Por Pablo Rosselli-Cock
Columna de opinión El Meridiano de Córdoba.

 

“Si lees lo que todo el mundo lee, solo podrás pensar lo que todo el mundo piensa”. Los libros le dan al lector la oportunidad de viajar a través de las páginas e identificarse con sus personajes. En el teatro de la vida, quien lee, puede hacer el papel de explorador en la Antártida, juglar en el Renacimiento Italiano, colonizador de las tierras del Caribe o villano en un futuro distópico.

Sin embargo, esa opción no siempre se aprovecha y, salvo algunas excepciones, la mayoría solemos leer lo mismo. Tenemos identificado el autor que nos gusta, el tema que nos atrae, así como el tono y la complejidad del lenguaje utilizado en el texto.

—A mí solo me gusta la novela histórica— decía un buen amigo refiriéndose a sus gustos literarios. —No leo cuentos, biografías ni poesías—agregó sin titubear.

—Recomiéndeme un libro que se esté vendiendo— requería un desorientado lector al dependiente de una librería, como si no tuviera la libertad de escoger.

Esta restricción autoimpuesta, casi siempre por física pereza o dependencia de otros al momento de elegir, hace que se pierdan sabores y melodías nuevas y se corten las alas que dan los libros. Incomodan aquellos que exigen un esfuerzo intelectual y que generan zozobra, incertidumbre y sorpresa, que son en últimas los que enriquecen el espíritu y hacen que no seamos los mismos después de leerlos.

Ahora bien, es comprensible que a la hora de seleccionar temas de actualidad u opinión haya un sesgo por razones ideológicas, pero los libros son otra cosa y existen diversas maneras de ampliar horizontes y abrirse a cosas nuevas.

Un buen consejo es no permitir que las editoriales o los medios de comunicación nos digan qué leer. Detrás de esto puede haber un interés comercial en el que se sobrevaloran obras mediocres y se desestiman joyas que no tienen un atractivo mediático.

Visitar la sección de clásicos de la literatura nunca falla. Por algo han pasado la prueba del tiempo, y suelen contener mensajes indelebles que nos hacen sentir eufóricos, tristes o nostálgicos.

Hacer parte de un club literario en el que los miembros escogen lecturas por las que uno nunca se hubiese interesado es una estupenda manera de aventurarse.

Fisgonear lo que leen nuestros escritores favoritos es otra buena estrategia para vencer la miopía en la elección literaria y descubrir genios desconocidos.

Visitar librerías de usados o seleccionar libros al azar luego de hojearlos y olfatear su contenido es una experiencia fascinante, y releer o leer los textos asignados a los hijos en el colegio es una forma de conectarse con el pensamiento juvenil.

Claro, podemos errar, pero siempre está la opción de acudir al derecho que tiene el lector de abandonar lo que no le aporta o le entretiene.

Así como las personas llegan a nuestras vidas en ciertos momentos, en el caso de los libros, estos aparecen cuando estamos preparados para ellos. No es coincidencia que, aunque etimológicamente no comparten un mismo origen, las palabras libro y libre se diferencian solo en una letra.

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El Dr. Pablo Rosselli Cock es Médico cirujano, ortopedista y traumatólogo, Pontificia Universidad Javeriana. Fellow en investigación en Ortopedia Infantil, Dupont Hospital for Children, Wilmington, Delaware, Estados Unidos y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.