Artículo sobre la conferencia del Académico Dr. Álvaro Rodríguez Gama, psiquiatra de la Universidad Nacional de Colombia, profesor titular de la Universidad Nacional. Elegido Académico Ejemplar de la Academia Nacional de Medicina en 2023.
El cerebro humano es, probablemente, la estructura más compleja que existe en la naturaleza. Hace algunas décadas, los neurocientíficos pensaron que estaban cerca de descifrarlo. En 1990 incluso se habló de que esa sería “la década del cerebro”. Existía la expectativa de que para el año 2000 entenderíamos completamente cómo funciona. Los científicos ya habían descubierto que el cerebro humano contiene cerca de 90.000 millones de neuronas. Parecía un gran avance.
Pero entonces apareció un nuevo desafío: el conectoma. Los investigadores comprendieron que las neuronas no trabajan aisladas, sino que están conectadas entre sí formando redes inmensamente complejas. Cada neurona puede comunicarse con miles de otras, lo que significa que el cerebro contiene trillones de conexiones. A partir de ese descubrimiento quedó claro que entender el cerebro sería mucho más difícil de lo que se pensaba.
Desde entonces se siguen descubriendo neurotransmisores, moléculas y mecanismos nuevos. Sin embargo, todavía existe un gran misterio: el pensamiento. Sabemos qué ocurre en el cerebro, pero aún no se logra “fotografiarlo” directamente. Ese día la neurociencia habrá dado un paso gigantesco.
Así como el cerebro es complejo, también lo es la experiencia humana. Para los médicos, son varios los momentos decisivos en su carrera: el ingreso a la universidad, el primer contacto con un cadáver en clases de anatomía, el primer encuentro con un paciente real, la muerte del primer paciente, sus primeras veces en procedimientos clínicos. Sin embargo, lo que realmente marca a un médico son las emociones que surgen al ejercer la profesión: ayudar a los pacientes, aliviar su sufrimiento, mejorar su calidad de vida y curar. Incluso cuando no es posible curar, ofrecer consuelo y acompañamiento también es profundamente significativo.
Las emociones acompañan la vida y determinan las características de los seres humanos, su temperamento y la forma de actuar ante situaciones particulares. La vida moderna ha traído nuevas formas de experimentar las emociones. Una de ellas es la soledad. Durante mucho tiempo predominaron las familias grandes. Hoy es cada vez más común encontrar personas que viven solas de forma voluntaria o involuntaria.
Este fenómeno ha crecido tanto que países como Japón y el Reino Unido han creado incluso ministerios de la soledad para abordar el problema. Muchas personas jóvenes deciden no tener hijos, lo cual puede tener diversas explicaciones. Sin embargo, la experiencia de la soledad en la vejez puede ser especialmente difícil.
Otra emoción muy presente en la actualidad es la incertidumbre. En el pasado muchas cosas parecían más previsibles: el trabajo, la economía o el futuro personal. Hoy muchas personas sienten que no saben qué pasará ni hacia dónde se dirige su vida.
También ha surgido una fuerte dependencia tecnológica. La tecnología ofrece enormes beneficios, pero cuando se vuelve indispensable para pensar, escribir, crear o tomar decisiones, puede afectar algunas capacidades humanas. A esto se suma una sensación permanente de insatisfacción, propia de las sociedades de consumo. Muchas personas sienten que siempre necesitan más y más, sin tener metas claras ni momentos de satisfacción.
Otro fenómeno interesante es el creciente vínculo emocional con las mascotas. Los animales de compañía pueden brindar afecto y bienestar, pero en algunos casos han llegado a ocupar el lugar que antes tenían otras relaciones humanas. Incluso existen consultas médicas relacionadas con el duelo por la muerte de una mascota, que puede llegar a ser muy intenso.
Paralelamente, ha surgido un movimiento global de “emocionalidad positiva” que, ante la desesperanza, promueve los avances. Uno de los más importantes es el aumento de la esperanza de vida. A comienzos del siglo XX, el promedio de vida era de apenas 34 años. Hoy muchas personas viven varias décadas más y lo hacen en mejores condiciones de salud gracias a las vacunas, la tecnología y los tratamientos avanzados. También la explosión del conocimiento. Nunca antes la humanidad había tenido acceso a tanta información y cultura. La educación se ha expandido enormemente; ahora la educación virtual es una opción.
Las condiciones de vida también han cambiado: mejores viviendas, mayor acceso a alimentos, avances en comunicación y tecnología, y una enorme oferta de entretenimiento.
Muchas de las cosas que hoy generan satisfacción son gratuitas o de bajo costo: escuchar música, ver películas, leer, aprender en internet o comunicarse con personas en cualquier parte del mundo. A veces el problema no es la falta de oportunidades, sino la falta de conciencia sobre lo que ya existe. Muchas personas viven rodeadas de recursos y posibilidades, pero no se detienen a reconocerlos ni a disfrutarlos.
En países como Colombia esto resulta especialmente evidente. Un país con conflictos internos y una polarización evidente, pero también un territorio con una enorme riqueza natural y cultural. Por eso, una parte importante de la educación y del bienestar emocional consiste en aprender a reconocer y valorar lo que tenemos. No se trata de ignorar los problemas, que sin duda existen, sino de equilibrar la mirada: comprender las dificultades, pero también apreciar los avances y las oportunidades.
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Intervención del Dr. Rodríguez en Ansiedad: de la neurología a la gestión emocional
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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