Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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La obra Umbral, legado permanente de la Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá (BOG25), fue inaugurada oficialmente el pasado 12 de febrero con la presencia de sus promotores y aliados. Originalmente, una iniciativa de la Academia Nacional de Medicina a la que se sumó la Alcaldía Mayor de Bogotá en 2025 a través de la campaña de donación “El arte de dar las gracias”. 

Un homenaje  al personal de la salud que dio su vida atendiendo la pandemia del COVID-19, en una época en donde el mundo se detuvo para atender la mayor crisis sanitaria global de los últimos tiempos. La fragilidad humana se puso de manifiesto, pero también la solidaridad y la resiliencia.  Cuatrocientos sesenta trabajadores del sector salud (médicos, enfermeras, camilleros, auxiliares, funcionarios, personal general) perdieron la vida durante esos meses y cerca de 100.000 se contagiaron. El monumento es también un reconocimiento a su sacrificio, a su esfuerzo, a su compromiso y sobre todo a su vocación de servicio. 

Durante el acto inaugural en la biblioteca Virgilio Barco, el secretario de Cultura, Recreación y Deporte Santiago Trujillo Escobar evocó un verso de la poeta Piedad Bonnett: “No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza”. Las cicatrices, como las ciudades, cuentan historias. Bogotá, como todo organismo vivo, ha conocido el dolor. Pero también ha conocido la capacidad de sanar. La pandemia dejó una herida profunda, invisible pero persistente, en la piel de la ciudad. Y fue el personal de la salud quien, con su vocación silenciosa, comenzó a cerrarla.

El arte llegó después, no para borrar esa herida, sino para coserla. Porque el arte en el espacio público no es solo ornamento. Es testimonio. Es una forma de recordar que hubo un tiempo en donde la esperanza flaqueó, pero no desfalleció. 

Ubicada en una de las esquinas de la Biblioteca Virgilio Barco, obra emblemática del arquitecto Rogelio Salmona, la escultura creada por el artista colombiano Carlos Castro Arias se impone ahora con una fuerza silenciosa. Son cincuenta barras de acero, con los nombres de los fallecidos en ellas, que forman el símbolo universal de la Cruz Roja, emblema de protección y humanidad en los escenarios más adversos. Sobre ellas descansa una enorme piedra de bronce de más de tres toneladas. No es difícil comprender su significado: representa el peso emocional que cargaron quienes cuidaron la vida cuando la muerte parecía inevitable.

Pero Umbral no es solo materia. Es símbolo. El umbral es ese instante ambiguo entre un estado y otro, entre la vida y la muerte. La pandemia fue precisamente eso: un umbral colectivo. Un paso abrupto hacia una nueva conciencia de nuestra vulnerabilidad.

El Secretario de Salud de Bogotá, Gerson Bermont, habló desde la memoria viva. Recordó las jornadas interminables, las decisiones urgentes, el peso de lo desconocido. Recordó también los rostros. Porque detrás de cada cifra había una historia, una familia, una vocación interrumpida. ¿Estamos preparados para la próxima pandemia? El monumento no es solo un recordatorio de lo que ocurrió, sino una advertencia silenciosa sobre lo que podría volver a ocurrir.

Luis Carlos Arango Vélez, gerente general de Colsubsidio, una de las empresas que apoyó la iniciativa, destacó que Umbral no es únicamente un monumento, sino un espacio de encuentro. Un punto donde la ciudad puede detenerse y recordar quiénes la sostuvieron cuando todo parecía desmoronarse. Porque las sociedades no se construyen solo sobre el progreso, sino sobre la memoria.

Quienes vivieron la pandemia desde los hospitales recuerdan el tiempo de una manera distinta. Jornadas en las que comer era un lujo imposible. Quitarse la mascarilla implicaba exponerse. El cansancio era constante, pero la responsabilidad era mayor. La incertidumbre era absoluta, pero la vocación era más fuerte. 

También fue una época de contradicciones. Roxana Álvarez, enfermera y coordinadora de la Unidad de Quimioterapia de la Liga Colombiana contra el Cáncer, recordó la sensación extraña de caminar por calles vacías. El temor al contagio. El dolor de ver partir pacientes que habían resistido durante años otras enfermedades. Y, paradójicamente, el rechazo social que algunos trabajadores de la salud enfrentaron. Aun así, cada día regresaron a su labor. 

El alcalde Carlos Fernando Galán lo expresó claramente: este monumento es una forma de decir gracias de una manera que no depende del tiempo. Porque los aplausos se desvanecen y las ceremonias terminan. Pero el arte permanece “como una conversación necesaria para la ciudad, una conversación abierta, plural y sensible, capaz de convocarnos a todos y hacer memoria, hacia un reconocimiento y una reflexión colectiva”. Señaló el alcalde que, gracias a lo aprendido en la pandemia, Bogotá sigue avanzando en innovación, en prevención y vigilancia epidemiológica, dando pasos clave con Bogotá Bio, que convierte a Colombia en el cuarto país latinoamericano en producción de biológicos e investigaciones para que, en caso de una nueva pandemia, se pueda garantizar un adecuado abastecimiento.

Bogotá se une así a otras ciudades de América Latina y del mundo, que han decidido honrar desde el espacio público al personal de la salud que enfrentó la pandemia. El artista Carlos Castro Arias lo resumió de manera sencilla: “El trabajo es amor hecho visible”. Esa frase, atribuida al poeta Khalil Gibran, adquiere aquí una dimensión tangible. Destacó la importancia del silencio como un espacio para reflexionar, recordar y agradecer, y explica que esta obra busca rendir homenaje al personal médico que, durante la pandemia, trascendió sus propias necesidades para entregarse al servicio de los demás. 

Además, el homenaje no solo es para quienes fallecieron, sino también para el personal de salud que continúa su labor y para todas las familias que enfrentan la ausencia de sus seres queridos, reconociendo su fortaleza.

El presidente de la Academia Nacional de Medicina, Dr. Gabriel Carrasquilla Gutiérrez, fue el encargado de develar la placa del monumento Umbral que reza: “La estructura de esta obra nace del símbolo de la Cruz Roja, emblema universal de la protección de la vida y del cuidado ejercido por el personal de la salud. Las barras que sostienen el bloque de piedra de más de 3 toneladas llevan grabados los nombres de personas que perdieron la vida atendiendo la pandemia en Colombia. Vidas cuya memoria se inscribe como un gesto de gratitud y como un acto de resistencia frente al olvido por su sacrificio”. 

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La iniciativa de la Academia Nacional de Medicina contó con la colaboración estrecha de la  Alcaldía Mayor de Bogotá a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Secretaría Distrital de Salud. Con el apoyo de la Fundación Arteria,  Colsubsidio, Grupo Amarey, Sinovac, Movistar Arena, Afidro, Liga Colombiana contra el Cáncer, Hospital de Mederi, la Fundación Rogelio Salmona y la Red Distrital de Bibliotecas Públicas Bibliored. 

Agradecimiento también a toda la ciudadanía aportante, a través de la convocatoria “El arte de dar las gracias”, que con sus donaciones hicieron posible este gesto de arte y reconocimiento que hoy se inscribe para siempre en la ciudad. 

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Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina 

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