El Académico, Dr. William Contreras López, es un neurocirujano con una hoja de vida destacada. Neurocirujano del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, con fellowship en cirugía de columna, neurocirugía funcional, base de cráneo y neurocirugía vascular; doctor en medicina summa cum laude en neurociencias, con posdoctorado en neurocirugía funcional. Miembro de múltiples asociaciones científicas internacionales -entre ellas la Sociedad Mundial de Neurocirugía Funcional y Estereotáctica-, editor asociado de Frontiers in Neurology y Frontiers in Psychiatry, profesor universitario, autor de numerosos artículos, libros y capítulos.
Pero hay algo que el propio doctor Contreras considera más importante: la historia humana que atraviesa cada cerebro, cada médula espinal y cada paciente que llega a su consulta.
La estimulación medular, una tecnología que, aunque hoy parece futurista, tiene raíces antiguas. Los implantes medulares nacieron para el control del dolor. De hecho, ya en tiempos del Imperio Romano se observaba que la electricidad podía aliviar el sufrimiento: el emperador Claudio, aquejado por dolores intensos, introducía los pies en estanques con peces eléctricos para sentir alivio. El principio sigue vigente: cuando sentimos dolor y nos sobamos, activamos fibras nerviosas rápidas que “enmascaran” la señal dolorosa.
Nuestro sistema nervioso está compuesto por cerca de 86 mil millones de neuronas, conectadas entre sí por redes finísimas, casi como cabellos invisibles. La clave de su funcionamiento es la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro y la médula de crear nuevos caminos, nuevos puentes, cuando los antiguos se dañan.
Cuando ocurre una lesión -un accidente cerebrovascular, un trauma, una lesión medular- aparece el verdadero problema: un “agujero” en la red. La neurona quiere conectarse, pero no encuentra por dónde. En una lesión medular completa, el cerebro queda desconectado del cuerpo. Ahí es donde entran en juego las nuevas estrategias: buscar vías alternas, construir puentes artificiales, estimular circuitos dormidos.
En lesiones parciales, la meta es aprovechar la neuroplasticidad para redirigir la información. En lesiones completas, el desafío es mayor: crear puentes donde ya no existen.
La neuromodulación ha demostrado su potencial no solo con el dolor, sino también en enfermedades como el Parkinson, en donde los pacientes suelen desarrollar rigidez muscular, problemas de equilibrio y episodios de “congelamiento” en la marcha. El Dr. Contreras ha descubierto que introducir estímulos visuales o auditivos (con dispositivos de realidad aumentada o el uso de sonidos rítmicos) puede “desbloquear” el movimiento. Estas iniciativas creativas y accesibles activan áreas cerebrales suplementarias.
El principio es siempre el mismo: buscar rutas alternativas. Si una vía falla, el cerebro puede aprender otra. Eso explica por qué tecnologías aparentemente simples pueden generar cambios profundos.
En otros casos, se recurre a implantes más complejos: electrodos en la médula, en la corteza motora, en núcleos profundos del cerebro o incluso en el nervio vago. Estos sistemas funcionan como marcapasos neurológicos: envían impulsos eléctricos con parámetros ajustables; frecuencia, intensidad, dirección, que modulan circuitos específicos. Incluso en pacientes con depresión o trastorno obsesivo-compulsivo, podría ser una alternativa al modularse algunos circuitos emocionales que se disparan en exceso o se apagan cuando no deberían. Al modular esas redes, el comportamiento y la experiencia emocional cambian.
Hoy, se pueden combinar varias tecnologías en un mismo paciente, estimulando diferentes niveles del sistema nervioso para lograr mejores resultados. El caso de una paciente en estado vegetativo, que tras una tractografía mostró circuitos cerebrales aún activos, motivó al Dr. Contreras a intentar una estimulación de los circuitos a través de 4 electrodos. Pasó de un índice biespectral (que mide el nivel de consciencia de un paciente) de 34 antes de la cirugía a 95; aunque no ha logrado una recuperación total, sí muestra avances en movilidad, emite sonidos y se perciben ciclos de sueño-vigilia en su proceso. Un cambio perceptible cuando todo parecía perdido.
Mirando al futuro, el Dr. Contreras es claro: el camino no está solo en los neurotrasplantes, aunque han mostrado resultados, sino en comprender y modular redes. Tal vez algún día se puedan reprogramar las células propias para regenerar neuronas. Tal vez, en algunos casos, donde hoy la muerte es un destino inevitable, sean a futuro una enfermedad tratable.
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Intervención completa del Dr. Contreras en:
GUIANDO NEUROPRÓTESIS PARA RESTAURAR FUNCIONES NEURONALES EN PACIENTES CON LESIONES MEDULARES
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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