Para mediados de agosto, según el Instituto Nacional de Salud, iban 7.010 de casos de COVID-19 en trabajadores de la salud, de los cuales 6.498 se habían recuperado, 467 estaban en aislamiento y 45 han muerto. El grupo más grande de fallecidos es del de los médicos, van 18, seguido de 12 personas del área de enfermería. También, se ha perdido a conductores (4), técnicos de farmacia (3), personal de instrumentación quirúrgica (1), fisioterapia (1), de aseo y alimentación (2) y administrativo (1).

Es importante resaltar que el 68 por ciento de los contagios está asociado a la prestación del servicio. Por eso, los equipos de protección y protocolos siguen y seguirán siendo una de las prioridades en esta crisis.A medida que la pandemia avanza, también aumentan los casos en uno de los grupos más vulnerables de todos: los profesionales de la salud, quienes están en contacto continuo con decenas de pacientes y con los casos más graves. Algunos de estos contagios y muertes se pudieron evitar con mejor preparación de las instituciones, condiciones de trabajo que prevengan las sobrecargas laborales y por lo tanto una exposición menor. Con acceso adecuado y oportuno a las pruebas, con colaboración de la ciudadanía, con las medidas de prevención y por supuesto un tema que ha sido fundamental: el acceso a equipos de protección personal suficientes y de calidad.  Estos tienen que ser proporcionados por las ARL, el Invima prohibió el tapabocas KN95 de una referencia específica que no cumplía con las características.

La mayoría de casos de contagios en trabajadores de salud se han registrado en el Valle (1037), le siguen: Antioquia (890), Barranquilla (421), Cartagena (377), Nariño (249) y Cundinamarca (246). Sin embargo, aunque los números sean menores, la situación es más compleja en regiones apartadas y rurales. En muchas regiones estos elementos escaseando o no hay. Los profesionales de la salud tienen una vocación que se ha hecho evidente en esta pandemia, sin embargo, su entrega y pasión no puede llevar a que arriesguen sus vidas por cuidar la de otros. Según amnistía internacional, en el mundo van más de 3.000 muertes de trabajadores de la salud.

En las UCI de Florencia, se libra a diario una carrera contra la muerte por la gran cantidad de pacientes con coronavirus y la atención de otros con enfermedades graves. La cifra de mortalidad es alta, llegan en estado y condición muy grave y es muy poco lo que se puede hacer por ellos. Recientemente murió el internista Juan Larios y una jefe de enfermería del hospital María Inmaculada. Otros diez profesionales salud se encuentran hospitalizados. Un terapeuta respiratorio, salió de la UCI, aún afectado. En el Caquetá, los médicos denuncian escasez de insumos y el personal de la salud está agotado. Mas de 80 funcionarios están incapacitados.

En agosto 21 murió en la Clínica del Country de Bogotá el connotado especialista cirujano de mama Rafael Gutiérrez Martínez, médico javeriano que trabajo muchos años en el Instituto Nacional de Cancerología y en la misma Clínica del Country. A la edad de 76 años, aún trabajaba. Estuvo 3 semanas en la UCI luchando por su vida, que finalmente se apagó.

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co