Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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La Academia abrió un espacio para escuchar de viva voz al Académico vivo con mayor edad. La historia del académico Fernando Sánchez Torres daría para escribir una serie completa. En sus 95 años de vida ha sido testigo de algunos de los acontecimientos que han marcado al país en el último siglo. En este conversatorio, organizado por la Comisión de Promoción y Difusión y guiado por el médico fisiatra y periodista Dr. Carlos Francisco Fernández, la memoria del profesor Sánchez se convierte en un testimonio profundamente humano.

La pregunta inicial, ¿por qué decidió estudiar medicina?, encuentra una respuesta conmovedora. No fue una elección racional, ni guiada por una tradición familiar, sino una promesa nacida del dolor. En 1940, siendo apenas un niño de diez años, presenció la muerte de su madre.  Un día cualquiera, su madre sufrió un fuerte dolor de cabeza que la obligó a recostarse, perdió el conocimiento y, pese a los esfuerzos de un médico, amigo de su padre, que acudió rápidamente y quien le practicó maniobras de reanimación, murió frente a sus ojos. La escena quedó grabada en su memoria: el médico intentando reanimarla, el silencio posterior, las lágrimas, el abrazo entre su padre y el doctor que confirmaban lo inevitable. En medio del desconcierto, el Dr. Sánchez hizo un juramento: sería médico “para que las madres no se murieran”. Con los años entendió que aquella promesa era imposible, casi utópica, pero nunca perdió su esencia. La medicina, como él mismo reflexiona, no siempre cura, pero siempre puede aliviar y consolar. 

Bogotá en los años cuarenta se asemejaba más a un pueblo grande que a una capital. La vida transcurría alrededor de la Plaza de Bolívar, y los límites de la ciudad estaban a pocos kilómetros de distancia en lo que hoy se conoce como la zona de Chapinero. La vida era tranquila y el tranvía era el eje del transporte urbano. 

Sin embargo, la memoria del Dr. Sánchez también está atravesada por la violencia política que marcó al país. Como testigo directo del 9 de abril de 1948, describe el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán como una experiencia vivida en carne propia. Se encontraba a pocas cuadras del magnicidio; la confusión, la ira y el caos de la ciudad están presentes en su memoria como si hubiese ocurrido hace poco tiempo. Se refugió en el periódico El Tiempo, donde trabajaba su padre, mientras la locura se apoderaba de la gente. Esa noche salvó su vida de milagro, pues las balas aparecían desde cualquier sector. 

Esa experiencia se asemeja a otro episodio crucial en su vida: las protestas estudiantiles de junio de 1954. Para ese año, el Ministerio de Educación había avalado a aquellos que ejercían la odontología de forma empírica, lo que provocó las protestas de profesores y estudiantes que veían cómo su profesión era desvalorizada. El decano de la facultad, al ver la protesta, llamó a la policía, que ingresó al campus de la Universidad Nacional, y un estudiante universitario fue asesinado. Este hecho causó la indignación de la comunidad universitaria en general. El Dr. Sánchez, que para ese momento era presidente de la Federación Médica Estudiantil, participó en las movilizaciones que surgieron tras la muerte del estudiante universitario a manos de la policía. Infortunadamente, lo que comenzó como una manifestación pacífica —con pañuelos blancos y libros en las manos— terminó en una masacre con varios muertos y heridos. El país era gobernado por el general Gustavo Rojas Pinilla, quien instauró a un coronel como rector de la universidad, provocando la renuncia masiva del profesorado. 

Este hecho no solo provocó indignación, sino que desencadenó un proceso de organización y resistencia. Profesores que renunciaron, estudiantes que se movilizaron, el surgimiento de publicaciones en contra del gobierno comandadas por damas de la sociedad e incluso el sector bancario se unió, creando una red de apoyo incalculable. Una movilización civil que fue determinante en la caída del gobierno de Rojas Pinilla, sin disparos ni violencia. 

Aunque la medicina estuvo marcada por la promesa hecha en la niñez, hubo, sin embargo, otro talento que durante años disputó el destino del Dr. Sánchez: la pintura. Lejos de ser una afición, la pintura apareció desde la infancia como un lenguaje natural pulido en su paso por el Colegio Americano, donde participó en la elaboración de telones para zarzuelas y operetas. Ya en la universidad, en un examen de dibujo médico, su destreza casi le provoca la expulsión, pues había hecho el examen de varios compañeros. El profesor le ofreció un consejo inesperado: abandonar la medicina y dedicarse plenamente a la pintura, incluso poniendo a su disposición su propio taller.

Durante toda su formación médica persistió la duda: ¿había elegido el camino correcto? Optó por honrar su promesa, relegando la pintura a un hobbie ocasional hasta su jubilación del ejercicio clínico,  cuando retomó la pintura. Es un destacado retratista gracias a la capacidad de observar que le da su “ojo clínico”, que le permite identificar rasgos visibles marcados, y que también son claves en un diagnóstico médico. Varios de los retratos de presidentes de la Academia fueron elaborados por él, igual que el mural que preside el Auditorio César Augusto Pantoja. 

La violencia entre liberales y conservadores a mediados del siglo XX también marcó su camino. Mientras realizaba su medicatura, equivalente al año rural, en Pandi, un pequeño municipio de Cundinamarca, su vida estuvo en riesgo debido a su filiación política liberal. Una noche, iba a ser trasladado por un cabo de filiación conservadora a una zona apartada, pero su enfermera y mano derecha apareció en el momento indicado para evitar una tragedia. Allí, tras la muerte de una paciente, descubrió que la educación universitaria era solo el comienzo y que no tenía la formación suficiente para salvar vidas. Decidió regresar a Bogotá para especializarse. 

El único cupo disponible para una especialización era en el Hospital Materno Infantil y este ingreso  adquirió un significado especial. Allí encontró una conexión directa con la promesa que había orientado su vida: cuidar a las madres. 

El vínculo con la Universidad Nacional aparece como un eje estructural de su trayectoria. Allí fue alumno, profesor, decano y rector. Para el Dr. Sánchez, la universidad, pública y privada, es un centro de pensamiento, de ideas e investigación; allí se forman  los obreros que hacen crecer el país. No hay forma de que un país crezca si no hay gente capacitada en diferentes ramas del conocimiento.  

El Dr. Sánchez ha privilegiado el diálogo por encima de la fuerza y la autoridad basada en la responsabilidad ética, más que en la imposición, incluso a riesgo de su propia seguridad. Su participación en la construcción de la salud como derecho fundamental en el país sintetiza la convergencia entre su experiencia clínica, su compromiso académico y su visión política. Fue partícipe de la creación de la Gran Junta Médica Nacional desde la Academia Nacional de Medicina (de la que ha hecho parte por 47 años). La Gran Junta congregó a diferentes organizaciones médicas del país para presentar posiciones conjuntas al Estado para la formulación de una ley estatutaria que permitiera reformar el sistema de salud ya en crisis y que se convirtió posteriormente en la base de la Ley Estatutaria 1751 de 2015, aprobada por el entonces presidente Juan Manuel Santos, pero nunca ejecutada. Una tarea pendiente que ya cumple 11 años en espera mientras la crisis se profundiza. 

Su mirada sobre el presente y el futuro de la profesión es crítica. Reconoce los avances tecnológicos que han transformado la práctica médica, mejorando la precisión diagnóstica y terapéutica. Pero advierte, al mismo tiempo, un riesgo, la pérdida de la dimensión humana. Esta preocupación no es nostálgica, sino ética. La medicina, insiste, no puede reducirse a procedimientos y datos. No puede deshumanizarse. 

Revolucionario pacifista, pintor, escritor y, en sus años de juventud, futbolista, jugador de billar y aspirante a torero. Una figura emblemática de la medicina colombiana que repasó su historia de vida en la Academia. 

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Conversatorio en: Conversatorio Acad. Dr. Fernando Sánchez Torres

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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