El académico Remberto Burgos de la Espriella escribió una columna en el diario EL HERALDO sobre el tema, titulado LA DANZA DEL GARABATO, el nombre de la famosa comparsa del Carnaval de Barranquilla.

El 20 de diciembre pasado se inauguró el nuevo Puente Pumarejo. ¡Cipote cuerpo calloso sobre el río Magdalena! Une los departamentos del Atlántico y Magdalena con el resto del Caribe colombiano y el país. Vaya estructura: 280 metros, dos calzadas vehiculares de tres carriles cada una, ciclorrutas y andenes para los peatones. Son fibras comisurales maravillosas para conectar los hemisferios cerebrales del Caribe. Una sola región apercollada por este maravilloso y entrelazado de redes sinápticas de vigas y alambres. Cada uno de los hemisferios cerebrales tiene funciones definidas.

El izquierdo, donde está el lenguaje, es analítico, calculador, estudioso, investiga y es materialista. El hemisferio cerebral derecho es el “man chévere”. Soñador, bailador, poeta, cuenta chistes, indisciplinado y festivo. El izquierdo se comporta bajo esta premisa: “Analicemos esta situación”, y el derecho: “ay ’ombe juepaje”. Mis dos amigos admirados, valiosos íconos del Caribe dentro del mismo cráneo: Adolfo Meisel y Juanda Caribe. Eso es lo que somos y tenemos dentro. Sus respuestas sincrónicas, simultáneas, nos hace una sola persona. Esta dicotomía funcional del cerebro es discutible y en lo personal no la comparto en su totalidad.

Tengo una posición ecléctica y creo que el cerebro responde en forma holística. Las emociones que, de la amígdala del sistema límbico, llegan al lóbulo prefrontal permiten evaluar los diversos elementos para la toma de un juicio racional. El cuerpo calloso es el vehículo de unión. A veces nos comportamos como si no tuviéramos cuerpo calloso. La indisciplina social, la ausencia de racionalidad, los sesgos de confirmación marcan nuestra conducta. El comportamiento alejado de los protocolos sanitarios y haciendo gambetas a las medidas de distanciamiento ha hecho que en el Atlántico el coronavirus nos meta unos golazos como los que recordamos de Valenciano. Las cifras no engañan, hoy proporcionalmente estamos en la primera posición como el Junior en épocas pasadas.

Pero el Carnaval de Barranquilla nos hace la propuesta para esta tragedia: la danza del garabato. Este baile típico que caricaturiza la pelea entre la vida y la muerte. Repetimos lo de los esclavos de las bananeras que se burlaban de sus desgracias. Hoy en esta época de pandemia hay una excelente metodología descrita por Tomas Pueyo “El martillo y la danza” (50 millones de seguidores). Martillo en época de contagios y danza abriendo de acuerdo con indicadores reales y capacidad del sistema hospitalario.

Las burbujas de las encuestas las han desinflado las antenas del coronavirus. Hablaban de la altísima popularidad de anteriores alcaldes y estas cifras no coinciden con el inventario del sistema de salud. Tenemos una nueva Barranquilla donde el sistema sanitario no parece que hubiese sido incorporado al malecón del desarrollo. Hay dirigentes y funcionarios que fueron a pasar el carnaval de la pandemia a otras ciudades. Están lejos de la vía 40 o se encerraron en el Country Club. Los invito a bailar sin titubeos la danza del garabato. Martillo con sonido de toque de queda y este tamborazo lo combinamos con obligatorio distanciamiento social y cumplimiento de las medidas de higiene básica.

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co