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Académico Dr. Alfredo Jacome Roca.

 

¿Cuáles son? 

Se trata de revistas médicas de acceso abierto que solamente publican artículos en línea con poca o ninguna revisión por pares, bajos estándares académicos y poca credibilidad (Predatory journals). Generalmente pertenecen a grupos editoriales que tienen revistas para toda clase de temas, que las van llenando con artículos, generalmente provenientes de académicos (investigadores) del tercer mundo, más que todo Asia y África, obligados por sus instituciones a publicar rápido, porque su sueldo puede depender de eso. Cobran honorarios por procesamiento que, aunque son significativos, son sumas inferiores al monto que piden revistas de más prestigio y credibilidad. Una revista de mucha categoría puede cobrar entre 3 y 4 mil dólares, o más. Dichos medios viven de estos honorarios, y de las suscripciones que compran bibliotecas o personas con un precio más bajo que el de una revista impresa y/o de prestigio (1-4). Algo similar ocurre con congresos, cursos y conferencias depredadoras.

 

Los cambios que han venido efectuándose 

Desde hace varias décadas, muchas revistas comenzaron a cobrar a los autores una tarifa por publicar. Dichos medios derivaban sus ingresos de las suscripciones y de la publicidad farmacéutica, que fue reduciéndose o volviéndose cada vez más específica. Varios fenómenos como el coste del papel, de la impresión, de las fotos a color y del correo, más el tema climático que influía en la producción, fue llevando a las revistas a dejar totalmente, o reducir la publicación impresa y pasarla a la web. Las ventajas eran obvias, eran de acceso inmediato, gratis o de bajo costo, sin tener que disponer de grandes espacios para las colecciones, donde la búsqueda se hacía cada vez más difícil. 

Otra razón fue de naturaleza social, pues sólo los países ricos podían costear las suscripciones, generando un sesgo al publicar usualmente temas de interés para países desarrollados. Debido a mi trabajo en la dirección médica de una casa farmacéutica, recibía cinco revistas cualificadas, de las cuales solo una se interesaba por contener artículos provenientes de Asia y del África, regiones a menudo afectadas por enfermedades tropicales y huérfanas: se trataba del Lancet. Portales como el de HINARI (que eliminaba o reducía el valor de las suscripciones para países pobres o de ingresos medios) o el de Open Access Journals, que ofrece gratuidad en la lectura para las revistas allí indexadas (con el argumento de que la ciencia y la formación académica debe pertenecer a todos, para el progreso justo de la humanidad). Pocas revistas de gran impacto pertenecen a su directorio (DOAJ). Además, las bibliotecas más importantes de Latinoamérica ya no reciben versiones impresas, sino que acuden al ingreso online gratuito que no ocupa espacio.

Pero una cosa son los lectores, y otra los autores. Estos últimos, además del rol económico, también necesitan publicar en idioma inglés y con un proceso de revisión de calidad, pero rápido; y que la posibilidad de publicación sea buena, en un medio creíble. Las revistas más prestigiosas del mundo solo aceptan un 5% de los manuscritos que reciben. Incluso las mejores revistas de nuestra región rechazan la mitad de los artículos enviados. Portales como Plos One y BMC (BioMed Central (BMC)l) ayudan, son eficientes y de gran calidad. Por el lado de las mediciones tenemos el Factor de Impacto (con sus defectos), y la inclusión en buscadores como PubMed, y bases de datos como Scopus (de Elsevier), Web of Science de Clarivate, antes de la empresa gigante Thomson Reuters, pero desde luego hay muchas otras. Cuando una revista está incluida entre las más buscadas, algunas veces clasificada en categorías de excelencia, su posibilidad de recibir manuscritos aumenta considerablemente. Actualmente hay formatos que generan métricas como el número de veces que cada artículo es bajado, o citado. Los miembros de sus comités editoriales, al igual que los revisores de manuscritos, deben ser personas serias y de prestigio.

 

Las revistas depredadoras, según Beall

En 2008, Jeffrey Beall (5), bibliotecario académico de comunicaciones y profesor asociado de la Universidad de Colorado en Denver, se dio cuenta del creciente número de estas revistas cuestionables y acuñó el término revista depredadora para describirlas. Creó una lista, usando ciertos criterios para determinar si una revista (o editor) era un depredador potencial, posible o probable. Aunque algunos la criticaron por ser a veces inexacta e injusta, muchos autores consideraron que la lista era una forma confiable de determinar si una revista era legítima. Beall ha pisado tantos callos que la Universidad de Colorado, donde trabaja, empezó a enfrentar demandas contra el trabajo de Jeffrey Beall, quien tuvo que cerrar su blog en 2017, citando una “decisión personal”; algunas fuentes dicen que fue el resultado de “amenazas y política”(6).  En 2009, el blog Improbable Research encontró que las revistas de Scientific Research Publishing  publicaron trabajos duplicados (7,8).

El cambio ocurrido en la publicación de las revistas ha facilitado la aparición de nuevos medios que prometen una publicación rápida, en inglés, altas tasas de aceptación y bajas tarifas de autor. Esto atrajo particularmente a los investigadores de países en vía de desarrollo que no tenían fondos para pagar unas tarifas de autor altas (requeridas por revistas muy respetadas), pero eran personas bajo presión de sus instituciones para publicar con frecuencia.

Se estima que en 2015 había hasta 10.000 revistas depredadoras en todo el mundo (9). Algunas tienen nombres similares al de revistas establecidas y respetadas y, a veces, afirman falsamente que tienen expertos reconocidos en sus consejos editoriales. Sus portales tienden a ser poco profesionales, con errores gramaticales y ortográficos, cuyas direcciones son a veces números de un apartado postal. La aceptación de artículos enviados y tiempos de publicación son rápidos, debido al poco escrutinio de revisión. A menudo no se mencionan los honorarios del autor hasta después de que se acepta un artículo. Compañías editoriales enteras han producido revistas casi exclusivamente depredadoras. Un ejemplo de una de esas empresas es OMICS Publishing Group, una editorial de revistas de acceso abierto (y organizadora de conferencias). Compra otras editoriales y produce cientos de revistas en línea de baja calidad para beneficiarse de las tarifas de los autores. En 2016, la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos presentó una demanda contra OMICS Publishing Group por “prácticas de publicación académica engañosas”, que está en curso. El grupo editorial también organiza anualmente más de 3000 conferencias de dudosa calidad, que generan el 60 % de sus ingresos, en gran parte a través del patrocinio farmacéutico y las tarifas de inscripción. 

 

Promoción de revistas y de cursos o congresos.

Muchos médicos académicos, especialmente los que participan en la investigación, reciben correos electrónicos regulares y frecuentes de revistas médicas que les solicitan que envíen manuscritos o se unan a los consejos editoriales. La práctica de solicitar manuscritos no es en sí mala o ilegal. En nuestra cultura académica de “publicar o perecer”, esto puede ser tentador. Desafortunadamente, algunos autores que no están al tanto de las revistas depredadoras sucumben al atractivo de enviar su trabajo a estas entidades dudosas, solo para que sus pagos se desperdicien, su valiosa investigación se publique en una revista no creíble y su trabajo sea rehén (10).

 

Examinando revistas depredadoras

Para examinar el nefasto funcionamiento de algunas de estas revistas depredadoras, Sorokowski (11) hizo una operación encubierta en la que un científico ficticio sin artículos publicados en revistas académicas, sin citas en ninguna base de datos, credenciales y citas universitarias falsas, y sin experiencia como revisor, ofreció sus servicios como editor a 360 revistas. Fue aceptada por 48 revistas, 4 como Editora Jefe; la mayoría de ellas estaban en la lista Beall de revistas depredadoras. Algunos le pusieron la condición de que publicara artículos por una tarifa y otros, que reclutara colegas para envíos pagados.  Se la alentó a organizar conferencias (con ganancias compartidas) y a comenzar nuevas revistas como editora principal (siempre y cuando las ganancias se dividieran entre ella y el propietario de la revista). Claramente, estas revistas “académicas” eran un esfuerzo de hacer dinero para estos propietarios, a quienes les importaba poco la calidad.

Shen y Björk  (12)examinaron las características de los artículos publicados en 613 revistas de la lista de Beall. 45% era africanas o asiáticas (27% en la India) un 25% de Norte América y Europa; tres cuartas partes de los autores eran de las primeras regiones mencionadas. El promedio de honorarios que cobraban era de $178 (US), comparado con los varios miles cobrados por revistas excelentes de acceso abierto. La aceptación promedio fue de 2.7 meses, pero en revistas acreditadas esto puede tomar más de 12 meses. Muchos artículos aprobados representan investigaciones deficientes en diseño y realización. Rara vez las revistas de la lista de Beall son de medicina general.

Hay portales que ayudan a reconocer este tipo de revistas. También se debe conocer su membresía en el Open Access Scholarly Publishers Association y su directorio (DOAJ). Se recomienda visitar el portal de la institución o empresa editorial que publica la revista. (https://thinkchecksubmit.org/ y http://guides.library.queensu.ca/deceptive-pubs-conf)

 

Casos anecdóticos

Una serie de casos publicitados ilustran la vergonzosa facilidad con la que se pueden publicar investigaciones deficientes en revistas depredadoras. La táctica de enviar estudios falsos con fallas metodológicas obvias a revistas en línea resultó en la aceptación de muchas de estas revistas. Por ejemplo, John Bohannon (13), biólogo y periodista científico de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, escribió un artículo falso en el que describía su investigación sobre un agente anticancerígeno ficticio extraído de los líquenes. Envió versiones del artículo a 304 revistas en línea y fue aceptado por más de la mitad de ellas, a pesar de que la metodología era tan defectuosa que cualquier persona con conocimientos básicos de evaluación crítica debería haberla rechazado por completo. Algunas de las revistas que aceptaron el artículo eran depredadoras, pero sorprendentemente, otras que lo aceptaron eran de universidades y editoriales respetadas. Ejemplos como este sacan a la luz las limitaciones de la revisión por pares para detectar de manera confiable la metodología deficiente y el sesgo (14,15).

 

Conferencias depredadoras

Asia y África son fundamentalmente el origen del similar formato para originar ingresos fraudulentamente. La persona recibe una invitación, le ofrecen alojamiento y comida (room & board), descuentos en la inscripción, no mencionan el cobro después de la aceptación ni el costo de los tiquetes aéreos. Dicen ser una importante sociedad científica (usando palabras como World o Global), como conferencistas principales utilizan nombres de científicos orientales o africanos con cierto prestigio, muchas veces sin su consentimiento, aprueban la presentación sin reparar en la calidad, y logran además usufructo de las inscripciones al curso. Hacen caer al conferencista, basándose en su vanidad e ingenuidad. Dicho meeting se llevará a cabo en ciudades atractivas en países árabes como Dubái, Qatar o Abu-Dabi (16).

 

Referencias

  1. Vakil C, Predatory journals, Can Fam Physician. 2019 Feb; 65(2): 92–9
  2. Predatory Journals. https://en.wikipedia.org/wiki/Predatory_publishing
  3. Shen C, Björk BC. ‘Predatory” open access: a longitudinal study of article volumes and market characteristics. BMC Med. 2015;13.
  4. Laine C, Winker MA. Identifying predatory or pseudo-journals [blog] World Association of Medical Editors; 2016. Available from: www.wame.org/identifying-predatory-or-pseudo-journals
  5. La lista de Beall. https://beallslist.net/
  6. Silver A. Controversial website that lists ‘predatory’ publishers shuts down. Nature News. 2017 Jan 18; Available from:  www.nature.com/news/controversial-website-that-listspredatorypublishers-shuts-down-1.213286
  7. Abrahams, Marc (22 December 2009). “Strange academic journals: Scam?”Improbable Research. Retrieved 13 January 2015.
  8. Sanderson, Katharine (13 January 2010). “Two new journals copy the old”. Nature News463 (7278): 148. doi:10.1038/463148a. O Laccourreye 1F Rubin 2H Maisonneuve 3 “Predatory” journals threatening the scientific medical press. Eur Ann Otorhinolaryngol Head Neck Dis . 2018 Feb;135(1):37-39.
  9. Vakil C. Predatory journals: Authors and readers beware. Can Fam Physician. 2019 Feb;65(2):92-94.
  10. McCann TV, Polacsek M.  False gold: Safely navigating open access publishing to avoid predatory publishers and journals. J Adv Nurs. 2018 Apr;74(4):809-817. 
  11. Sorokowski P, Kulczycki E, Sorokowska A, Pisanski K. Predatory journals recruit fake editor. Nature. 2017;543(7646):481–3.
  12. Björk BC, Solomon D. The publishing delay in scholarly peer-reviewed journals. J Informetr. 2013;7(
  13. Bohannon J. Who’s afraid of peer review? Science. 2013;342(6154):60–5.
  14. Moher D, Shamseer L, Cobey KD, Lalu MM, Galipeau J, Avey MT, et al. Stop this waste of people, animals and money. Nature. 2017;549(7670):23–5
  15. Laccourreye O,  Rubin  F, Maisonneuve  H. “Predatory” journals threatening the scientific medical press. Eur Ann Otorhinolaryngol Head Neck Dis . 2018 Feb;13.
  16. Kolata, Gina (8 April 2013). “For Scientists, an Exploding World of Pseudo-Academia”The New York Times. Retrieved 22 October 2016.

 


dr. Alfredo Jacome

El Dr. Alfrédo Jacome Roca es Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA.

 

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