La pandemia de COVID-19 dejó una marca profunda en la historia reciente de la humanidad. Sus efectos no solo se midieron en contagios y fallecimientos, sino también en las consecuencias emocionales y sociales que aún hoy siguen presentes. Ansiedad, depresión e incertidumbre se convirtieron en parte de la vida cotidiana de millones de personas.
El presidente de la Academia Nacional de Medicina, Gabriel Carrasquilla, señaló en el foro “La epidemia silenciosa de la postpandemia: ansiedad y depresión”, organizado por la Comisión de Salud, que una de las misiones de la institución es analizar los grandes problemas de salud del país y formular recomendaciones al gobierno y al Estado. En ese panorama hay un hecho claro: el perfil epidemiológico ha cambiado. Hoy las enfermedades crónicas no transmisibles, la salud mental, las adicciones y el envejecimiento de la población ocupan un lugar central en la carga de enfermedad tanto en Colombia como en el mundo.
El académico y psiquiatra Dr. Álvaro Rodríguez Gama, secretario ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina (ALANAM), reflexionó sobre el impacto psicológico que dejó la pandemia. Para él, se trata de un fenómeno de enorme trascendencia epidemiológica, clínica y social.
La pandemia de coronavirus fue uno de los mayores problemas de salud pública de los últimos siglos. Millones de personas se infectaron y muchas perdieron la vida. Las cifras oficiales hablan de cerca de siete millones de fallecimientos en el mundo, pero estimaciones de la OMS señalan que la cifra real podría haber sido tres veces mayor.
En Colombia, los registros oficiales reportaron más de seis millones de contagios y cerca de 142.000 muertes. Sin embargo, el número real de fallecidos podría ser mucho mayor. Más allá de las cifras, lo cierto es que prácticamente toda la humanidad se vio expuesta al virus. El virus circulaba en cantidades enormes en el ambiente y nadie estaba completamente a salvo.
Una de las medidas más drásticas adoptadas durante la pandemia fue el confinamiento masivo. De un día para otro, millones de personas tuvieron que permanecer en sus casas durante semanas o meses. El aislamiento social, la incertidumbre económica y el temor constante al contagio generaron un enorme impacto emocional.
Además, la pandemia dejó en evidencia profundas desigualdades sociales. Quienes contaban con viviendas amplias, recursos económicos o la posibilidad de trabajar desde casa enfrentaron la situación con mayor facilidad. En cambio, muchas personas vivían en espacios reducidos, con ingresos inestables o dependientes del trabajo informal, lo que hizo que el confinamiento fuera especialmente difícil.
Desde el punto de vista psiquiátrico, las consecuencias fueron múltiples. Aumentaron los casos de ansiedad, depresión y estrés postraumático. Muchas personas experimentaron insomnio, miedo constante, pensamientos intrusivos o hipervigilancia. También se registraron conductas extremas, incluyendo ideación suicida. Un fenómeno que suele estar subregistrado, ya que muchas veces se oculta o se clasifica de otras formas en las estadísticas.
Uno de los aspectos más dolorosos fue la imposibilidad de despedirse de los seres queridos. Durante los momentos más críticos, las visitas a hospitales estaban prohibidas y muchas personas murieron solas. Las funerarias y los entierros se realizaron con fuertes restricciones, y en muchos casos las familias ni siquiera pudieron asistir. Esto dejó un profundo impacto emocional. Muchos duelos quedaron inconclusos o sin elaborar, lo que puede prolongar el sufrimiento psicológico durante años.
El confinamiento también transformó la vida familiar. En hogares pequeños y con muchas personas conviviendo durante todo el día, surgieron tensiones y conflictos. Hubo recriminaciones, discusiones e incluso rupturas familiares que, en algunos casos, aún persisten. Además, las dificultades económicas afectaron especialmente a quienes dependían del trabajo informal. La pérdida de ingresos incrementó el estrés y las tensiones dentro de los hogares.
Y si no había convivencia, las relaciones afectivas también se vieron afectadas ante la imposibilidad de un contacto físico por el confinamiento. Las salidas a la calle debían hacerse con protocolos rigurosos, tapabocas, distancia social y lavado de manos continuo. La vida escolar se suspendió y los adultos mayores fueron considerados el grupo poblacional en mayor riesgo.
Otro fenómeno preocupante fue la estigmatización del personal sanitario. En algunos casos, médicos y enfermeras fueron vistos como posibles portadores del virus y enfrentaron rechazo o agresiones. Al mismo tiempo, muchos de ellos trabajaron en condiciones extremadamente difíciles, con largas jornadas laborales y un enorme desgaste emocional. A pesar de ello, continuaron atendiendo a los pacientes en medio de la crisis.
Los sobrevivientes que pasaron largos períodos de hospitalización en Unidades de Cuidado Intensivo relatan días eternos en espacios reducidos, sin ventanas, sin contacto con familiares o amigos (especialmente al inicio de la pandemia) y observando cómo otros fallecían.
Lo positivo: se abrieron nuevas unidades y camas en hospitales, la vacunación masiva pasó la prueba y fueron millones las personas vacunadas. Para algunos, el encierro fue la oportunidad de pasar más tiempo en familia, escapar al caos de la rutina y los desplazamientos y conocer nuevas formas de trabajo como el trabajo remoto. La pandemia dejó lecciones profundas. Entre ellas, la importancia de fortalecer los sistemas de salud, mejorar la atención a la salud mental y reducir las desigualdades sociales. También evidenció la necesidad de escuchar más a las personas. Una pregunta aparentemente simple, ¿cómo le fue durante la pandemia?, puede abrir la puerta a historias personales complejas y a experiencias que aún necesitan ser comprendidas.
Recientemente, por iniciativa de la Academia Nacional de Medicina, se inauguró el monumento “Umbral” en los jardines de la biblioteca Virgilio Barco, como un homenaje al personal de salud fallecido en el cumplimiento de su trabajo, entre ellos 176 médicos.
:::::::::::::::::::::
Intervención completa en: FORO | LA EPIDEMIA SILENCIOSA: ANSI3D4D Y D3PR3SI*N
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
Visitas: 7





