“Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad.” Nelson Mandela, activista sudafricano de los derechos civiles

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH). El documento traducido a más de 500 lenguas, que proclama los derechos inalienables de todo ser humano, sin importar raza, color, religión, sexo, idioma, ideología, origen, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

En ese momento fueron 48 estados, de los 56 que en aquella época eran miembros de las Naciones Unidas, los que votaron a favor de los mismos. Y en 1966 fueron 102 estados, de los 122 miembros, quienes los aceptaron.

La Declaración, cuyo borrador redactaron representantes de distintos contextos jurídicos y culturales de todo el mundo, expone valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones. Además, establece que todas las personas tienen la misma dignidad, el mismo valor, y que sus derechos no pueden ser restringidos o revocados por las leyes humanas.

 

ARTÍCULO 1ro. de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”.

Pero, porqué es tan difícil llevar a la práctica algo que en teoría debería ser el resumen de una vida digna para cualquier persona. En primer lugar, para que estos derechos puedan llevarse a la práctica se requiere el compromiso de los gobiernos, en la implementación de políticas que favorezcan el cumplimiento de estos derechos. Las demandas crecientes en campos tan variados como la educación, la salud, el trabajo, la seguridad, la libertad, la protección, la libre expresión, entre otros,  muchas veces no son compatibles con las políticas de un Estado, y en otros casos no hay claridad en cuanto a los medios a emplear, para lograr ese fin.

En cualquier caso, siempre los recursos destinados están muy por debajo de las necesidades a cubrir, especialmente en países en vías de desarrollo, o en conflicto permanente, y aunque todas las autoridades en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos consignados en favor del individuo, no siempre se logra.

Aunque pueda parecer que estos derechos son letra muerta, de poco cumplimiento,  los principios que recoge son tan relevantes en la actualidad como lo fueron en 1948. El hecho de que hayan permanecido vigentes ya por 72 años, es una prueba de la universalidad imperecedera de sus valores eternos sobre la equidad, la justicia y la dignidad humana. Pero como no existen derechos sin deberes, cada uno de nosotros(as) también es responsable de exigir su cumplimiento. Y como expresó Publio Terencio Africano, en su comedia ‘Heautontimorumenos’ ya en el año 165 A.C. «nada humano me es ajeno».

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.