Por: Remberto Burgos de la Espriella.

De las actividades fascinantes implícitas en el cerebro humano es la capacidad que tiene de imaginar el futuro. Puede edificar esos escenarios, preverlos y planearlos. No existe ninguna otra creatura en el universo que lo pueda hacer como nuestro encéfalo. Para planear lo que quiere, el futuro, el cerebro acude a unas herramientas básicas. Utiliza el pasado como espejo retrovisor para traer al presente los hechos remotos. Les da un valor cuántico y estas experiencias son quizá con sus ajustes las plataformas de proyección de los escenarios venideros. El presente se convierte en la mecha que se enciende para buscar el futuro.

Uno de los mártires de la política colombiana decía que nosotros éramos un país inmediatista y que la visión de futuro no se había integrado a nuestra ADN. Como ciudadanos y como región, nos ha faltado pensar el futuro. La experiencia de la prospectiva de las profesiones del Gran Caribe en el 2050 (Certamen Organizado por la Universidad del Sinú) exploró y construyó los escenarios para ese caribe justo de mitad de siglo que todos soñamos. Las inteligencias regionales que intercambiaron proyectos y realidades con académicos internacionales arrojaron unos resultados que deben ser la brújula de los funcionarios territoriales.

Voy a señalar algunos que merecen nuestra atención. Las Universidades de Cuarta Generación, como centros de pensamiento en donde el valor agregado de su producción académica se refleja en la comunidad donde está ubicada. No solo la universidad que instruye, la que investiga o la que en alianzas públicas y privadas se asocia con particulares para estudios del entorno. La que trasciende formando egresados con responsabilidad social y agentes de cambio comprometidos en anticipar futuro. Tenemos en el Caribe una oferta de 12 universidades públicas y 38 de privadas. Por definición, deben ser éstas las de la visión planificadora de los entes territoriales.

Quizá esta concepción prospectivista de la universidad de cuarta generación nos permita entender la pobreza de nuestra gente y buscar el desarrollo y competividad regional. Tenemos 4 departamentos del Caribe entre los 8 más pobres de Colombia y con cifras de pobreza multidimensional e índice de desarrollo y humano que clama, el cielo. ¿Como llegar a la igualdad de oportunidad para formar ciudadanos de bien? El desequilibrio en la distribución de recursos: el caribe representa el 11,6% del territorio nacional y recibe el 14.9% del PIB. La región central, con el 7.6% del territorio le entregan el 50%.

La gratuidad en la educación superior, desde ya, es el primer paso. Me enorgullece la Universidad de Córdoba en quienes sus estudiantes durante este año tendrán matriculas gratuitas. La deserción universitaria es una puñalada al progreso de la región y cuando es por falta de recursos es una herida al corazón del desarrollo. Nuestra gente del caribe y especialmente los de estratos 1,2 y 3 hay que darle esa oportunidad para que se conviertan en motores de progresos y ciudadanos de bien.

La educación trasciende al hogar: los entornos familiares, donde se desarrolla el futuro ciudadano son claves. Pueden ser ambientadores de grandes cambios o biosferas tóxicas en la formación de la personalidad del niño. Un niño desnutrido en la primera infancia jamás será un adulto sano. Pensar que la desnutrición proteica calórica en el caribe alcanza cifras promedias de 15,4% y departamentos como la salada Guajira hasta el 27.9

¡Hay hambre en el Caribe, de educación, oportunidad e igualdad!

FUENTE: https://www.kienyke.com/kien-opina/region-caribe-2050-por-remberto-burgos

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El doctor Remberto Burgos de la Espriella ha sido Presidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía, Presidente Honorario de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía y Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia.

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

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