Artículo basado en la presentación del libro del Académico Dr. José Joaquín Caicedo, especialista en cáncer de mama, cirujano mastólogo. Miembro fundador de la Asociación Colombiana de Mastología y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.
Para el Dr. Caicedo, una jornada de prevención de cáncer en Villa de Leyva el 15 de septiembre de 2018 se convirtió, sin preverlo, en un punto de inflexión en su historia de vida. La campaña reunió a cerca de cien personas, cuarenta especialistas comprometidos con la detección temprana de múltiples tipos de cáncer.
El regreso a Bogotá tuvo un incidente inesperado; su primo y fotógrafo del evento presentó un episodio de dificultad respiratoria, un claro síntoma de infarto, que lo obligó a desviarse a la clínica donde fue atendido oportunamente. Tres días después, el martes 18 de septiembre, era el mismo Dr. Caicedo quien ingresaba al quirófano para una cirugía programada, un bypass gástrico que buscaba corregir años de hábitos poco saludables. Buscando pasar desapercibido, se realizó el procedimiento en una clínica diferente a donde laboraba y evitó contar a sus colegas más cercanos el tipo de cirugía a la que se iba a someter.
Lo que debía ser un procedimiento controlado derivó en una experiencia límite. Veinticuatro horas después de la cirugía, el Dr. Caicedo presentó un infarto agudo de miocardio que puso en riesgo su vida y desató una compleja encrucijada clínica: tratar el infarto sin comprometer la reciente cirugía. Ante la complejidad de la situación, debieron contactar a sus amigos especialistas más cercanos y fue trasladado a la Clínica Shaio, donde fue sometido a un cateterismo radial, pero ante la imposibilidad de colocar un stent, los especialistas consideraron la urgencia de una cirugía a corazón abierto que no podía realizarse inmediatamente debido al bypass reciente.
En paralelo, la crisis física se entrelazó con procesos personales profundos. La familia, su esposa e hijos, y los amigos presentes de manera constante, se convirtieron en soporte y motivación.
Fue trasladado a la UCI y entonces la unidad de cuidado intensivo, espacio habitual en su ejercicio profesional, adquirió una nueva dimensión. En estos días previos a la cirugía, su trayectoria personal y profesional marcada por la dedicación a la oncología determinó su momento más introspectivo. Sus padres, su época escolar, sus primeros trabajos, el día exacto en el que dejó de fumar, su matrimonio, el crecimiento de sus hijos, su paso por la Fundación SantaFé, el Hospital Simón Bolívar, el Hospital Universitario de La Samaritana, la Liga contra el Cáncer, el Instituto Nacional de Cancerología y la Clínica del Country. Toda una vida puesta sobre la mesa en el momento de mayor vulnerabilidad emocional.
La cirugía de bypass coronario fue programada para el 25 de septiembre de 2018; tras el procedimiento, fue ingresado nuevamente en la UCI para el postoperatorio inmediato. Regresó a su casa el 30 de septiembre y un día después se repitió el infarto, lo que obligó a los especialistas a probar un nuevo abordaje, esta vez un cateterismo vía femoral exitoso. Requirió cinco días más de hospitalización y un nuevo ingreso a la UCI, un espacio donde indiscutiblemente se salvan vidas, pero también se pierde un poco la humanidad.
No hay contacto humano familiar, el ruido de las alarmas y aparatos es constante, la luz es permanente, las conversaciones son lejanas y ajenas, mientras los pacientes atraviesan momentos de angustia, ansiedad, insomnio, miedo y temor a la muerte. El Dr. Caicedo promueve ahora espacios más “amigables” en donde existan ventanas, que se permita el acompañamiento de familiares y el paciente pueda escuchar su música, para hacer más llevadera esa estancia obligada. Algunas instituciones privadas ya lo tienen, pero no es la generalidad.
Tras ser dado de alta, eligió como destino de recuperación a su lugar favorito, Villa de Leyva, con sus amaneceres y rituales cotidianos, simbolizando el cierre de un ciclo y el inicio de otro. Allí, en la contemplación del paisaje y la sencillez de lo esencial, se reafirmó en una idea central: cada día representa una nueva oportunidad.
Superada la fase crítica, el proceso de recuperación no estuvo exento de dificultades. Complicaciones adicionales, nuevos episodios clínicos y un exigente tratamiento acompañaron un viaje a Europa que se convirtió en una narrativa de resistencia: la capacidad de seguir adelante aun cuando las circunstancias parecen adversas.
De regreso a su entorno profesional, la experiencia vivida redefinió su práctica médica. La relación con los pacientes adquirió una profundidad distinta, basada no solo en el conocimiento científico, sino en la comprensión empática del sufrimiento. Elementos aparentemente simples, como el confort térmico en cirugía o la atención al bienestar emocional, cobraron un valor fundamental. Haber sido paciente le permitió entender lo que antes solo intuía.
Hoy comprende que reducir el estrés debe ser un mandato, adoptar hábitos de vida saludables una obligación, pues solo trae beneficios, incluso en la prevención del cáncer.
El Dr. Caicedo conserva incluso una foto de su corazón, que pidió le fuera tomada antes de la cirugía, como prueba de su supervivencia. En este tránsito complejo, donde tuvo la oportunidad de sanar heridas físicas y emocionales, hablar, entender que la vida es efímera y debe ser disfrutada, deja una importante reflexión: “Nunca es tarde para pedir perdón, nunca es tarde para comenzar otra vez, nunca es tarde para decir me equivoqué”.
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Intervención del Dr. Caicedo en
QUERIENDO PASAR DESAPERCIBIDO… CASI MUERO EN EL INTERNO
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina.
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