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Artículo resumen de la conferencia del Dr. Abel Fernando Martínez en sesión de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia. Pertenece al Grupo de Investigación Historia de la Salud en Boyacá (UPTC).
La historia de la medicina permite explorar el pasado, comprender el presente y proyectar el futuro, tal como lo plantearon los historiadores Henry Sigerist y Mirko Grmek, quienes sostenían que el pasado es reinterpretado constantemente desde las preguntas del presente. Esta mirada histórica da un nuevo sentido a los procesos actuales y reafirma su relevancia científica.
En la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia-UPTC, la construcción académica alrededor de la medicina ha integrado investigación, docencia y extensión. Desde esta visión nació el Grupo Historia de la Salud en Boyacá, la cátedra de Historia de la Medicina y la creación de un museo destinado a recuperar y socializar la memoria sanitaria regional, ante la escasez de documentos históricos disponibles.
La tradición médica boyacense se remonta a 1825 con la primera cátedra impartida por Juan Gualberto Gutiérrez Arenales, médico del ejército libertador, en el Colegio de Boyacá, que se convertiría en 1827 en la Universidad de Boyacá, reconocida hoy como antecesora institucional de la UPTC. La facultad funcionó hasta 1878, cuando el Colegio de Boyacá, por decreto del Presidente del Estado, se convierte en Instituto Agrícola. En 1994, se crea la Escuela de Medicina de la Facultad de Ciencias de la Salud UPTC, gracias a la obtención del Hospital de San Rafael.
El antiguo Hospital San Rafael, destinado desde 1939 al servicio sanitario local, fue entregado en comodato a la universidad para fortalecer la formación médica y, en 2021, es incluido en el Plan Especial de Manejo y Protección del casco antiguo de Tunja y declarado Bien Irremplazable de Interés Cultural Nacional. El Grupo Historia de la Salud que trabaja en la UPTC ha consolidado tres líneas de investigación: Historia de la Medicina y de la Salud; Bioantropología y Paleopatología; Saberes y prácticas populares en salud.
Los semilleros de investigación, la incursión en plataformas digitales (con una revista virtual y la web del museo), además de espacios de formación estudiantil, han sido fundamentales para divulgar los trabajos de la primera línea de investigación. Desde la línea de Bioantropología han conseguido hallazgos notables como la detección de ADN del bacilo tuberculoso en una momia muisca que data de 200 años antes de la conquista, demostrando la presencia de la enfermedad antes de la colonización. También el estudio de colecciones arqueológicas de hasta 8000 años de antigüedad ha aportado información sobre asentamientos y rutas de poblamiento.
La UPTC, con 3 museos arqueológicos, tiene la mayor colección de momias del país, con las que han trabajado estudios micológicos para diagnosticar o descartar infecciones por hongos. Las investigaciones mostraron que ciertos hongos presentes en las momias no eran contaminación, sino agentes de conservación natural, especialmente el Penicillium, que incluso inspiró el logo del museo. Otros proyectos relacionados con momias incluyen uno sobre las momias caribes con rostro modelado, recientemente expuesto en el XI Congreso Mundial de Estudios sobre Momias en Cuzco y en la Asociación Colombiana de Paleopatología, y otro sobre la alimentación muisca antes y después de la conquista española, evidenciando un cambio radical en las prácticas agrícolas. Mientras los españoles utilizaban agricultura de secano dependiente de la lluvia, los muiscas cultivaban en camellones entre cuerpos de agua, lo que les permitía regular inundaciones y sequías, además de complementar su dieta con peces y crustáceos; restos de estas estructuras agrícolas aún son visibles desde el aire en más de 600 hectáreas de la región del Sinú.
En la línea sociocultural, una de las investigaciones más reconocidas, publicada en revistas nacionales e internacionales, y que dio origen a exposiciones y conferencias, analizó la pandemia por gripe de 1918 en Boyacá, mostrando patrones distintos a los documentados en Europa y Estados Unidos. Hallaron una relación entre altitud y mortalidad por gripa; entre más alto era el municipio, mayor la mortalidad, explicada por condiciones de hacinamiento en viviendas, convivencia con animales y limitada exposición solar, así como por la vulnerabilidad de comunidades que enfrentaban por primera vez una pandemia de esa magnitud. Ante la ausencia de registros oficiales, censos o datos sanitarios, los investigadores recurrieron a los archivos parroquiales de 105 municipios de Boyacá para documentar las muertes. Analizaron tres momentos: el censo previo de 1912, el año de la epidemia en 1918 y el siguiente censo de 1927, lo que permitió comparar la mortalidad antes, durante y después del brote.
En la reciente pandemia, el grupo colaboró con el Seminario de Estudios Históricos y Sociales sobre Endemias y Epidemias en América Latina para la publicación del libro La pandemia del olvido. Trabajaron con la Universidad de Sevilla y el Colegio de Michoacán en México, en colaboración con investigadores de Centro y Suramérica.
Otro eje investigativo revisó el fenómeno histórico de la lepra en Colombia, demostrando cómo la exageración discursiva convirtió al país en una supuesta “zona invadida por la lepra”, afectando políticas sanitarias, migratorias y económicas. Investigaciones posteriores hechas por un discípulo de Hansen comprobaron que enfermedades tropicales con manifestaciones en la piel similares eran confundidas con lepra. El primer laboratorio acondicionado en Bogotá que estudió la lepra permitió confirmar esta teoría, pues identificó que solo el 16% de los que estaban hospitalizados en Agua de Dios eran leprosos.
Una investigación reciente permitió identificar un problema de salud pública surgido en el Hospital de la Purísima Concepción de Tunja, en manos de la Orden de San Juan de Dios a principios del siglo XVII, tras la epidemia conocida como “de Santos Gil”, que redujo drásticamente la población indígena. El traslado del hospital junto al cementerio y el manejo inadecuado de letrinas en la ciudad generaron un enorme problema de salud pública en ese momento. Con la Independencia y la expulsión por parte de Santander de los religiosos, el hospital fue trasladado a un espacio menor, y el antiguo edificio —antes colegio jesuita— se convirtió en el Colegio de Boyacá, luego Universidad de Boyacá.
Actualmente, la Cátedra de Historia de la Medicina de la UPTC, impartida en quinto semestre como asignatura teórico-práctica, busca formar estudiantes activos y responsables en la construcción del conocimiento, más allá de ser receptores pasivos. Articula un eje investigativo continuo desde el primer semestre hasta el final de la carrera, con cuatro horas semanales dedicadas al estudio histórico y metodológico.
En paralelo, el Museo de Historia de la Medicina y de la Salud funciona como laboratorio, biblioteca y centro de documentación del Grupo de Investigación de Historia de la Salud de Boyacá, recuperando patrimonio médico regional y con más de 70 exposiciones en su haber, incluyendo algunas itinerantes. Desde allí se han tejido redes institucionales, impulsando la creación de redes de museos en la UPTC y a nivel nacional, además de una red de museos médicos. Todo este trabajo contribuyó a la renovación de la acreditación de alta calidad de la Escuela de Medicina en 2004.
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Intervención completa en:
ESCUELA DE MEDICINA UPTC: TRES DÉCADAS DE HISTORIA DE LA MEDICINA EN TUNJA
Resumen. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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