El academico Robin Prieto nos escribe sobre este tema en exclusiva.

Según la tradición oral, después de un día de mucho trabajo, Jesús tenía insomnio,  y al no poder conciliar el sueño se puso a pensar en cualquier cosa, y de repente  se le ocurrió pensar en ¿cuál era el signo más importante para toda la humanidad?,  pero no logró definir cuál era. Finalmente se quedó dormido, pero al despertar a  media mañana, recordó que entre sueños había seguido pensando en el tema, así  que decidió que no se permitiría otro desvelo por esta razón. 

Planeó entonces organizar una tarde de café e invitar a varios de sus conocidos y  amigos para que le ayudaran a resolver este asunto. 

La cita se dio en un modesto café del puerto de Moca en la costa de Yemen sobre  el mar rojo, y no podía ser otro sitio, pues fue allí donde entre los siglos XV y XVII  se desarrolló el mayor mercado de café en todo el mundo, además era el puerto  marítimo que daba acceso a la Meca. 

Antes de entrar a la tienda, Jesús había comprado en un bazar cercano, presentes  para cada uno de sus invitados, eran cerca de las tres de la tarde y el sol empezaba  a toldar.  

-Hola, que gusto verte, hacía tiempo que no nos reuníamos, esto va a estar muy bueno- Le dijo Jesús a Albert Einstein, mientras lo estrujaba entre sus brazos, ambos casi de la misma altura. Después le preguntó – ¿Cómo sigue Pauline? ¡sé que ha estado algo enferma! 

Al poco rato llegó Mahoma vistiendo una hermosa yubbah, sobre una elaborada  camisa blanca, se retiró su turbante negro dejándose la gorra color tierra, y  acompañando su reluciente sonrisa, le dio un fuerte abrazo a Jesús, quien lo  correspondió y procedió a presentarle a Einstein – He oído mucho de usted dijo este  último – y mientras le extendía la mano, sintió el tirón con que Mahoma también le  “propinó” un abrazo. 

Solo faltan Carl – se refería a Marx – y Héctor, ya deben estar por … – y Jesús no  terminó de decir esto cuando por la puerta se asomaron los dos personajes – 

Todo fue algarabía y regocijo, intercambiaron regalos, se preguntaron por sus  familiares y después le pidieron al mesero el café y unos deliciosos pasabocas. 

El anfitrión les conto el motivo de su cita y comenzó el análisis de la situación.  

Para mí – Dijo Mahoma – la medialuna es el símbolo más importante, pero no se  cual pueda ser el signo más importante para toda la humanidad – y suspiró –

El signo individualmente más importante para mis amigos es el signo de la cruz,  pero no tengo claro cuál es el signo más importante para toda la humanidad, justo  por eso estamos reunidos aquí – Sentenció Jesús – 

Como todos se imaginarán, Einstein dijo -Todo es relativo, y depende de cada  cultura o de cada país, sin embargo, pensando en toda la humanidad y pensándolo  bien, me parece que el signo universalmente más importante es … – Todos estaban  atentos a oír la respuesta de aquel genio, pero justo llegó el mesero con otra ronda  de bebidas interrumpiendo la discusión y antes de que pudiera continuar, Marx tomo  la palabra. 

– Yo no sabría cuál es el signo para toda la humanidad, pero sí sé que, a mi modo de ver, la mercancía es el signo más importante – 

Y así pasó la tercera, la cuarta y la quinta ronda de café y la brisa que venía del  puerto en el ocaso vespertino, fue calmando los ánimos de aquella amigable  discusión en la que Héctor poco había intervenido, pero en quien todos notaban esa  pícara risa que tiene aquel que posee la verdad, pero que disfruta dejando que los  demás se esfuercen buscándola.  

Y de repente la risa de Héctor se volvió carcajada. – Ja ja ja, es muy fácil, pero me  ha encantado ver como todo ustedes discuten y más he disfrutado todas estas tazas  de café. Pero para poder darles la respuesta, necesito primero que nos despidamos. 

Todos se miraron extraños, incluso también el mesero que ya era un contertulio  más. Pero después de unos minutos decidieron hacerle caso y empezaron a  despedirse como si la reunión ya terminara. Intercambiaron recados para los  familiares, se sonrieron y se dieron unos fuertes abrazos… 

Eso es – Gritó Héctor – es lo que hicimos al comienza y es lo que hacemos ahora,  ese es el verdadero signo universal, ¡el abrazo! ¿quién no recuerda el abrazo  amoroso de la madre y quién no lo extraña?, ¿o el abrazo placentero de la mujer  amada? ¿o el abrazo consolador cuando hemos caído y nuestros amigos nos  alientan? – 

Y todos rieron a carcajadas comprendiendo que lo que Héctor decía era cierto. 

Cuentan que ahí mismo se saludaron y se abrazaron de nuevo y el café se extendió  a la cena y al trasnocho y la reunión llegó hasta el amanecer, y dicen que varias  veces se han vuelto a reunir para abrazarse otra vez más.  

Robin Prieto 

Diciembre de 2021

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co

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