Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Conferencia del Académico Dr. Enrique Melgarejo, médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia. Con formación en medicina de aviación, medicina interna, cardiología y electrofisiología. Coronel de la Fuerza Aérea Colombiana. 

La aterosclerosis es la enfermedad que más mata en el planeta y su descubrimiento provino de una serendipia, ese tipo de hallazgos que se producen de manera accidental. Hace cerca de medio siglo, en los años 70, se intentaba descubrir cuál era el mejor modelo animal para estudiar la aterosclerosis, y se determinó que los conejos lo eran. 

Robert Furchgott probaba medicamentos para evaluar cómo respondían los vasos a estas sustancias. Probando la acetilcolina, notó que en algunas pruebas el vaso se contraía, mientras que en otras se dilataba. Furchgott pensó que su técnico ayudante John V. Zawadzki se había equivocado de sustancia y le recriminó el “error”, pero tras un fin de semana entero de dudas y experimentos, el técnico descubrió la clave: la diferencia estaba en una finísima capa de células, el endotelio. Si la muestra tenía endotelio, se producía vasodilatación; sin él, había vasoconstricción. Ese hallazgo, casi por accidente, abrió una puerta inesperada.

Furchgott lo llamó “factor relajante derivado del endotelio”, EDRF, sin saber exactamente de qué se trataba. Publicó una carta breve en Nature en 1980, incluyendo a su técnico como coautor sobre el papel obligado del endotelio para producir vasodilatación mediada por la acetilcolina. El misterio atrapó a la comunidad científica durante años. Nadie sabía qué era exactamente ese factor, pero algo en el endotelio tenía el poder de vasodilatar.

Cinco años después, un joven investigador en Estados Unidos relacionó el EDRF con un gas extraño: el óxido nítrico. Su profesor, Louis Ignarro, lo tomó con escepticismo, pero decidió investigarlo. Allí apareció la gran revelación: el factor relajante era, en efecto, óxido nítrico. En 1998, Furchgott, Ignarro y Ferid Murray, quien descubrió cómo el óxido nítrico funcionaba a nivel molecular para provocar la relajación del músculo liso vascular y la vasodilatación (que eventualmente dio origen al Viagra), recibieron el Premio Nobel de Medicina por este descubrimiento. 

Pero la ciencia a veces olvida a personajes ilustres. El hondureño Salvador Moncada había llegado a los mismos hallazgos antes de los premios Nobel, identificando el papel del óxido nítrico en la regulación del sistema cardiovascular, trabajando con cultivos de células endoteliales. Envió sus apreciaciones para ser publicadas, pero el escrito fue retornado para correcciones por “falta de claridad en la metodología”, y las publicaciones de Furchgott e Ignarro terminaron tomando más relevancia. Más de 90 universidades y academias han reconocido la prioridad de Moncada en estos descubrimientos, a pesar de no haber sido incluido en el Premio Nobel de 1998. Ya antes su nombre había sido mencionado en la comunidad científica. A los 28 años, estableció el rol de la prostaciclina como potente vasodilatador e inhibidor de la agregación plaquetaria, fundamental para entender la acción terapéutica de fármacos como la aspirina. Descubrimiento que le valió el Premio Nobel a su jefe de investigación para ese momento, John Vane, en 1982.  Moncada fue entonces dos veces ignorado para el Premio Nobel. 

En el caso del óxido nítrico, nadie esperaba que un gas tan inestable, con apenas cinco segundos de vida, tuviera un papel tan trascendental. Sin embargo, a partir de allí se abrió una revolución en cardiología, farmacología y medicina vascular. 

Aunque los factores de riesgo siguen siendo los mismos para enfermedades cardiovasculares y la expectativa de vida es mayor, el envejecimiento con comorbilidades es más común actualmente. Ahora se entiende que el endotelio es un sensor, mediador, modulador, amplificador y detonante de todos y cada uno de los factores de riesgo: hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, inflamación y hasta infecciones como el COVID-19. El endotelio se convirtió en protagonista, un guardián que puede ser protector o agresor, según su estado.

Se entendió entonces que enfermedades como el infarto, la hipertensión pulmonar, la aterotrombosis, la diabetes o la disfunción eréctil no eran problemas aislados de corazón, pulmones, nervios u otros sistemas, sino expresiones de un mismo enemigo: la disfunción endotelial que genera daños vasculares. No en vano, en medicina es muy conocida la sentencia “La edad del ser humano es la edad de sus arterias”. 

Muchas veces no hay síntomas identificables hasta que ya existen cambios estructurales y el tiempo para actuar es corto. La falta de comunicación clara por parte de los médicos, que muchas veces no traducen a un lenguaje comprensible las dolencias del paciente, y la adherencia deficiente a los tratamientos por parte de los pacientes, que terminan tratando de “traducir” la información recibida, o recurriendo a opciones como Google o la IA para sus síntomas, hace que muchos terminen en manos de remedios alternativos, sin enfrentar realmente la enfermedad.

También se revelan paradojas dolorosas. Las mujeres, protegidas por los estrógenos hasta la menopausia, sufren después una explosión de riesgo cardiovascular cuando pierden esa protección natural con la disminución de estrógenos y la pérdida de la acción del óxido nítrico. Hoy, cuando las mujeres trabajan más y están sometidas a condiciones de mayor estrés, visitan menos al médico y su riesgo es mayor. 

La pared vascular es una sola y su templo, el endotelio, es ubicuo: está en todo el cuerpo, menos en el pelo y en las uñas. La ciencia avanza en estrategias para cuidarlo, desde medicamentos hasta cambios de estilo de vida, pero la prevención es primordial. El cuidado primario desde la niñez con ejercicio, alimentación sana (la remolacha produce óxido nítrico directamente), hábitos saludables (no fumar), garantiza un riesgo cardiovascular mucho menor. También crece la brecha: la biotecnología salva vidas, pero es costosa; solo quienes pueden pagarla acceden a lo más avanzado. 

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Intervención completa en: 

ATEROSCLEROSIS: LA ENFERMEDAD QUE HA RETADO A CIENTÍFICOS, LA TECNOLOGÍA Y A LA INNOVACIÓN

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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