Artículo sobre la conferencia del Dr. William Manuel Vega Vargas, médico de la Universidad Nacional, magíster en Historia y candidato a doctorado en estudios políticos, para su ingreso como Miembro Activo de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina.
La encefalitis letárgica constituye uno de los episodios más enigmáticos de la historia de la medicina en el siglo XX. Su aparición, cercana a la pandemia de gripe de 1918–1920, generó inquietud en varias regiones del mundo, no solo por su gravedad clínica, sino por la dificultad de comprender su naturaleza. Pero, ¿qué ocurrió con esta enfermedad en Colombia?
El interés por la encefalitis letárgica en Colombia para el Dr. Vega surgió en el marco de un evento académico realizado en 2019 con la Universidad Externado de Colombia, orientado a conmemorar la pandemia de gripe de 1918. Este encuentro reunió a historiadores y médicos que han estudiado su paso por el país, lo que permitió reconstruir sus impactos locales y abrir nuevas preguntas.
Durante la preparación de un libro sobre esa pandemia de comienzos del siglo XX, coincidió la irrupción de la pandemia por covid-19, lo que generó un renovado interés por investigar las enfermedades epidémicas del pasado. Aunque existía material bibliográfico abundante sobre la enfermedad a nivel global, el libro con la documentación más exhaustiva de Paul Bernard Foley, Encephalitis lethargica, solo registra 21 casos en el país entre 1918 y 1920. Su diagnóstico era complejo, pues frecuentemente era confundida con otras enfermedades.
La encefalitis letárgica fue descrita formalmente en 1917 por Constantin von Economo, quien identificó un cuadro clínico caracterizado por somnolencia profunda, acompañada en la mayoría de los casos por un delirio intermitente no asociado al grado de sueño, alteraciones oculomotoras, espasmos y otros síntomas neurológicos diversos. Sin embargo, desde sus inicios, la enfermedad estuvo rodeada de incertidumbre: no todos los pacientes presentaban el mismo grado de somnolencia, y en regiones del mundo como África, Asia y América del Sur no parecía tener tanta presencia.
En términos globales, se estima que afectó a más de 1.500.000 de personas, con una alta tasa de mortalidad, cerca de la tercera parte, y desapareció de forma tan misteriosa como apareció, registrándose solo algunos casos en décadas posteriores.
El estudio de fuentes médicas y periodísticas permite identificar diversas “pistas” sobre la presencia de la encefalitis letárgica en Colombia. En 1919, el médico Jorge Bejarano Martínez publicó un artículo en El Tiempo alertando sobre la existencia de una nueva enfermedad asociada a la gripa, caracterizada por somnolencia progresiva, cefalea y alteraciones neurológicas, entre otros síntomas. Aunque no había reportes sobre casos locales, su interés estaba enmarcado por su formación en la corriente del higienismo que dominaba la salud pública en el país para ese momento.
Posteriormente, aparecen indicios más concretos. Dos médicos en Manizales, los doctores Gaitán y Jaramillo, reportaron casos compatibles con la enfermedad, aunque inicialmente sus observaciones no recibieron atención significativa en la prensa central, reflejando la habitual desconexión entre capital y provincia.
En 1920, la prensa documentó un caso fatal en Girardot descrito como “mal del sueño”, ocurrido en una mujer recolectora de café que falleció tras 5 días postrada “por un sueño invencible”.
La consolidación de la presencia clínica de la encefalitis en Colombia se encuentra en los trabajos de Roberto Franco y Ramiro Guerrero. El Dr. Franco describió un caso detallado en la Revista Médica de Bogotá en 1924 y sugirió la posible existencia de una epidemia. El Dr. Guerrero, en su tesis de 1927, amplió el número de casos y ofreció una reflexión crítica sobre el riesgo de sobrediagnóstico, introduciendo la noción de “niebla encefalítica” para advertir sobre la tendencia a clasificar diversas afecciones bajo un mismo término.
Otros reportes, como los de Pablo Casas en Cúcuta, sugieren que la enfermedad pudo haber tenido una presencia mayor de la que indican los registros oficiales. Sin embargo, la falta de sistematicidad en los datos y las dificultades diagnósticas impiden una cuantificación precisa.
Hacia mediados de la década de 1940, la encefalitis letárgica comienza a desaparecer de la literatura médica colombiana, aunque persisten referencias a sus secuelas, especialmente en el ámbito del comportamiento y la psiquiatría.
El estudio de la encefalitis letárgica permitió descubrir la degeneración progresiva del sistema nervioso central por el padecimiento. Evidenció la rapidez con la que los médicos colombianos accedieron a debates internacionales. Lejos de ser receptores pasivos, estos profesionales adoptaron posiciones críticas y realizaron aportes propios.
La enfermedad se situó en un momento de transición entre la neurología y la psiquiatría. Sus manifestaciones clínicas -que incluían alteraciones motoras y cambios en la conducta- contribuyeron a delimitar ambos campos y a explorar sus intersecciones. También abrió caminos para el estudio de las neuroinfecciones y el papel de procesos inflamatorios en el cerebro.
La encefalitis llegó en una era muy difícil para la humanidad, en medio de dos guerras mundiales, con una recesión económica en el medio y una pandemia que diezmó a la población. En muchos casos, las enfermedades son nombradas y descritas antes de ser plenamente comprendidas, y esto ocurrió con la encefalitis letárgica, pero este proceso, lejos de ser un error, constituyó una etapa necesaria en la exploración científica.
::::::::::::::::::::
Intervención completa en:
LA ELUSIVA ENCEFALITIS LETÁRGICA, UNA CODA A LA PANDEMIA DE LA GRIPA EN 1918
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
Visitas: 1





