Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Artículo sobre la conferencia del Dr. Carlos Pérez Díaz,  especialista en patología infecciosa y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.

El mundo que compone las enfermedades infecciosas es tan vasto que se podrían explicar múltiples condiciones clínicas a partir de agentes biológicos específicos. Sin embargo, uno de los campos más complejos y fascinantes es la relación entre infecciones y alteraciones mentales. 

Uno de los ejemplos más documentados son las infecciones por Streptococcus y el daño cerebral, causante de la fiebre reumática y la corea de Sydenham (o mal de San Vito). Se ha observado también que personas sometidas a amigdalectomía -frecuentemente asociada a infecciones recurrentes por estreptococo- presentan un mayor riesgo de depresión y suicidio.

Los virus del herpes se han relacionado con cambios de comportamiento. Particularmente, el virus de Epstein-Barr ha sido vinculado en años recientes con la esclerosis múltiple, una enfermedad neurológica cuya causa fue durante décadas desconocida. 

Más sorprendente aún es la relación emergente entre virus del herpes y demencia. Estudios recientes han mostrado que la vacunación contra el herpes zóster no solo previene la enfermedad cutánea, sino que se asocia con una reducción en el riesgo de desarrollar demencia. 

El calentamiento global también está jugando un papel importante en el descubrimiento de nuevos virus, o antiguos realmente, porque a medida que se descongelan los glaciares, emergen virus que ya eran considerados ancestrales. 

El virus de la influenza ofrece otro ejemplo revelador. Aunque es conocido principalmente por sus efectos respiratorios, su impacto va mucho más allá de los pulmones. La pandemia de 1918, conocida como la gripe española, fue una de las más devastadoras de la historia por su poder de transmisión y no dejó solo millones de muertos, sino también secuelas neurológicas que aún hoy se estudian.

Entre estas secuelas se encuentra la encefalitis letárgica, una enfermedad caracterizada por somnolencia extrema, alteraciones motoras y cambios conductuales. La pregunta es: ¿La gripe española y la encefalitis letárgica eran dos enfermedades que coexistieron en el tiempo? ¿O estaban relacionadas? Aunque estudios iniciales no lograron establecer una causalidad directa, la hipótesis de que el virus de la influenza desencadenó una respuesta autoinmune neurológica continúa siendo objeto de investigación activa en la neurología moderna. 

Otros estudios han sugerido que la exposición a influenza durante el embarazo, especialmente durante el segundo y tercer semestre, podría aumentar el riesgo de esquizofrenia hasta en siete veces, de allí la importancia de la vacunación.

La historia reciente ofrece paralelos inquietantes. Tras la pandemia por covid-19, se han observado numerosos casos de depresión, ansiedad y trastornos cognitivos persistentes, atribuidos al “covid prolongado”. Aunque estos síntomas suelen atribuirse al impacto social de la pandemia, también podrían tener una base biológica relacionada con la infección viral.

Pero no se trata solo de virus; los parásitos también pueden jugar un papel protagonista. Uno de los ejemplos más llamativos de la relación entre infección y comportamiento es el del parásito Toxoplasma gondii. Este microorganismo, ampliamente distribuido en la población, tiene la capacidad de modificar el comportamiento de sus huéspedes.

En estudios con ratones, se ha observado que la infección con este parásito reduce el miedo a los depredadores; el ratón no huye como haría habitualmente, se enfrenta; al ser consumido por el felino, pasa a este nuevo huésped.

En humanos, investigaciones recientes (incluyendo estudios desarrollados en Colombia) han encontrado asociaciones entre infección por Toxoplasma y trastornos psiquiátricos, como esquizofrenia y conductas suicidas. Aunque estas relaciones aún se investigan, los hallazgos sugieren que este parásito podría tener un impacto más activo de lo que tradicionalmente se creía. Además, se ha identificado que las cepas del parásito en América del Sur podrían ser más virulentas, lo que abre interrogantes sobre su posible influencia en patrones de comportamiento a nivel poblacional.

Este panorama plantea un desafío enorme: la medicina ha tendido a simplificar fenómenos complejos en explicaciones únicas, pero la realidad parece ser más multidimensional. Los humanos somos solo un engranaje en un sistema donde también habitan otras especies de seres vivos. Virus, parásitos y hongos también hacen parte de la ecuación y es poco lo que sabemos frente a todo lo que desconocemos. 

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Intervención completa en: 

LA ELUSIVA ENCEFALITIS LETÁRGICA, UNA CODA A LA PANDEMIA DE LA GRIPA EN 1918

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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