El 13 de febrero, 2020, con su bautizo oficial por la Organización Mundial de la Salud, nació una nueva enfermedad: el covid-19 (1). Ya venían ocupando páginas en la prensa internacional los estragos del coronavirus causal (a su vez bautizado como SARS-CoV-2) en China, su país natal, más propiamente en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei. Su expansión por el mundo se fue siguiendo en tiempo real, como un fenómeno sin precedentes. Todos los medios de comunicación, desde los más convencionales, como la prensa escrita, radio y televisión, hasta los denominados “medios alternativos” iban jugando un papel en la divulgación de información, con diferentes grados de responsabilidad.

A la censura estatal china y a la promulgación de boletines oficiales de diferentes entes gubernamentales y académicos del mundo entero se sumó la proliferación de noticias falsas y de datos acomodados, en lo que ha sido bautizado como “infodemia” (2), y ha sido uno de los grandes fenómenos que ha acompañado al covid-19. Las redes sociales, que rara vez favorecen la neutralidad y la imparcialidad de la información, refuerzan ese bien establecido “sesgo de confirmación”. En la vida virtual, aún más que en la vida real, las personas se rodean de gente que piensa parecido a ellos, y así seleccionan, comparten, y hacen “viral” aquella información que refuerza sus propias ideas preconcebidas, sus propios prejuicios (3). La carga emocional de la “noticia” siempre es mayor que el sano uso de la razón en el momento de compartir mensajes del Whatsapp, tuits o videos de Youtube.

Las ideas de conspiración, por ejemplo, han florecido en estos tiempos de pandemia. Han circulado en las redes “docu- mentales” sobre la fabricación del coronavirus como un arma biológica por parte de los chinos, o emotivas demostraciones del papel de Bill Gates, el Grupo de Bilderberg, los Illuminati y las empresas de comunicación con metodología 5G para buscar un mecanismo de manipulación (o de exterminio, según la versión que uno escoja) de toda la humanidad.

Ha sido un momento dorado para los charlatanes. Desde ese homeópata antivacunas de Montería que asegura que a todos los chinos ya les pusieron una “vacuna de ARN digita- lizado (controlable) replicante” que se activa “mediante ondas 5G de 60MgHz” para controlar a distancia sus funciones vitales, hasta Fernando Vallejo, el reconocido escritor antio- queño, que titula su columna en El Espectador “La histeria del coronavirus”, alimentando con conceptos epidemiológicos acomodados a los negacionistas de la pandemia. Más difícil ha sido tildar de charlatanes a reconocidos personajes de la ciencia, como es a nivel local Manuel Elkin Patarroyo, o en la alta farándula de la ciencia el premio Nobel Luc Montag- nier, cuando ambos han hecho comentarios tendenciosos, fácilmente descalificables, pero que calan en la mente de muchos incautos.

Quizás el daño más serio ha sido hecho por dos tipos de contenidos, los de aquellos que minimizan la importancia del covid-19 asemejándolo a cualquier gripa estacional, y los de esos otros que han promulgado docenas de tratamientos curativos, desde remedios caseros como el ajo o las vapori- zaciones de agua caliente, hasta los medicamentos que, tras resultados in vitro o en muestras pequeñas de pacientes, han mostrado algún grado de beneficio.

En Estados Unidos, y en otros lugares del mundo, mini- mizar la importancia de la pandemia se ha convertido en un argumento del ala derecha del pensamiento político, y al revés, cualquier intento de alarmar a los ciudadanos para fomentar el distanciamiento social y la cuarentena son vistos como ataques a Donald Trump y su intento de reelección más tarde este año. Los republicanos han exaltado así los argumentos de John Ioannidis. Este investigador de Stanford saltó a la fama en 2005 por un artículo publicado en Plos Medicine bajo el título “Por qué la mayoría de los resultados de investigación publicados son falsos” (Why most published research findings are false) (4). Este titular, más apropiado para la prensa amarillista que para una revista científica, habría sido más acertado si dijera que la mayoría de los resultados son “imprecisos”, que no es lo mismo que “falsos”. Pues en esta ocasión Ioannidis ha abusado de su reconocimiento científico, y del despliegue que recibe en la prensa, primero para tildar a la pandemia de “fiasco” (5), luego para difundir antes de su revisión por pares un estudio con serias falencias metodológicas, con una muestra de pacientes no solo pequeña sino sesgada tomada . de un condado de California, y que pretendía generalizar a todo Estados Unidos, sobre la “elevada” seroprevalencia de anticuerpos al covid-19 (6).

En el segundo grupo, el de los que saltan a conclusiones sobre la efectividad clínica de medicamentos apenas por indicios de eficacia en el laboratorio está el grupo australiano que publicó un artículo sobre la actividad in vitro de la ivermec- tina contra el SARS-CoV-2, y en una argucia más propia de publicistas que de investigadores serios pusieron en el título que estaba “aprobada por la FDA” (7). Sí, aprobada como antiparasitario. El otro, aún más célebre, fue el francés Didier Raoult, cuyos resultados con el uso de hidroxicloroquina (8) fueron luego desvirtuados en estudios controlados. En este papel de informar para la adecuada toma de decisiones, las revistas científicas están jugando con una clara desventaja. Su acceso a los lectores siempre será inferior al que tienen los canales de Youtube, y sus tiempos para llevar la información seria y validada a las redes y a los medios de comunicación no podrá competir con los de los divulgado- res de noticias falsas. En este número de Acta Neurológica Colombiana, con la publicación de las guías para el manejo del paciente con ACV en el contexto de la pandemia, la revista hace desde su nicho académico una contribución al entendimiento y al tratamiento de los pacientes con covid-19 en Colombia y toda Latinoamérica. En un suplemento que está próximo a salir ahondaremos en el tema de las afecciones neurológicas en estos tiempos de pandemia.

La invitación es a todos nuestros lectores a trabajar en la divulgación de los hechos muchas veces cambiantes de esta nueva enfermedad, a enfrentar la información con sano escepticismo y con visión crítica, y a contribuir, cada uno desde su lugar en la sociedad, para que predomine el verdadero pensamiento científico en estos tiempos de infodemia.

Academico Diego Andres Rosselli                                                                                                                                                                                                            Editor General,   ACTA NEUROLOGICA COLOMBIANA

REFERENCIAS

1.The Lancet. COVID-19: fighting panic with information.Lancet.  2020;395(10224):537. 2. Cinelli M, Quattrociocchi W, Galeazzi A, Valensise CM, Emanu- ele Brugnoli E, Schmidt AL, et al. The COVID-19 social media infodemic. arXiv. 2020;arXiv:2003.05004v1. 3. Zagury-Orly I, Schwartzstein RM. Covid-19: A reminder to reason. N Engl J Med. 2020; Apr 28. doi: 10.1056/ NEJMp2009405. 4. Ioannidis JPA. Why most published research findings are false. PLoS Med. 2005;2(8): e124. https://doi.org/10.1371/journal. pmed.0020124 5. Ioannidis JP. A fiasco in the making? As the coronavirus pan- demic takes hold, we are making decisions without reliable data. Stat. 2020;Mar 17;17. 6. Bendavid E, Mulaney B, Sood N, Shah S, Ling E, Bromley- Dulfano R. et al. COVID-19 antibody seroprevalence in Santa Clara county, California. medRxiv 2020.04.14.20062463; doi: https://doi.org/10.1101/2020.04.14.20062463 7. Caly L, Druce JD, Catton MG, Jans DA, Wagstaff KM. The FDA-approved drug ivermectin inhibits the replication of SARS- CoV-2 in vitro. Antiviral Res. 2020;178: 104787. 8. Gautret P, Lagier JC, Parola P, Meddeb L, Mailhe M, Doudier B, et al. Hydroxychloroquine and azithromycin as a treatment of COVID-19: results of an open-label non-randomized clinical trial. Int J Antimicrob Agents, 2020 Mar 20;105949. doi: 10.1016/j.ijantimicag.2020.105949. 9. Molina JM, Delaugerre C, Goff JL, Mela-Lima B, Ponscarme, D, Goldwirt L, et al. No evidence of rapid antiviral clearance or clinical benefit with the combination of hydroxychloroquine

 

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co