Artículo basado en la conferencia del Dr. Carlos López Valderrama, médico cirujano y especialista en cirugía plástica de la Universidad Nacional de Colombia. Académico correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.
La relevancia del caso clínico presentado por el Dr. López radica en el hecho de que el desenlace que experimentó la paciente era, en gran medida, evitable. Suscita una reflexión crítica sobre el ejercicio de la medicina y el funcionamiento del sistema de salud actual en Colombia.
Una paciente de 47 años consultó inicialmente por un cambio en la posición de su canino inferior, acompañado de la sensación de una masa localizada en la raíz del diente. Desde el punto de vista clínico, la conducta esperada ante este tipo de presentación era clara: valoración oportuna, estudios diagnósticos adecuados, biopsia de la lesión y tratamiento quirúrgico temprano por un especialista.
Los estudios radiográficos evidenciaron una lesión quística en la raíz del canino, cuyo diagnóstico definitivo fue un fibroma osificante del maxilar, un tumor benigno que, en etapas iniciales, suele tener un tratamiento relativamente sencillo y un pronóstico favorable. El manejo indicado consistía en un procedimiento menor: extracción dental, curetaje del hueso comprometido y cierre con sutura. Una intervención simple que podía realizarse en un consultorio especializado, con altas probabilidades de curación.
Sin embargo, lo que ocurrió posteriormente no fue producto de la enfermedad, sino del funcionamiento del sistema. Demoras administrativas, autorizaciones tardías, remisiones fallidas y trámites burocráticos que hicieron que el tiempo administrativo avanzara a un ritmo completamente diferente al tiempo clínico.
Mientras las gestiones se retrasaban, el tumor continuaba creciendo. La paciente seguía siendo funcional y existía la posibilidad de intervenir con un pronóstico aceptable. Pero el retraso persistió y el tumor progresó hasta alcanzar dimensiones que transformaron un procedimiento simple en una situación médica muy compleja. Cuando finalmente llegó al consultorio del Dr. López, presentaba un crecimiento del tumor que había comprometido la vía aérea, tenía deterioro nutricional significativo e infección severa. Una pesadilla que la paciente había soportado durante meses.
En este caso no falló solamente el sistema de salud, también el sentido humanitario, la compasión. Ella acudió repetidamente a centros médicos buscando atención, pero el trámite administrativo y la indiferencia humana que prioriza la rigidez burocrática sobre las necesidades humanas, provocaron la deshumanización de su caso. Para el Dr. López, estas respuestas evidencian una distorsión profunda del sentido del ejercicio médico.
Un abandono que involucra múltiples niveles: profesionales de la salud, instituciones y estructuras administrativas en un sistema de salud en crisis, con EPS intervenidas, hospitales desfinanciados y servicios cerrados.
Con frecuencia, cuando se habla de corrupción en los sistemas de salud, se piensa exclusivamente en corrupción económica. Sin embargo, existe otra forma de corrupción más silenciosa: la corrupción ética. No toda corrupción ética constituye un delito penal, pero sí representa una falla moral grave.
El filósofo y médico Edmund Pellegrino señalaba que la atención tardía puede convertirse en una forma de daño cuando el médico conoce la importancia del tiempo en la evolución de la enfermedad. Y si se habla en términos económicos, paradójicamente, el caso descrito terminó generando gastos mucho mayores a los requeridos si hubiese tenido un manejo adecuado: estancia prolongada en cuidados intensivos, complicaciones infecciosas, cirugía mayor y reconstrucciones complejas que aún no finalizan. Todo ello derivado de una lesión que inicialmente requería un tratamiento simple.
La medicina contemporánea dispone de avances extraordinarios que han mejorado la calidad de vida de innumerables pacientes. Sin embargo, en sistemas de salud con recursos limitados como el colombiano surge una paradoja. Mientras algunos tratamientos simples se retrasan o se niegan, tecnologías de alto costo son utilizadas con relativa facilidad bajo la premisa de que “el sistema lo autoriza”. Esta lógica puede desplazar alternativas costoefectivas y cuestionar las motivaciones tras este manejo.
El Dr. López enfatiza que los médicos han sido formados bajo la convicción de que la medicina es un servicio orientado a la comunidad, basado en la dignidad del paciente y en la responsabilidad moral del profesional. No son simples ejecutores de procedimientos dentro de una estructura administrativa; son, o deberían ser, defensores activos del bienestar del paciente. La compasión no es un valor opcional, es una obligación moral del médico. ¿En qué momento ese ideal comenzó a erosionarse?
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Intervención completa del Dr. López en: CUANDO EL SISTEMA ENFERMA AL PACIENTE. ANÁLISIS DE UN DESENLACE CLÍNICO EVITABLE
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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