Con ocasión del aniversario número 210 del grito de independencia neogranadina, nos ha llegado por las redes sociales este artículo de José Libardo Díaz   Orejarena, que aclara algunos puntos y echa por la borda otros que teníamos por ciertos. En primer lugar, quien le pidiò el florero a Llorente no fue Morales sino un señor Rubio, Llorente no se lo prestò aduciendo que de tanto prestarlo se lo estaban dañando, no hay confirmaciòn de que hubiese dicho palabras soeces, pero si es cierto que Morales aprovechó el momento para que la gente se enardeciera. Llorente era un adulto mayor que casi resulta muerto por la paliza que le dieron. Más que un sentimiento exclusivamente anti-español, había un sentimiento anti-napoleónico, pues era él quien realmente mandaba en España, fomentando la divisiòn entre Fernando VII y su padre Carlos IV, semiprisioneros de Bonaparte. De hecho, muchos de los que se sublevaron no estaban pensando en una independencia absoluta sino en un cambio de estilo de gobierno. Dice este interesante artículo lo siguiente:

*El 20 de Julio de 1810* con entusiasmo esperaban los santafeteños recibir a don Antonio Villavicencio, hijo de Quito, quien venía de España en calidad de *Comisionado Regio,* y debía llegar a Santafé en julio de 1810. Sus amigos que le preparaban un recibimiento lleno de cordialidad y simpatía, quisieron obsequiarlo con un espléndido banquete, y como faltara un ramillete en el adorno de la mesa se encargó al americano don Luis de Rubio para que fuese a solicitarlo del español don *José González Llorente.* -Con un comerciante español, que participaba del profundo odio que se tenía a los criollos, se originó el incidente que precipitó los sucesos.

-«Poco antes de las doce del día, como estaba previsto, se presentó don Luis de Rubio en el almacén de Llorente y después de hablarle del anunciado banquete a Villavicencio, le pidió prestado el florero para adornar la mesa. Todo parece indicar que Llorente se negó a facilitar el objeto pedido, pero no existe prueba de que su negativa hubiera sido dada en términos despectivos o groseros. El comerciante español era un hombre de avanzada edad y de muy mala salud, y ello hace más verosímil la versión de quienes afirman que se limitó a explicar su negativa, diciendo, *por haber prestado la pieza otras veces se iba maltratando y perdía su valor.* Sólo la intervención de Caldas, quien pasó por frente del almacén y saludo a Llorente, permitió a don Antonio Morales tomar la iniciativa y firmarle duras críticas a Caldas por dirigir la palabra a  *este sastrezuelo que ha dicho mil cosas contra los criollos.* Morales y sus compañeros comenzaron entonces a gritar que el comerciante español había dicho a Rubio : *Me cago en Villavicencio y en los americanos,* afirmación que Llorente negó categóricamente, al tiempo que se dirigía al interior del almacén para evitar un altercado. Morales *le siguió hasta dentro del mostrador y hartó de palos a Llorente, que por pura casualidad escapó vivo de entre manos de este,* según afirma un relato de la época.

-Mientras el comerciante peninsular era golpeado por Morales, los principales conjurados se dispersaron por la plaza gritando : *¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas!* Como era de preverse, los primeros tumultos se formaron en los alrededor del almacén de Llorente y sólo la oportuna intervención del Coronel José María Moledo, Comandante de uno de los Regimientos de la capital, consiguió salvar la vida al español. Con gran trabajo logró Moledo llevarlo a la casa de don Lorenzo Marroquí, mientras la conmoción se intensificaba en la plaza. -El sentido que espontáneamente tomó la ira de la multitud, compuesta de indios y blancos, patricios y plebeyos, ricos y pobres, indica los extremos de impopularidad en que habían caído las autoridades y particularmente los Oidores de la Audiencia. Las turbas se precipitaron sobre las casas de los Oidores Alba y Frías y del Regidor Infiesta y, *rompieron a pedradas las vidrieras, forzaron las puertas y todo lo registraron,* dice el «Diario Político». Sus dueños sólo pudieron salvarse refugiándose en los zarzos o saltando por las tapias a las residencias vecinas». Con ocasión de la desavenencia entre el americano Morales y el español Llorente, los patriotas iniciaron la revolución, *y en el inolvidable día del 20 de julio de 1810 estalló la tormenta.* -Ya entrada la noche del 20 de julio, el pueblo pidió *Cabildo Abierto.* Se negó a concederlo el Virrey Amar y Borbón y solamente dio permiso para un cabildo extraordinario que debería ser presidido por el Oidor don Juan Jurado. El pueblo se proponía nombrar una junta de gobierno, semejante a las juntas de España. La multitud invadió entonces la sala consistorial e hizo de hecho cabildo abierto, tomando la palabra todo el que quiso exponer sus ideas.

-José Acevedo y Gómez avanzó al centro de la sala; después de un valiente discurso declaró reo de lesa majestad al que se opusiese a la instalación, y luego, desde el balcón que dominaba la plaza, arengó a la multitud, terminando con estas memorables palabras : *»Si perdéis este momento de efervescencia y calor y si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes. ¡Ved* (señalando la cárcel) *los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan!».* El pueblo electrizado exclamó : *»¡la junta! ¡la junta!».* A las tres y media de la madrugada del 21 de julio terminó la elección de los miembros de la *Junta de Gobierno.* Fue nombrado presidente de ella el mismo Virrey, vicepresidente, el Alcalde ordinario, don Miguel Pey quien ocupó la presidencia por haberse negado a hacerlo el Virrey Amar. Entre los miembros figuraban don José Acevedo y Gómez y el canónigo don Andrés Rosillo y Meruelo. La junta debía gobernar hasta el día en que las provincias del Nuevo Reino de Granada enviase sus representantes a Santafé para hacer una constitución que asegurara el bienestar público. El precioso documento inscrito en la noche del 20 de julio se debe a la pluma del Tribuno del pueblo *José Acevedo y Gómez,* que se conoce con el nombre de *Acta de la Revolución* y todos los asistentes juraron cumplirla. El mismo Virrey, prestó luego juramento. Se declaró que el *Supremo gobierno del Reino* se depositaba en la *Junta de Gobierno* mientras ésta expidiera la Constitución que debía asegurar la felicidad pública. «Que se deposite en toda la *Junta Suprema de Gobierno de este Reino interinamente,* mientras la misma Junta forma la Constitución que afiance la felicidad pública, contando con las nobles provincias, a las que en el  instante se le pedirán sus diputados, formando este Cuerpo el reglamento para las elecciones en dichas provincias; y tanto éste como la Constitución de gobierno deberán formarse sobre la bases de la libertad, independencia respectivas de ellas, ligadas únicamente por un sistema federativo, cuya representación debería residir en esta capital para que vele por la seguridad de la Nueva Granada, que protesta no abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a *otra persona que a la de su augusto y desgraciado monarca, don Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros,* quedando por ahora sujeto este nuevo gobierno a la Suprema Junta de Regencia ínterin exista en la Península y sobre la Constitución que le dé el pueblo».

*El 20 de julio de 1810, es, pues, el aniversario de nuestra revolución o de nuestra gran transformación política.* La independencia de que habla el acta «no significaba sino fueros regionales, siempre bajo el régimen monárquico, algo semejante a aquella soberanía de Estados en una federación, siempre dentro de la unidad nacional. Sea que la idea de independencia no estuviese sino en pocas cabezas, sea que la circunstancias no permitieran llevar inmediatamente la causa a ese extremo, ello es que aquí, lo mismo que en Quito y en Caracas, y en muchos otros centros políticos del Continente. Los primeros movimientos revolucionarios que a principios del siglo XIX se consumaron, no tuvieron por objeto, ostensible al menos separar estas colonias de la Corona, sino reclamar si incorporación en la monarquía como provincias integrantes de ella y en in todo iguales a las que formaban la Península».

Miguel Pey era alcalde ordinario de Santafé cuando los sucesos independentistas del 20 de julio, circunstancia que facilitó que la *Junta que se constituyó como Suprema* lo nombrara vicepresidente, y presidente al virrey Amar y Borbón. Pey no tardó en mostrar su malicia revolucionaria : detuvo al virrey y lo desterró, lo que le facilitó ser *el primer granadino en ocupar el poder ejecutivo (1810-1811).*

La independencia absoluta no vino a declarase sino el *16 de julio de 1813* y entonces muchos de los que habian firmado el Acta del 20 se fueron para España o se enrolaron bajo las banderas de los defensores de la monarquía, lo cual indica que en aquella noche memorable no todos pensaron en independencia absoluta, sino en una nueva organización de gobierno.

*Nota :* José *Líbardo Díaz Orejarena*

 

 

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co