Por Luis María Murillo Sarmiento MD. 

Entre el relato cotidiano y la avidez por los detalles y hechos precisos, propios de quienes llevamos la pasión de Heródoto en las venas, hay un mar de curiosidad y desazón, que no se aquieta sin la colocación precisa de las piezas. 

La fundación de la “muy noble, muy leal y ciudad más antigua del Nuevo Reino¹” -, la Bogotá que palpita en nuestros corazones, puede ser la sencilla historia de un seis de agosto, de doce chozas y tres conquistadores, que a todo bogotano le enseñan en la escuela. Pero puede ser, también, una historia más profusa, con versiones y detalles vagos o imprecisos, en la que debo acudir a conjeturas tras analizar hechos que pareciendo los mismos no coinciden. 

El acta de fundación nadie la encuentra, los archivos del cabildo ya no existen, hasta lo que quedaba en el Archivo Municipal se lo llevó el incendio que consumió las Galerías de Arrubla en 1900². Además se perdió cuanto escribió Jiménez de Quesada. Seguramente en su “Relación de la conquistas del Nuevo Reino de Granada” y en su “Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino” estaban los detalles que me hacen falta para hacerme a una historia irrebatible.

En ausencia de documentos oficiales y de una fuente directa de los hechos toca conocerlos a través de los cronistas. No fueron de la fundación testigos presenciales, pero recogieron una tradición reciente en su momento.  Se heredaron unos a otros las noticias y si lo que afirman no es auténtico ya la historia lo tiene como cierto. 

Han sido los más estimados, y fuente de mis indagaciones, Fray Antonio Medrano (-1572), Juan de Castellanos (1522-1607), Fray Pedro de Aguado (1538-1609),  Juan Rodríguez Freyle (1566-1642), Fray Pedro Simón (1574-1628) y Lucas Fernández de Piedrahita (1624-1688).

En relación con nuestra historia vale la pena tomar en cuenta ciertas consideraciones que demuestran que aquellos solamente pudieron conocer los acontecimientos por terceros: Para la fundación de Santafé, Castellanos era un adolescente que aún no llegaba a las tierras descubiertas por Jiménez de Quesada, Pedro de Aguado era de brazos, Rodríguez Freyle, Pedro Simón y Fernández de Piedrahita aún no habían nacido. En cuanto a Antonio Medrano buena parte de su vida de es un misterio, fecha y lugar de nacimiento, por ejemplo, son desconocidos. Sin embargo, antecedió a los demás cronistas en el Nuevo Reino de Granada, participó en las conquistas y acompañó a Jiménez de Quesada. Probablemente conoció de boca del fundador la verdadera historia. 

El Archivo General de Indias³ no aporta más que lo que afirman los cronistas. El historiador Juan Friede, ucraniano del siglo XX, nacionalizado en Colombia, en “Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá” aborda los misterios de la fundación tras detallado análisis de los documentos relacionados encontrados en el archivo mencionado.

La realidad, más que la verdad, suele ser una tradición que damos por sentada. Cuando es difícil soportarla en pruebas fehacientes, recurrimos a los testimonios, y en muchos casos, como en este de la fundación de Bogotá, el testimonio es el mismo, pero salta de autor en autor, de texto en texto y de siglo en siglo, irremediablemente.

Vemos por ejemplo que José Manuel Groot (1800-1878) en su “Historia y cuadros de costumbres” retoma a Lucas Fernández de Piedrahita, y este se vale de Juan Castellanos, del “Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino” de Jiménez de Quesada, y de los escritos de Pedro de Aguado y Antonio Medrano para escribir la “Historia general de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada⁴”. 

Aguado retomó la historia escrita por Medrano cuya publicación truncó su muerte. La completó y perfeccionó, dice Pedro Simón. Nació así su “Recopilación Historial”, obra cuya autoría, en cabeza de Aguado, debe razonable y justamente atribuirse a los dos religiosos y cronistas. 

Rodríguez Freyle cuenta la historia de la fundación en “El Carnero”, obra que de por sí tuvo por título original el de “Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del mar Océano y fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza, se hizo arzobispado⁵”. 

Prosiguiendo en esta sucesión de trascripciones, los textos de Aguado fueron fuente para los de Fray Pedro Simón, quien particularmente reprodujo los de Juan de Castellanos, a quien le cabe el título de cronista más copiado. En una época en la que probablemente poco se hablaba de copias y de plagios, la obra de Castellanos, “Elegías de varones ilustres de Indias⁶”, escrita en verso, es ingeniosa y única. Dan fe de ello sus más de cien mil endecasílabos. 

Fray Pedro de Aguado, tomado por el más antiguo de los cronistas del Nuevo Reino -sospecho que puede ser Medrano-, era como Medrano religioso franciscano, llegó a finales de 1561 al Nuevo Mundo -23 años después de fundada Bogotá- y en agosto de 1573 era provincial del convento de San Francisco en Santafé.  De Juan de Castellanos  se sabe que pasó por Santafé en 1551 y en 1560, y que murió en Tunja en 1607, parroquia a la que sirvió durante 45 años. Fray Pedro Simón llegó al Nuevo Reino en 1604. Los otros dos cronistas son neogranadinos, nacieron en Santafé de Bogotá 28 y 86 años, respectivamente, después de fundada: Juan Rodríguez Freyle en 1566 y el obispo Fernández de Piedrahita en 1624. 

Y volviendo a la fundación de Bogotá, ¿en dónde comienza la ciudad, entonces? ¿En el Chorro de Quevedo? ¿En la Plaza de las Yerbas? ¿En la Plaza Mayor, hoy de Bolívar? 

Ordenando los hechos y haciendo la correlación debida creo que la sucesión es como sigue: 

Llega el fundador al primer pueblo muisca el 12 de marzo de 1537. Es Bacatá, el mayor de los dominios de los muiscas. En sus feudos está Chía, pueblo en el que pasa esa Semana Santa. Marcha a Suba, en donde permanece quince días. Desde sus cerros, con su vista, domina la Sabana. El valle del cacique Bogotá, que es el que observa, lo inspira a darle el nombre de otro grabado en sus recuerdos. Valle de los Alcázares, lo nombra.  Muchos sucesos acontecen. Hay expediciones, enfrentamientos, ambiciones, titubeos hasta la pacificación del territorio⁷. Tras ello, en búsqueda de un nuevo sitio para asentar la tropa, Pedro Fernández de Valenzuela, enviado por Jiménez, encuentra el lugar en Thybzaquillo (Teusaquillo), sitio de recreo y mirador del zipa. Allí se instalan. El sitio será luego la plaza del Chorro de Quevedo⁸ -o sus inmediaciones-, hoy oriente la de carrera segunda y norte de la calle trece. Es apenas el asentamiento militar, la instalación de un campamento. Un nombre le da al futuro pueblo: lo llama Nuestra Señora de la Esperanza; Santa María de la Esperanza, afirmarán algunos. Pero Bogotá aún no se  ha fundado. Así que descartemos como lugar fundacional el Chorro de Quevedo.   

Gonzalo Jiménez de Quesada ha de marchar a España a dar cuenta de su descubrimiento, pero considera que antes debe dejar “asentada y poblada alguna ranchería á modo de pueblo, en donde quedasen avecindados los españoles que dejaba” -escribe Fray Pedro Simón en “Noticias Historiales”-, para que las tierras del cacique Bogotá las dejasen libres a los indios. Ordenó explorar el territorio y encontrar el mejor sitio para asentar las casas. Lo escogieron en esa aldea llamada Teusaquillo. Jiménez en presencia de indios, capitanes y soldados se apeó del caballo y dijo –según Simón-: “que tomaba posesión de aquel sitio y tierra en nombre del invictísimo Emperador Carlos Quinto para fundar allí una ciudad en su mismo nombre […] desnudó la espada diciendo: que saliese si había alguien que lo contradijese á aquella fundación. […] No habiendo quien saliese á la defensa, envainó la espada y mando al escribano del ejército hiciese instrumento público que diese testimonio de aquello con testigos⁹”. 

El sitio corresponde a lo luego se conocerá como Plaza de las Yerbas, y siglos después como Parque de Santander.

En los días siguientes se erige una ermita y doce casas de paja en recuerdo de los doce apóstoles, dice Pedro Simón, aunque Juan de Castellanos afirma que las doce tribus de Israel las inspiraron. El Día de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 1538, se funda la ciudad, si bien alguna posibilidad dejan los historiadores de que haya sido en 1537, dado que las crónicas señalan que fue cinco meses después del arribo de Jiménez de Quesada a territorio muisca -¿por qué no pensar entonces que su llegada se produjo en marzo de 1538?-. Lo que no deja duda es que el fraile dominico, Domingo de las Casas, probablemente primo o hermano de fray Bartolomé, el “Protector de Indios”, dijo la primera misa y que la ciudad recibió su nuevo nombre: Santafé. 

La ermita de paja, primera iglesia de la ciudad, fue reedificada y tomó el nombre de capilla del Humilladero. En 1877 la demolieron. La que hoy vemos en la Plaza del Chorro de Quevedo, apenas la recuerda, no es la misma, como algunos piensan, ni es contemporánea, ni ocupa el mismo sitio. Se llama San Miguel del Príncipe y escasamente en 1969 la erigieron. 

Seis meses después de aquel histórico día de la Transfiguración, en febrero de 1539, el arribo de dos conquistadores, uno del sur, español y victorioso, Sebastián de Belalcázar, fundador de Guayaquil, Quito, Cali y Popayán; y otro de oriente, alemán y maltrecho, Nicolás de Federmán, inquietan a Jiménez de Quesada. El encuentro es amistoso. Sin ánimo bélico zanja Jiménez toda diferencia con los recién llegados. Les ofrece castellanos de oro y otros privilegios, y acuerda con ellos que la Corona decida quién debe gobernar lo conquistado. 

Seducido por la reflexión de Belalcázar, de los tres, el que más pueblos ha erigido, don Gonzalo se hace a la idea de también él fundar ciudades, y toma por tarea la una segunda fundación de Santafé, pero con la formalidad jurídica. La del 6 de agosto había pasado por alto los requisitos exigidos por las autoridades españolas, como demarcación de cuadras y de calles, repartición de solares y designación de autoridades. Jiménez en esta oportunidad señala calles, plazas y solares, ubica la iglesia, y designa alcaldes, regidores y alguacil mayor¹⁰. Y lleva a cabo el 27 de abril de 1539¹¹ la fundación jurídica, en terrenos de lo que será la Plaza Mayor, hoy de Bolívar. Asisten a ella los tres conquistadores. Se mantiene el nombre: Santafé, en homenaje a la Santafé de Granada, de la que Jiménez fue vecino¹². Y Nuevo Reino de Granada llama a la tierra conquistada. Santafé de Bogotá por largo fue abreviado en cinco letras, “Stafe”, en muchos documentos coloniales. 

En julio de 1539 los tres conquistadores, en Cartagena, se embarcaron para España.

Entre las dos plazas fundacionales, hoy el Parque de Santander y la Plaza de Bolívar, se desarrolló la ciudad en los años postreros de la Conquista y los siguientes de la Colonia. 

El emperador Carlos V reconoció, mediante cédula real, el 27 de julio de 1540, a Santafé como ciudad, y ocho años después le otorgó el título de “muy noble, muy leal y ciudad más antigua del Nuevo Reino”, y le confirió un escudo con un águila negra “coronada de oro que en cada mano tenga una granada colorada y por orla unos ramos con granadas de oro en campo azul, según va pintado e figurado” 

Al regocijarnos, en esta efeméride, con esta ciudad que a la vez que nos da dicha, nos angustia y nos desvela, retomemos los versos de Juan de Castellanos, para con ellos cantarle a la Sabana: 

¡Tierra buena, tierra buena!
¡Tierra que pone fin a nuestra pena!
Tierra de oro, tierra bastecida,
Tierra para hacer perpetua casa,
Tierra con abundancia de comida,
Tierra de grandes pueblos, tierra rasa,
Tierra donde se ve tierra vestida,
Y a sus tiempos no sabe mal la brasa:
Tierra de bendición, clara y serena,
¡Tierra que pone fin a nuestra pena!


* Investigación bibliográfica sobre la fundación de Bogotá, contenida en. Murillo-Sarmiento LM.Reflexión y Critica. 1a ed. Bogotá: Editorial Ave Viajera; 2016. p. 498-506.

 

¹. Título dado a la Santafé de Bogotá por rey Carlos I de España y emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico.
². Edificio que albergaba un centro comercial y la sede municipal de Bogotá. Hoy su sitio lo ocupa el Palacio Liévano. 
³. El Archivo General de Indias de Sevilla creado en 1785, centraliza los documentos relacionados con la administración de las colonias españolas.
⁴. En los capítulos segundo y cuarto del sexto libro se refiere a la fundación de Bogotá.
⁵. El cronista mezcla, a mi parecer, sucesos de las dos fundaciones y da por fundada la ciudad el 6 de agosto de 1539. Puede ser un error de trascripción. La que se tiene por fundada en esa fecha es la ciudad de Tunja, y Rodríguez Freyle la ubica un año después, el 6 de agosto de 1540.
⁶. La obra, que nació después de 1568, se refiere a la fundación de Bogotá en su cuarta parte: “Historia del Nuevo Reino de Granada”. 
⁷. En los capítulos sexto y séptimo del libro tercero de la primera parte de la “Recopilación historial” de Fray Pedro de Aguado el itinerario se narra con detalle. 
⁸. Llamada así desde 1832 cuando el padre Quevedo adquirió el terreno e instaló la fuente.
⁹. Capítulo XXXVI de la “Segunda noticia historial” en la segunda parte de “Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales” de fray Pedro Simón.
¹⁰. Capítulo VII de la “Tercera noticia historial” en la segunda parte de “Noticias historiales de las conquistas de Tierra firme en las Indias Occidentales” de fray Pedro Simón.
¹¹. El mes lo consigan varias crónicas, pero del día -27- solo da fe el capitán Honorato Vicente Bernal, testigo directo y acompañante de Nicolás de Federmán, según señala Juan Friede en el capítulo VII de “Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá”
¹² . En Santafé de Granada vivió, más no hay pruebas concluyentes de que allí haya nacido.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Friede Juan. Misterios alrededor de la primera fundación de Santafé. Archivo General de Indias, Biblioteca Virtual Banco de la República
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Fundación de Bogotá, Biblioteca Virtual Banco de la República http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/hiscua/hiscua13.htm
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http://www.udistrital.edu.co/universidad/colombia/bogota/historia/
Fundación de Santa Fe de Bogotá, Colombia aprende
http://www.colombiaaprende.edu.co/html/home/1592/article-130134.html
Historia de Bogotá
http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Bogot%C3%A1
Jiménez de la Espada, Marcos. Juan de Castellanos y su historia del nuevo Reino de Granada
https://archive.org/stream/juandecastellan01espagoog#page/n11/mode/2up
Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias
http://books.google.es/books?id=vnEGAAAAQAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
Juan Rodríguez Freyle. Biblioteca Virtual Banco de la República
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León Soler, Natalia. Bogotá: De paso por la capital. Biblioteca Virtual Banco de la República http://www.banrepcultural.org/node/73265
Medrano, Aguado y su época. Biblioteca Virtual Banco de la República http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/rehis1/rehis4.htm
Pardo, Isaac. Juan de Castellanos
https://archive.org/details/juandecastellano00pard
Pedro de Aguado
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_de_Aguado
Rodríguez Freyle, Juan. Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del mar Océano y fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo arzobispado
https://archive.org/stream/conquistaidescu00freygoog#page/n6/mode/2up
Rodríguez Freyle, Juan. El Carnero
http://www.biblioteca.org.ar/libros/211557.pdf

 

A MI CIUDAD DE HISTORIA Y DE LEYENDA
(A Bogotá en sus 483 años)

Luis María Murillo Sarmiento MD.

Doce chozas y tres conquistadores,
en la memoria de mi tierna infancia
encendieron la devoción por la ciudad
del blasón del águila negra, el oro y la granada.

En mis noveles caminos, de pasos imprecisos,
el suelo de Gonzalo pasó bajo mi planta,
impresionó mi vista la luna de los muiscas,
y sus cielos grises trazaron mi nostalgia.

Fueron las calles tendidas
al pie de la montaña albergue de mi huella,
afines a mis pasos.
La Bogotá histórica fue la de mi infancia,
la de mi mocedad,
la del Agustiniano…
allá en la Candelaria.

Callejones coloniales, en ires y venires,
fueron como mi palma.
Familiares, la Plaza Mayor de la Colonia,
convertida en plaza de Bolívar,
la Plaza de las Yerbas, la de la fundación
-de Santander por su nombre renovado-,
el Chorro de Quevedo en que asentó Quesada,
la iglesia de Las Aguas,
la de San Miguel del Príncipe a imagen
de la más antigua iglesia bogotana:
la ermita del Humilladero.

Indios, conquistadores, realistas y patriotas:
sucesión de dominios, cruzan ante mis ojos.
En procesión los tiempos regresan del pasado,
la historia los redime del olvido
y de nuevo caminan a mi lado.

A cada paso se vuelve de mi entraña
la memoria en adobe modelada:
el colegio mayor de Fray Cristóbal,
la casa de Pombo y la de Silva;
San Francisco, La Veracruz y La Tercera;
La Catedral, el Capitolio,
el observatorio de Mutis y de Caldas,
el Camarín del Carmen, el Teatro Colón,
la Casa de la Moneda;
el Palacio de la Carrera
-en predios en que nació Nariño-,
el palacio de la “noche septembrina”…

Y unos miradores en los cerros,
Guadalupe, La Peña y Monserrate,
centinelas de historia milenaria.

La Bogotá de ahora, la Bogotá moderna
es un canto al futuro que todo nos prodiga,
pero en mi pecho late la rancia,
aquella añeja,
española y mestiza,
que de niño se metió en mis venas.

_________________

El Dr. Luis María Murillo Sarmiento es Médico ginecoobstetra, escritor, poeta, con inclinación por la bioética y la historia. Miembro Correspondientes de la Academia Nacional de Medicina

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

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