El TRIAJE tiene cinco niveles de gravedad. Donde I es el peor y V da tiempo. O utilizar colores que indica la urgencia inminente de solución. Negro: posibilidades de recuperación nula y rojo: el acto médico debe ser inmediato. El triaje lo realizan, los enfermeros al llegar las pacientes urgencias e identifican y seleccionan a aquellos pacientes con riesgo de muerte o discapacidad severa si la atención se demora. Interesante su historia y concepción.

El triaje es hijo de la guerra, la desolación y la desgracia. Nació en la urgencia de la tragedia, como muchas cosas buenas en medicina y era acudir a las medidas simples para mitigar los efectos del conflicto. Los romanos y el uso del torniquete para controlar la hemorragia, la asepsia y el agua potable concebido por Nightingale para disminuir la infección de las heridas del combate y el simple portátil de Madame Curie para apoyar diagnósticos.

Dominique Jean Larrey, jefe de los servicios sanitarios de los ejércitos de Napoleón notó que los heridos en combate no tenían preferencia de atención por la gravedad de su dolencia. Marcaba el turno la posición económica y social. Lo conmovió ver que muchos de ellos no alcanzaban a llegar a los sitios de atención y fallecían. Cambió el paradigma de la atención y estableció este derecho: la vida por encima de la riqueza o de los títulos. Se ideó el triaje. Y no solamente esto sino las ambulancias donde adaptó los caballos de tiro para la ágil movilización del soldado lastimado en campo de batalla. La consanguinidad de la guerra. Años más tarde para aumentar la efectividad de la atención se incorpora a la prioridad el concepto de las posibilidades de sobrevivir.

La pregunta en el momento, cuando la tercera ola está en el curubito: ¿cómo podemos salvar el mayor número de vidas? No será posible cuando la convocatoria irreflexiva, imprudente e insensata pisoteará los protocolos sanitarios y el distanciamiento físico. ¡Somos únicos hasta para llamar a un paro!

Antes de juzgar a los responsables hago un llamado a la cordura y calma. La vida por encima de cualquier incitación. El personal sanitario no aguanta más.

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El doctor Remberto Burgos de la Espriella ha sido Presidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía, Presidente Honorario de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía y Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia.

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.