Las áreas geográficas específicas, donde los habitantes viven significativamente más tiempo, superando a menudo los 100 años con excelente salud, se conocen hoy como zonas azules.
El concepto de “zona azul” suele entenderse hoy como una idea popular difundida por documentales y medios, pero en realidad tiene un origen académico más riguroso. Surge a partir de los estudios del demógrafo belga Michel Poulain, quien investigó poblaciones con longevidad extrema desde una perspectiva biodemográfica, mucho antes de que el término se hiciera tendencia.
En ese contexto, se desarrolló el Índice de Longevidad Extrema (ILE), una herramienta que permite medir cuántas personas dentro de una cohorte logran alcanzar los 100 años. Este indicador fue clave para identificar territorios con posibles concentraciones inusuales de centenarios, constituyendo el primer paso en la detección de zonas con longevidad excepcional. Pero la metodología para validar una zona azul no se limita a observar cifras. Primero se debe identificar una señal demográfica consistente; luego, validar la edad de los individuos mediante registros oficiales confiables; y finalmente, realizar estudios de campo que permitan explorar factores de estilo de vida, ambientales y sociales asociados con esa longevidad.
¿Qué ocurre en zonas con longevidad extrema? ¿Cuánta gente llega a ser centenaria? El Dr. Iván David Lozada-Martínez, investigador de la Universidad de la Costa y miembro de la Alianza Centenarios, señala que los factores medioambientales no son iguales en todas las regiones del mundo. No obstante, con la popularización del concepto, han surgido múltiples interpretaciones erróneas. Muchas regiones son etiquetadas como “zonas azules” sin cumplir con los criterios científicos necesarios, lo que ha generado una pérdida de rigor metodológico y una narrativa simplificada que no refleja la complejidad del fenómeno.
Otro aspecto crítico es la delimitación geográfica. Las zonas azules no son en realidad extensiones geográficas, son más bien pequeñas zonas o microzonas donde la longevidad se concentra intensamente. A medida que uno se aleja de estos núcleos, la frecuencia de centenarios disminuye, lo que sugiere que se trata más bien de “zonitas” y no de regiones amplias como suele creerse.
El último Censo Nacional de Población y Vivienda en Colombia fue realizado por el DANE en 2018; no existía una comprensión clara de las zonas azules o el Índice de Longevidad Extrema. El Proyecto Centenarios profundizó más en el tema y descubrió que no existe una correspondencia clara entre la distribución de personas mayores de 85 años y los centenarios; no necesariamente los departamentos con mayor número de octogenarios son los mismos con mayor número de centenarios, lo que indica que no hay una progresión uniforme de longevidad, dificultando la identificación de zonas azules claramente definidas.
Frente a esto, el Dr. Lozada y su equipo se propusieron redefinir el concepto de zona azul en el país, siguiendo el método de Poulain, basándose en: tasas de centenarios significativamente superiores al promedio nacional o regional, uso del ELI, delimitación espacial precisa, estabilidad poblacional y evaluación de la calidad de vida, diferenciando entre lifespan (esperanza de vida) y healthspan (esperanza de vida saludable). No es lo mismo llegar a una edad avanzada que hacerlo con salud.
Por definición, se considera centenario a aquella persona que tiene 100 años o más, pero el estudio los discriminó en 3 rangos: centenarios, entre los 100 y 104 años; semisupercentenarios, entre 105 y 109 años; y supercentenarios, aquellos con 110 años o más.
La estadística hablaba de 12.226 centenarios en el país (hoy se estiman cerca de 25.000 y más mujeres que hombres) con una tasa nacional de 2.80 por cada 10.000 habitantes, concentrando un buen número en 20 municipios, principalmente en La Celia (Risaralda), Ciudad Bolívar (Antioquia), El Piñon (Magdalena) y Ventaquemada (Boyacá), pero a nivel departamental son Bolívar y Chocó los que registran más centenarios. Debe tenerse en cuenta que algunos de estos centenarios son enterrados en esas mismas zonas y no se reporta su fallecimiento, como ocurrió en Japón.
Los hallazgos preliminares identificaron ciertos patrones ambientales asociados a una mayor presencia de centenarios, como la cercanía a zonas boscosas o agrícolas, vegetación natural y cuerpos de agua cercanos, en concordancia con otras regiones del mundo. Sin embargo, deben estudiarse las condiciones de cada zona, porque en Colombia la mayoría pertenece a estratos bajos en donde no hay restricción calórica, ni dietas especiales, ni copas de vino, ni otros elementos asociados a la longevidad en otros países.
Sí existe evidencia demográfica en Colombia de territorios que registran tasas de centenarios notablemente superiores al promedio nacional. Los estudios deben regresar a sus fundamentos científicos para no sucumbir a la narrativa cultural o mediática que proclama zonas azules sin una validación rigurosa.
Se debe pasar de la narrativa a la evidencia, a través de un protocolo nacional de investigación que permita realizar un trabajo de campo amplio para establecer políticas públicas útiles que promuevan el envejecimiento poblacional activo.
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Artículo de Victoria Rodríguez G., basado en la conferencia del Dr. Iván David Lozada-Martínez en el FORO: LONGEVIDAD Y CENTENARIOS: LA OPORTUNIDAD DEL SIGLO XXI organizado por la Academia Nacional de Medicina, la Universidad de la Costa y la Alianza Centenarios.
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