Artículo sobre la presentación de los libros “Educar para llegar a tiempo: cuentos infantiles que acercan al diagnóstico oportuno de cáncer infantil” de la Dra. Iliana de los Reyes Valencia, especialista en pedagogía y docencia. Oncóloga pediatra.
La Academia Nacional de Medicina avaló los seis cuentos sobre cáncer pediátrico presentados por la Dra. de los Reyes, pues reconoce que educar también es medicina y que, en el cáncer infantil, la educación puede marcar la diferencia entre llegar temprano o tarde al diagnóstico. En un escenario donde no existen programas de tamizaje poblacional para la mayoría de los cánceres en la infancia -como sí ocurre en adultos-, la palabra se convierte en instrumento clínico.
Educar en cáncer pediátrico cumple tres funciones esenciales: identificar signos de alarma, disminuir la estigmatización y activar rutas de atención desde el hogar y el colegio. Cuando la comunidad aprende a nombrar los síntomas, se protege. El cáncer infantil rara vez “grita”; con frecuencia susurra: un ojo inflamado, un brillo blanco en la pupila, dolor óseo persistente, ganglios aumentados, sangrado inexplicado, fatiga marcada. Reconocer estos signos es un acto de prevención, pues los mayores retrasos se concentran entre el inicio de los síntomas en casa y la primera consulta médica.
La OMS y la OPS registran anualmente a nivel global cerca de 400.000 niños, niñas y adolescentes con cáncer. La brecha de supervivencia es dramática. Mientras los países de altos ingresos alcanzan tasas cercanas al 80%, en muchos países de ingresos bajos y medianos la supervivencia apenas ronda el 30%. La meta global impulsada por estos dos organismos busca elevar la supervivencia mundial al menos al 60% para 2030.
En Colombia, pese a la existencia de leyes, rutas integrales de atención y guías clínicas, el diagnóstico tardío continúa siendo un desafío. La mortalidad anual estimada (entre 700 y 800 fallecimientos) no puede analizarse únicamente desde la perspectiva hospitalaria. El problema, más que biológico, es estructural: diagnóstico tardío, barreras administrativas, abandono terapéutico y, de manera crucial, desconocimiento de los signos de alarma.
Seis cuentos infantiles hacia el diagnóstico oportuno
Los seis cuentos infantiles, presentados por la Dra. de los Reyes Valencia: Trombo y Antitrombo, Lacito dorado, Mi pequeño saltamontes, El festival de los huesitos, Pip Pip y Mis dos estrellitas fueron desarrollados a lo largo de una década y buscan promover la empatía, reducir el miedo y el mito. ¿Por qué cuentos? Porque traducen términos médicos a metáforas comprensibles sin infantilizar, porque tienen ritmo y repetición que genera memoria, porque enseñan, porque generan emoción conectando nueva información y, principalmente, porque ayudan a reconocer signos de alarma para iniciar una ruta de tratamiento.
1. Trombo y antitrombo.
Ambientado en los bosques colombianos y protagonizado por un oso de anteojos y un jaguar -especies emblemáticas y vulnerables-, este relato aborda el riesgo trombótico en pacientes oncológicos. La inflamación, el uso de catéteres y ciertos tratamientos incrementan la probabilidad de eventos trombóticos. A través de una fábula, el niño comprende que hábitos como la hidratación, la alimentación saludable y el ejercicio no son imposiciones externas, sino estrategias de autocuidado.
2. Lacito dorado.
Inspirado en el símbolo internacional del cáncer infantil, conmemorado cada 15 de febrero, este cuento promueve la cultura de solidaridad y conciencia social. El lazo dorado no solo informa; transforma actitudes, fomenta la empatía escolar y reduce el estigma. El símbolo, integrado al lenguaje cotidiano, deja de ser accesorio y se convierte en identidad.
3. Mi pequeño saltamontes.
Mediante la pasión de un niño por los insectos, el relato introduce el linfoma y advierte sobre la tendencia a normalizar síntomas. El dolor abdominal persistente no siempre es por gases, parásitos o estrés escolar. La historia advierte a padres, docentes y profesionales de salud. Creerle al niño es el primer paso al diagnóstico.
4. El festival de los huesitos.
Con ritmo festivo y referencias a las regiones colombianas, los huesos del cuerpo bailan hasta que la tibia y el fémur revelan dolor persistente. El cuento explica el osteosarcoma y subraya que antes de una alteración radiológica visible ya existe una anomalía biológica. Dolor óseo que no cede, masa palpable o dificultad para caminar requieren evaluación médica oportuna.
5. Pip Pip.
A través de la metáfora de automóviles de alta gama, se explica la leucemia aguda a un niño que no comprende qué ocurre en su cuerpo. El relato fue presentado como trabajo de investigación académica en la Fundación Universitaria del Área Andina y destaca por su originalidad. Además del libro, se ofrece una versión armable que convierte la lectura en experiencia interactiva.
6. Mis dos estrellitas.
La historia de Celeste introduce el retinoblastoma, el tumor ocular más frecuente en los ojos. La metáfora del universo y las estrellas permite explicar la leucocoria, un signo clínico donde la pupila muestra un reflejo blanco o blanquecino en lugar del reflejo rojo normal, frecuentemente detectado en niños mediante fotografías con flash. El mensaje es claro: no es un defecto de una cámara fotográfica y consultar oportunamente puede preservar la visión y la vida.
Los cuentos no diagnostican, ni reemplazan tratamientos, quimioterapias ni protocolos, pero sí los potencian.
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Intervención completa de la Dra. de los Reyes en:
EDUCAR PARA LLEGAR A TIEMPO CUENTOS INFANTILESQUE ACERCAN AL DIAGNÓSTICO OPORTUNO DE CÁNCER INFANTIL
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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