La academica Liliana Arias, vicerrectora academica de la Universidad del Valle en Cali, envio la siguiente nota:

Hoy hace 60 años, el 11 de mayo de 1960, la humanidad dio un paso gigante. Este avance científico dividió la historia en un antes y un después: Se aprobó la venta de ENOVID, el primer anticonceptivo oral de la historia. Esa pequeña PILDORA cambió para siempre la forma de percibir la vida. Generó un cisma cultural. Este hecho fue el pincelazo final para impulsar la emancipación femenina, que se afirmó y cobró fuerza durante los sesentas y setentas. La mujer ya no sería vista únicamente como un ser con capacidad reproductiva, sino que se abrieron nuevas perspectivas en su sexualidad, su vida personal, laboral y profesional. Ellas, después de décadas de represión tienen desde entonces y con el aval de la ciencia, no solo la posibilidad de regular su fertilidad, sino que lo por tanto tiempo la sociedad había negado a las mujeres ahora será una verdad: pueden expresarse como seres sexuados.

Tristemente aun hoy los mitos, la ignorancia y la ideología impregnan la decisión de muchas para el uso de los anticonceptivos Es cierto, la píldora anticonceptiva sin duda ha sido uno de los grandes inventos y aportes de la medicina, no sólo a la salud de la humanidad sino a la independencia y autonomía de la mujer.

Sobre la historia de la anticoncepcion hormonal, el Académico Alfredo Jacome Roca expresa lo siguiente en su libro “HISTORIA DE LAS HORMONAS” (pags.121-123):

En 1929 Hermann Knaus y Kwasako Ogino establecieron el cálculo de los días fértiles del ciclo menstrual femenino. En la década de los cincuenta se iniciaron también los estudios de la inhibición hormonal de la ovulación en grandes grupos de población. La reproducción había jugado un papel fundamental en poblar la tierra, particularmente cuando tantas vidas se perdían por pestes, guerras y tragedias naturales. Pero la creciente urbanización y la sociedad post-industrial se asociaron con hacinamiento, desnutrición y retraso social en los segmentos más vulnerables de la población; en el inicio del siglo XIX se empezó a generar conciencia sobre la superoblación, en particular por ensayos como los de Malthus y Edmonds. Planificar la familia, costumbre que se había intentado tímidamente con métodos artesanales, de barrera, o naturales, encontró una respuesta farmacéutica (los anticonceptivos orales) que por lo efectivos y tolerados pronto se popularizó.

En esta historia participaron personajes como Sanger, McCormick, Marker, Pincus, Djerassi y Rock. La enfermera Margaret Sanger era una activista de causas radicales, Catherine McCormick, la heredera de una gran fortuna; un judío, Gregory Pincus era el fundador de la Fundación Worcester de Biología Experimental y un científico interesado en la fisiología sexual de los conejos, y había podido fertilizar In Vitro óvulos de conejo. Los medios de comunicación fueron hostiles con lo que llamaron “concepciones inmaculadas”: el New York Times lo compararía luego con el siniestro profesor Bokanovskyc –personaje de Aldous Huxley en su novela El Valiente Nuevo Mundo, que sacaba seres humanos de frascos; la revista Collier´s publicó un artículo titulado “sin padre que los guíe”, de corte antifeminista y antisemita, que destacaba como la virilidad del americano estaba en peligro debido a la disminución de la tasa de natalidad asociada a la Gran Depresión. Pincus había sido profesor en Harvard, pero tuvo que salir y no volvió a conseguir un nombramiento académico en virtud de sus enemigos. Una vez ubicado –gracias al apoyo de filántropos- en Historia de las Hormonas Alfredo Jácome Roca 78 Worcester, consiguió apoyo económico entre otros de GD Searle, farmacéutica de Chicago que le encargó el desarrollo de un proceso para la producción comercial de cortisona. Sanger y McCormick le pidieron a Pincus que desarrollara un anticonceptivo fisiológico, que este consideró era la progesterona, una hormona que prevenía el embarazo. La consecución de los progestàgenos fueron los aportes de Marker y Djerassi.

Si en el tercer milenio aún se polemiza por el uso de la anticoncepción con métodos artificiales, hay que imaginar lo que sería en aquellas décadas del siglo pasado. Pincus se asoció luego con el ginecólogo John Rock, quien usaba la progesterona para bloquear la ovulación, y luego por medio de un fenómeno de rebote, lograr de esta manera la fertilidad de las mujeres; en realidad Rock había demostrado que la progesterona podía prevenir los embarazos.

Los anticonceptivos orales (que tienen además reconocidas ventajas no contraceptivas y otros usos médicos) salieron al mercado entonces, gracias a las investigaciones de Rock, Pincus y Celso Ramón García con la píldora Enovid, que contenía 10 mg de noretinodrel como progestàgeno y 150 mcg de mestranol como estrógeno. El amplio uso de la píldora se fue asociando con dosis cada vez mas bajas, que disminuyeron sensiblemente los riesgos trombo-embòlicos y los efectos indeseables del tipo náuseas y otros.

En las sociedades industriales este tipo de contracepción hormonal fue de la mano con los nuevos derechos de la mujer al estudio y al trabajo y a su progreso personal como individuo social, sin impedirle su natural instinto a ser madre. En los países pobres por otro lado, tiende a predominar una cultura machista que asocia virilidad con fecundidad y regulación de los embarazos con infidelidad femenina, de alguna manera utilizando el aborto -con sistemas antihigiénicos por lo demás- para controlar la frecuente ocurrencia de embarazos indeseados. Este es uno de los muchos desarrollos tecnológicos actuales y futuros que han generado amplios debates ético-religiosos y legales que en las centurias pasadas nunca fueron fuente
de controversia.

Russell Marker, un químico orgánico excéntrico, resolvió el problema del abastecimiento de progesterona al observar que este esteroide podía sintetizarse de las plantas, y después de ensayar en las de todo el mundo encontró que la respuesta estaba en la raíz de la Dioscorea o cabeza negra, una especie de papa de sabor dulce. No obtuvo respaldo financiero para la fabricación a gran escala de la progesterona, por lo que renunció a su cargo de profesor en Pennsylvania y se mudó a Ciudad de Méjico, aprendiendo el manejo que hacía la gente local de la patata del barbasco; entonces, en un galpón de alfarería estableció un laboratorio, habiendo manufacturado en dos meses más progesterona (a partir de esteroides de sapogeninas de estas plantas, cuya efectividad había sido ya mencionada por científicos japoneses) de la que había visto anteriormente.

Syntex fue el nombre de la empresa que Marker y sus colegas fundaron, compañía que en 1949 abandonó por disputas financieras, habiendo destruido todas sus notas y archivos. Sin embargo uno de los jóvenes científicos que Syntex contrató ese mismo año, Carl Djerassi (quien había trabajado en la síntesis de cortisona a partir de la diosgenina), trabajó en la síntesis de una progesterona mejorada para su uso por vía oral y así apareció en 1951 la noretindrona.

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.