Artículo basado en la conferencia de Lina Fernanda Barrera Sánchez. Enfermera, magíster en salud pública y estudiante de doctorado en salud pública en la Universidad del Bosque.
En los últimos años, Colombia ha avanzado en la formulación de marcos conceptuales y normativos para abordar la ruralidad, la salud rural y el derecho a la alimentación. El Plan Nacional de Salud Rural (2025) y Vida campesina y salud (2024) adoptan una concepción de ruralidad inspirada en la corriente latinoamericana de la “nueva ruralidad”. Desde esta perspectiva, la ruralidad no se reduce a una categoría geográfica, sino que constituye un modo de habitar el territorio y una construcción social y cultural elaborada tanto por quienes lo habitan como por quienes piensan y actúan sobre lo rural.
El Plan reconoce al campesinado como sujeto de especial protección constitucional, vinculado a la producción de alimentos y la garantía de la soberanía alimentaria. Se define al campesino por su particular relación con la tierra, sus formas de territorialidad, condiciones geográficas, organizativas y culturales, y a la población rural como los habitantes de territorios con baja densidad, economía agrícola predominante y alejamiento de áreas metropolitanas. Sin embargo, esta definición centrada en lo técnico-administrativo puede invisibilizar ruralidades presentes en municipios altamente urbanizados y reforzar la asociación entre zonas rurales y rezago socioeconómico.
El enfoque geográfico y productivo que identifica al campesino como productor de alimentos puede derivar en una lectura reduccionista, dejando de lado otras ocupaciones, además de aspectos como la estigmatización o la exclusión social. El documento Vida campesina y salud visibiliza la discriminación, la ruptura del tejido social y el estigma, así como las barreras geográficas y de salud, pero no estructura rutas claras o cuál es el papel de las instituciones frente a las comunidades rurales, quedándose en el diagnóstico. Reconoce también que las poblaciones rurales han sido históricamente las más afectadas por el conflicto armado, pero ese reconocimiento tiende a quedar solamente en el plano normativo.
La nueva ruralidad se toma desde la perspectiva del desarrollo humano y un medio ambiente sostenible; sin embargo, las nuevas formas de producción influenciadas por la globalización y el neoliberalismo subordinan la agricultura a la industrialización y promueven la urbanización del campo. Adicionalmente, la geogentrificación (personas urbanas se trasladan a zonas rurales), que transforma sus dinámicas sociales y económicas sin ser campesinos, puede aumentar las desigualdades.
En Colombia, la salud rural opera en niveles distintos:
- Índice de Salud Rural (2024): Aborda la salud desde una perspectiva cuantitativa, comparativa y centrada en resultados medibles, ¿cuáles son las enfermedades predominantes y el acceso a servicios? Su limitación principal es la falta de identificación plena sobre qué significa la salud en el área rural, más allá de una enfermedad específica.
- Plan Nacional de Salud Rural (2025): Plantea lineamientos normativos y estratégicos para garantizar el derecho a la salud bajo un enfoque territorial. Propone reformas estructurales, pero su evaluación se centra en la implementación programática más que en la transformación efectiva de condiciones de vida.
- Vida campesina y salud (2024): Analiza la salud desde las condiciones de vida, de trabajo, de territorio e identidad campesina. Sin embargo, requiere traducción en instrumentos de política pública.
Los documentos no se contradicen, pero operan en niveles distintos. El Índice mide desigualdad, el Plan propone solución estructural y Vida Campesina explica la profundidad del problema, pero cada uno es incompleto por sí solo.
En su trabajo para optar por el doctorado, la investigadora propone un modelo sistémico de análisis de salud rural, complementando esas 3 visiones porque la salud rural integral debería tener equidad sanitaria, soberanía alimentaria y dignidad territorial, sin asistencialismo, pero sí con trabajo desde las comunidades. En el papel, los campesinos son sujetos de derechos, pero no siempre pueden reclamarlos.
Se habla del campesino como el mayor productor de alimentos, pero el derecho humano a la alimentación, según la FAO, implica acceso regular, inocuidad y nutrición, aceptabilidad cultural, sostenibilidad y obligaciones estatales. En la ruralidad colombiana, esta garantía se enfrenta a problemáticas estructurales: baja infraestructura, mercados lejanos, poca rentabilidad de lo producido, concentración de tierra y escaso acceso a crédito.
Paradójicamente, la inseguridad alimentaria es mayor en zonas rurales, a pesar de concentrar la producción de alimentos. Se evidencia en dietas monótonas, dependencia de ultraprocesados, deficiencias de micronutrientes y creciente sobrepeso, configurando una triple carga de malnutrición según informe del DANE de 2024.
La seguridad alimentaria debe articularse con la soberanía alimentaria. Esta última enfatiza la autonomía para decidir qué producir y qué consumir, la compatibilidad con la naturaleza, la recuperación de saberes tradicionales y la reducción de la dependencia corporativa, acercando a proveedores (campesinos) con consumidores.
Entonces, se debería comprender la educación nutricional como derecho y no como recomendación técnica; tener un enfoque multidimensional y contextualizado (analizando condiciones económicas, infraestructura, clima, tradiciones); fortalecer las capacidades y autonomía alimentaria para producir, seleccionar y consumir de manera informada y autónoma; reconocer y enfrentar determinantes estructurales como la concentración de tierra y bajo acceso a créditos; adoptar un enfoque participativo y transformador que integre los saberes locales y vincule a la comunidad; y mejorar la diversidad alimentaria promoviendo fuentes locales de micronutrientes.
:::::::::::::::::::::
Foro Ética, costumbres y bases científicas para una buena alimentación y la seguridad alimentaria. Sesión conjunta Instituto de Estudios Bioéticos-ICEB y Academia Nacional de Medicina.
Intervención completa en:
ÉTICA, COSTUMBRES BASES CIENTÍFICAS PARA UNA BUENA ALIMENTACIÓN Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
Visitas: 5





