Por Fernando Sánchez Torres
Bien se ha dicho que la medicina es una profesión de primera clase para ser desempeñada por hombres y mujeres asimismo de primera clase. Sí, sin quererlo, los médicos ocupamos una clase privilegiada en la escala social. Es nuestra misión la que nos ha otorgado ese privilegio. En épocas remotas, los misioneros de la salud fueron tenidos como dioses, más luego como hombres milagrosos o teúrgos, y en la actualidad como hombres y mujeres con facultades y poderes que muy pocos poseen. Teniendo en cuenta que la medicina ejercida no es un oficio sino un estado, como lo es el sacerdocio, el buen médico no puede desligarse de él. La vocación es la encargada de que persevere, sin importar las duras pruebas que debe superar. El hecho de estar a diario enjugando las miserias físicas del “otro”, nuestro congénere, haciendo caso omiso de lo repulsivas o contagiosas que sean, es una de las razones para aceptar que se nos considere sujetos de primera clase. En épocas de calamidad, de zozobra, como las epidemias, el médico y el personal sanitario en general han sido la gran esperanza, el más fuerte apoyo físico y moral de la sociedad amenazada.
El 21 de junio pasado, en una desafortunada intervención en la ciudad de Medellín, el presidente Gustavo Petro acusó despectivamente a los médicos de ser los causantes de que el país esté mal en cuestiones de salud. Ante tamaño exabrupto, la presidenta de la Sociedad Colombiana de Anestesia y Reanimación, Olga Herrera Losada, y el presidente de la Asociación Colombiana de Cirugía, Jorge Herrera Chaparro, elevaron su protesta en sendos comunicados, reclamando mayor respeto por un gremio que se ha caracterizado por su vocación de servicio a lo largo y ancho del país, muchas veces en plan de sacrificio, como ocurre en los días calamitosos o durante el cumplimiento de la medicatura rural. Esta salida en falso del jefe del Estado no es de extrañar. Nos tiene acostumbrados a que su lenguaje no sea moderado, sino todo lo contrario: ofensivo, cáustico, encaminado a ahondar la diferencia de clases, a envalentonar a los de abajo contra los de arriba. En su diatriba dejó entrever que considera a los médicos miembros de una clase privilegiada, que prefiere disfrutar del ocio mientras sus compatriotas agonizan por falta de atención.
En contraste con este agravio, debo registrar el homenaje que se le está preparando al personal de salud por su heroico comportamiento durante la pandemia de covid-19, que amenazó devorarnos a todos: hombres, mujeres, niños, ancianos… No obstante tratarse de una epidemia de carácter infectocontagioso, transmisible de persona a persona, y a sabiendas de ello, el personal sanitario se ocupó de los contagiados, permaneciendo a su lado de día y de noche, sacrificando su bienestar personal y descuidando su entorno familiar, sus intereses particulares. Es que para ese personal el enfermo no tenía ideología, ni raza, ni religión ni condición social distintas a las suyas. Gracias a ellos, miles de vidas le fueron arrebatadas a la muerte. En Colombia fallecieron 5.395 médicos y 9.963 enfermeras, contagiados por el agresivo virus cuando cumplían su labor samaritana. Recuérdese que durante la epidemia esos misioneros eran mirados como leprosos, a quienes había que esquivar por ser transmisores de la enfermedad.
Por iniciativa de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, de la Academia Nacional de Medicina y de la Fundación Arteria, se consideró justo dejar un testimonio de admiración y gratitud a los médicos y las enfermeras que fallecieron en aquellos aciagos días. El reconocimiento-homenaje consistirá en un gran monumento ubicado en el polígono que ocupan el parque Simón Bolívar y la biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá. Con tal fin se convocó a participar a los artistas colombianos, atendiendo la invitación 10 de ellos. Sus propuestas fueron analizadas el pasado 27 de junio por un jurado compuesto por siete expertos. La instalación de la obra favorecida comenzará a hacerse próximamente; en principio, el acto de inauguración está programado para el 6 de noviembre, teniendo como invitado al Presidente de la República.
Fuente: El Tiempo

El Académico Dr. Fernando Sánchez Torres es doctor en medicina y cirugía, con especialización en ginecobstetricia.
Ha sido rector de la Universidad Nacional de Colombia, Presidente de la Academia Nacional de Medicina y presidente del Tribunal Nacional de Ética Médica.
Visitas: 7





