Artículo sobre la conferencia del Académico Dr. Álvaro Franco Zuluaga, psiquiatra de la Universidad El Bosque, máster en dirección universitaria, máster en psiquiatría infantil y de los adolescentes. PhD en bioética.
La neurobiología y la psicología se complementan en salud mental. Ambas son necesarias de acuerdo a la severidad del caso. La primera ayuda a entender qué ocurre en el cerebro cuando una persona experimenta ansiedad, tristeza o angustia. La segunda permite comprender cómo esas experiencias se viven, se interpretan y se transforman en la vida cotidiana.
Cuando una persona está profundamente angustiada o desbordada emocionalmente, los medicamentos pueden ser de gran ayuda, pues ayudan a disminuir la intensidad del malestar y facilitan que la persona esté más receptiva a la psicoterapia. Sin embargo, la psicoterapia cumple un papel central: es el espacio donde el paciente puede comprender lo que le está pasando, reconocer sus emociones y encontrar nuevas maneras de afrontarlas.
Aunque en la vida cotidiana solemos usar los términos emociones y sentimientos como sinónimos, en realidad se refieren a cosas diferentes. Las emociones son reacciones básicas y universales. En la práctica clínica se consideran especialmente importantes cinco emociones básicas: tristeza, alegría, ira, miedo y desagrado. Otra emoción básica, la sorpresa, suele tener menos relevancia clínica.
Una forma sencilla de entender las emociones es compararlas con los colores primarios. Así como a partir del amarillo, azul y rojo pueden formarse muchos otros colores, estas emociones básicas también pueden presentarse en diferentes intensidades o “tonos”. Podemos ir del aburrimiento o el desánimo a la depresión, de la irritabilidad a la furia, de la ansiedad al pánico y del fastidio al asco.
Los sentimientos, en cambio, son emociones más complejas. Surgen de la combinación de emociones básicas y de la interacción de la persona con su contexto social, cultural y personal. Por eso existen muchos más sentimientos que emociones: amor, ternura, envidia, culpa, venganza, etc. Los sentimientos están profundamente influenciados por la historia de vida de cada persona.
Cuando una persona acude a una consulta médica, no solo lleva síntomas físicos. También trae consigo una serie de emociones complejas que influyen en la manera en que vive su enfermedad. Vulnerabilidad, por aquella sensación de que algo malo podría estar ocurriendo en el cuerpo; incertidumbre por no saber qué está pasando ni qué ocurrirá después; incomprensión por no entender del todo lo que sucede; desmoralización por sentir que la situación es demasiado difícil y culpa por pensar que de alguna manera se es responsable del problema. Pero también aparece un sentimiento fundamental: la esperanza. Aun cuando la persona enfrenta situaciones difíciles, la esperanza suele permanecer como una fuerza que impulsa a seguir buscando soluciones.
Un médico de cualquier especialidad puede realizar una forma básica de acompañamiento psicológico a sus pacientes conocida como psicoterapia de apoyo.
Esta intervención se resume fácilmente en tres pasos, conocidos como las tres “C”: 1. Catarsis: Consiste en permitir que el paciente se exprese libremente. El médico escucha con atención, sin interrumpir ni distraerse. 2. Clarificación: En este paso, el médico ayuda al paciente a comprender mejor su situación. Esto incluye explicar el diagnóstico, los posibles escenarios y las alternativas de tratamiento. También implica ayudar al paciente a identificar y nombrar sus emociones. 3. Confrontación: Se plantea la pregunta clave: ¿qué podemos hacer ahora? Aquí se exploran las posibles decisiones y los pasos a seguir.
Las emociones están presentes en todas las áreas de la medicina. Por eso, además del conocimiento científico, el médico necesita desarrollar la capacidad de escuchar y reconocer las emociones de sus pacientes. Nombrar una emoción no es señal de debilidad. Al contrario, es un paso importante para poder afrontarla.
A lo largo de la vida, todos podemos experimentar lo que se conoce como angustia existencial. No se trata de un trastorno psiquiátrico, sino de una preocupación profunda sobre el sentido de la vida, las decisiones tomadas o las circunstancias que estamos atravesando. Este tipo de angustia puede aparecer en momentos de crisis, enfermedad o cambios importantes.
Reconocer las emociones es una habilidad esencial en la práctica médica. Así como el médico aprende a medir la presión arterial o a interpretar un examen de laboratorio, también necesita aprender a escuchar y comprender la experiencia emocional del paciente.
La relación entre médico y paciente (la alianza terapéutica) es uno de los factores más importantes para lograr adherencia al tratamiento y mejorar los resultados en salud. El médico no solo cura cuerpos: también acompaña a las personas en momentos de vulnerabilidad, ayudándoles a comprender lo que sienten y a encontrar esperanza incluso en las circunstancias más difíciles.
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Intervención del Dr. Franco en Ansiedad: de la neurología a la gestión emocional
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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