Por:  Dr. Remberto Burgos

Esta parece ser la expresión de las vacunas. La arena, la buena: tenemos en el concierto mundial las diversas plataformas para la producción de las vacunas. La de cal, la industria farmacéutica no alcanza a suplir la demanda y no cumple. Queda mal, así como los gobiernos con los cuales negociaron. La pandemia en su periodo de inmunización ha puesto de moda este refrán.

Por ejemplo, el turismo de la vacuna. Tiene una presentación de inequidad que no se compara. Solo los riquitos que pueden pagar los pasajes tiene acceso a la vacunación rápida. Una bofetada a la salud como derecho fundamental y la esclusa de la inequidad a la altura de pecho. Don dinero, quien todo lo compra, coloca el orden en la fila. Los altos precios de los exóticos viajes en donde el atractivo está en la esquiva vacuna, y quienes pueden costearlos los convierte en cabezas de lista. Más que paquetes de turismo son envueltos de injusticias.

Chile, tan nombrado en estos días y la iniciativa de su presidente Piñera. Compró el doble de la dosis que necesitaba y las agencias de turismo ofrecían viajes de vacaciones que incluía la vacunación. Inaceptable que la necesidad de la inmunización y supervivencia se usen como incentivo para impulsar la economía. Quien vaya debe gastar en hoteles, restaurantes y permanencia. Se beneficia una importante proporción de los nativos, pero tiene presentación turbia en el contexto de la justicia de la inmunización global.

Si algo nos ha enseñado Chile es el impulso en el plan de vacunación y su rostro alegre. Lleva 1.5 millones de habitantes vacunados. Incluso su presidente colocó su brazo sin temor, para que la aplicaran la vacuna Sinovac de fabricación China. Negoció desde fínales del año pasado con Pfizer, AstraZeneca, Janssen y la alianza Covax. Chile con 18 millones de habitantes tiene una población de 15 millones para lograr la inmunidad de rebaño, alcanza 9.94% de su censo vacunados. La cara de cal, triste, de nuestro continente solo refleja dolor. La Organización Panamericana de la Salud confirmó que América Latina y el Caribe se había convertido en el núcleo mundial. Diciembre del 2020, completábamos más de 15 millones de casos confirmados y poco más de 500,000 muertos. Chile debe ser uno de los pedagogos continentales para ayudar a disminuir este velatorio. Al parecer sus autoridades desautorizaron los viajes.

Utilizamos el número de inyecciones por habitantes para evaluar cómo va la inmunización en Latinoamérica, Chile 8.39 dosis por cada 100 personas y Brasil con 2.07 dosis por cada 100 y México con 0.56. Colombia en el partidor, arranca esta semana. La criticada e interpretada pusilánime Organización Mundial de la Salud, busca desesperada una iniciativa que permita lograr un acceso rápido y justo a las vacunas en todo el mundo. Su meta: entregar 2 mil millones de dosis para fines de 2021.

De cal blanqueamos los países pobres que luchan afanosamente por su desarrollo. ¿Dónde está el recurso financiero para sentarse en la mesa de póker con la industria farmacéutica y los jugadores ricos? Y si ganamos la partida, ¿poseemos la capacidad para administrarla, distribuirla y aplicarla?

El promedio de vacunaciones diarias es de 4.3 millones/día y según los cálculos de los expertos para vacunar el 80% de la población, necesitaríamos a esa velocidad. 7 años. Esta cifra lo explica todo: para la inmunización universal de toda América Latina y el Caribe necesitamos vacunar 320 mil personas/día y hoy con grandes esfuerzos solo alcanzamos a vacunar 50 mil. Soñar que Colombia vacunará 200 mil diarios demandará una logística sin precedentes y una actitud asertiva de nuestros compatriotas. Hay que alcanzar ese imposible numérico: inmunidad de rebano en un año calendario. Hoy nuestra capacidad alcanza para 100 mil vacunas diarias y nos faltan 50 mil vacunadores de los 70 mil que necesitamos. Esta política pública no es “soplar y hacer botellas”, exige colaboración y comprensión.

Un bulto de cal me queda por arrojar en la tortuosa implementación de la política pública de la vacunación. Que se hable sin seriedad de la evidencia científica en las vacunas y muchos menos en boca de funcionarios cuyo lenguaje debe ser prudente y responsable. La academia no puede desvirtuarse por entusiasmo callejeros. No podemos aceptar frases como vacunas a mediano plazo producto de sustancias naturales, plantas y hongos. Eso les resta formalidad a las plataformas aplicadas y evade el método científico utilizado en su producción. Destruye cualquier iniciativa para impulsar la investigación y la ciencia como política de estado.

La vacunación global como propuesta y la inmunización universal como meta debe ser la agenda mundial. Esto implica producción a gran escala de miles de millones de dosis y una cadena de solidaridad para que llegue finalmente al ciudadano. Independiente de raza, genero, lengua, estrato o cualquier tinte que discrimine su derecho. El método científico debe estar presente en cada etapa y su capacidad de análisis permitirá entender los efectos adversos, reacciones indeseadas hasta corregir y alcanzar una inmunidad duradera y permanente.

Necesitamos producir nuestras vacunas. Tenemos el talento humano y orientados podemos avanzar rápidamente sin malgastar los escasos recursos. En esta época de guerra el enemigo es uno solo: SARS-CoV-2. Entiendo la exclusividad y costos de las patentes. Pero no es la hora de los negocios, son los tiempos de la bondad.

Diptongo: ¡llegó la vacuna! Qué bueno que los primeros puyazos sean en Sincelejo y Montería agujereados por la corrupción y pobreza multidimensional.

@Rembertoburgose

Publicado: febrero 18 de 2021 https://www.losirreverentes.com/unas-de-cal-otras-de-arena/

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.