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Por: Fernando Ruiz.

Una de las incógnitas más complejas de resolver para la propuesta de reforma a la salud es si el país cuenta con el talento humano requerido para su eventual implementación. El proyecto de ley plantea un nuevo modelo de prestación de servicios con una expansión de la atención básica en los primeros niveles de atención. Si los Centros de Atención Primaria (CAPS) propuestos no cuentan con suficientes recursos humanos, no será posible la extensión del modelo a nivel nacional.

Colombia se caracteriza por tener, posiblemente, el capital humano en salud mejor calificado de toda Latinoamérica. Para tener el mejor recurso humano es necesario contar con los mejores hospitales, que son las fábricas de talento humano en salud. Y nuestro país cuenta con la mejor masa de clínicas y hospitales en la región.

Desde la reforma que impulsó la Ley 100 se estableció, desde el Ministerio de Salud, un sistema de garantía de la calidad en salud que ya completó más de 20 años de aplicación. Adicionalmente, a través del Icontec se ofrece la acreditación de alta calidad y sobre estas dos políticas establecidas hace 15 años está la acreditación de los hospitales universitarios.

El Ministerio de Educación tiene un proceso de calidad muy maduro que aplica a las universidades. Cada programa debe obtener una evaluación de estándares mínimos para obtener su registro calificado y, además, existe la acreditación de alta calidad. Un doble circuito virtuoso —que tanto desde el sector salud como el de educación— permite que tengamos un excelente contingente de personal de salud. Su desempeño durante la pandemia demostró no solo su calidad, también una inmensa voluntad de servicio.

El contingente de recursos humanos de la salud suma 1.004.000 trabajadores. De ellos, el 50 % es profesional y el restante corresponde a auxiliares. Estos últimos son formados en escuelas de educación no formal, que no son sujetos del mismo modelo regulatorio de los profesionales. Por cada enfermera profesional (90.700), hay más de cuatro auxiliares de enfermería (383.000). Esto plantea un reto muy difícil para la implementación de la reforma: la mayor parte de las enfermeras profesionales está trabajando en los hospitales y la demanda de enfermeras profesionales hace años excede la oferta.

Este es un primer limitante crítico para la extensión propuesta por la reforma del gobierno. No hay personal profesional de enfermería suficiente para la extensión a nivel nacional de los CAPS y los equipos ambulatorios que se pretende.

Revisemos ahora a los médicos: Colombia cuenta con 138.000, según el Registro de Talento Humano en Salud (RETHUS). La densidad de médicos es de 26 por cada 10.000 habitantes. Es una de las más bajas entre todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (Ocde). El número de médicos especialistas está también entre los más bajos: contamos con apenas 34.000 especialistas y el sistema educativo colombiano ha privilegiado la calidad sobre la cantidad.

¿Cómo se explica que las listas de espera para procedimientos y la oportunidad para asignación de consultas médicas sean más demoradas en países como Inglaterra, Canadá o España que cuentan con mayor cantidad de recursos per cápita que Colombia?

La respuesta es que la productividad y eficiencia de nuestras instituciones hospitalarias y servicios ambulatorios es mucho mayor en Colombia que en esos países. El modelo de aseguramiento implantado ha permitido el uso intensivo de nuestros limitados recursos humanos, organizándolos de manera estratégica en centros de atención, donde la tecnología médica y los recursos se utilizan de forma muy eficiente. La mayor parte de esas instituciones es privada y, efectivamente, muchas están integradas verticalmente a las EPS. Esa integración, desde el punto de vista de los servicios, permite mayor eficacia de los procesos para los pacientes.

Nuestro modelo de atención es el resultado del aprendizaje de 30 años, en los que se han probado y aplicado diferentes modelos de contratación, organización de redes de servicios, modelos de gestión de riesgo y enfermedad para pacientes crónicos, y procesos de dispensación de medicamentos.

Ese modelo lo destruye la actual reforma a la salud y lo transforma en un modelo en el que desaparece todo lo ganado y se desarticula el modelo de atención. El supuesto de que los médicos y enfermeras que hoy laboran en instituciones productivas van a trasladarse a centros de baja resolutividad y ubicados en áreas barriales o rurales es un falso planteamiento. Brasil y México ya lo probaron, fracasaron y terminaron importando médicos cubanos de muy dudosa calidad de entrenamiento.

Para los profesionales de la salud también representa un inmenso riesgo. Muchos médicos hoy tienen sus propias organizaciones e instituciones de servicios de salud. La inversión en servicios primarios reducirá el presupuesto para los servicios de diagnóstico y tratamiento en instituciones privadas. ¿Será esa la realidad que no se quiere mostrar en las cuentas de la reforma que todavía mantiene embolatadas el Ministerio de Hacienda?


Fernando Ruiz Gómez-Ministro de Salud

El Dr. Fernando Ruiz Torres es médico egresado de la Universidad Javeriana y doctor en salud pública del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

Ex-ministro de Salud y Protección Social. Miembro Honorario de la Academia Nacional de Medicina.

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