Por Fernando Sánchez Torres
Ignoraba que existiera el Día Internacional de la Longevidad. Sí, existe desde hace 35 años. El 1.º de octubre fue consagrado como tal por la Asamblea General de la ONU, razón para que en esa fecha del año pasado se hubiera llevado a cabo en Madrid, España, la Cumbre Internacional de la Longevidad con más de quinientos participantes, expertos en el tema. Uno de los objetivos fue revisar las terapias que se han venido utilizando para frenar el deterioro orgánico natural que acompaña a la senectud.
Pero el propósito central fue indagar acerca de las fórmulas que puedan ofrecer la ciencia y la medicina de vanguardia (ultratecnología) para prolongar la vida con plenitud y salud, es decir, exenta de enfermedades. En otras palabras, hallar la tan anhelada “fuente de la juventud”. Se concluyó, con fundamentos serios, que el envejecimiento podrá ser reversible y la muerte podrá volverse “opcional”, gracias a los avances en biotecnología. Hubo acuerdo general en que, por ahora, lo importante no es solo propiciar que se pueda vivir más años, sino que se pueda vivir en las mejores condiciones, manteniendo una existencia plena, activa y con buena calidad. Sabio acuerdo este.
La anterior es una noticia que, sin duda, abre justificada expectativa a las generaciones futuras. Que la juventud pueda rescatarse es una vieja aspiración, no obstante que en nuestros genes esté sentenciado que su duración es limitada para darle paso a una última etapa, que es la vejez. El descubridor de la Florida, el español Juan Ponce de León, vivió obsesionado con la idea de encontrar esa esquiva “fuente de la juventud”, existente, según relataban las leyendas, en alguna maravillosa isla de las Antillas. Luego de abrevar en muchas fuentes sin comprobar que regresaba a la juventud, hubo de resignarse a aceptar la llegada de la vejez con toda su pesada carga.
Sin embargo, eso de que “el envejecimiento podrá ser reversible” no es una utopía biológica. Hay una curiosa especie animal en la que es realidad: se trata de una medusa, la Turriptosis dohrnii, descubierta en el mar Mediterráneo en 1883, que posee la sorprendente facultad de volver a su estado primitivo luego de alcanzar su madurez, ciclo que se repite de manera iterativa, como si se tratara de un ser imperecedero.
En 1988, en la costa noreste de Italia fue descubierta otra especie de medusa de similares características: la Turriptosis nutricula, también llamada “medusa inmortal”. No obstante haber sido estudiada exhaustivamente por los científicos, solo se sabe que es muy pequeña –entre 4 y 5 mm de diámetro– y dotada con la capacidad de realizar un proceso llamado “transdiferenciación”, es decir que sus células pueden transformarse en una sola célula pluripotencial para iniciar un nuevo ciclo de vida, lo que permite afirmar que tiene vida eterna. Es como si los ancianos de la especie humana volviéramos a ser bebés una y otra vez, de manera interminable. ¡Qué locura!
En Las suplicantes, tragedia griega escrita por Eurípides unos 423 años antes de Cristo, el coro, reflexionando sobre la vejez, exclama: “¡Cómo te odio, vejez, implacable enemigo! ¡Cómo odio a quien intenta prolongar la vida, y mediante pociones, drogas y prácticas mágicas trata de desviar el curso de los destinos y de evitar la muerte!”. Meditando sobre esta exclamación de rechazo, es de suponer que en la época de Eurípides (hace veinticinco siglos), cuando la medicina no tenía nada de científica y, por lo tanto, no tenía nada salutífero que ofrecer, la vejez era una edad temida por el cúmulo de calamidades que la acompañaban, y que él quizás haya alcanzado a padecerlas no obstante tuviera 59 años cuando escribió esa obra. En aquellos lejanos tiempos se era viejo tempranamente. Como murió casi octogenario, es seguro que no se arrepintiera de lo escrito. Explicable que estuviera en desacuerdo con quienes de alguna manera intentaban alargar los años.
Hoy pasa lo contrario: se aplaude y se estimula a quienes, como los científicos que acudieron a la Cumbre Internacional de la Longevidad, tratan de encontrar fórmulas para que vivamos largo sin transitar la vejez.
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Fuente: El Tiempo

El Académico Dr. Fernando Sánchez Torres es doctor en medicina y cirugía, con especialización en ginecobstetricia.
Ha sido rector de la Universidad Nacional de Colombia, Presidente de la Academia Nacional de Medicina y presidente del Tribunal Nacional de Ética Médica.
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