En el foro sobre profesionalismo médico, organizado por la Academia Nacional de Medicina, su presidente, Dr. Gabriel Carrasquilla Gutiérrez, recordó que la Academia ha sostenido durante los últimos tres años que la verdadera reforma al sector salud es la Ley 1751 o Ley Estatutaria de Salud. Justamente, el artículo 17 de esta ley se refiere a la autonomía médica sustentada en 4 pilares fundamentales: ética, evidencia científica, racionalidad técnica y autorregulación. Estos componentes no solo orientan la práctica clínica, sino que constituyen la base del profesionalismo médico.
En este contexto, las academias de medicina están llamadas a asumir un rol clave como orientadoras del ejercicio profesional. Esto es particularmente relevante si se considera que cada decisión médica tiene efectos no solo sobre el paciente, sino también sobre la población y el sistema de salud en su conjunto.
El Académico y coordinador del foro, Dr. Ramon Abel Castaño, hizo una presentación introductoria sobre el tema. Uno de los elementos centrales para comprender la práctica médica es la llamada “asimetría de información”. Los médicos manejan conocimientos altamente especializados que resultan difíciles de comprender para los pacientes. A esto se suma un segundo factor: la incertidumbre. La evidencia científica no siempre es completa, por lo que las decisiones clínicas se toman frecuentemente en escenarios ambiguos. Estos dos elementos (asimetría de información e incertidumbre) dan lugar a lo que en economía se conoce como la “teoría de agencia”.
En la relación médico-paciente, el paciente actúa como “principal” y el médico como “agente”. El primero busca resolver un problema de salud, mientras que el segundo toma decisiones con base en su conocimiento, pero en medio de la incertidumbre. En cualquier relación de agencia (de salud, financiera, legal), surge una pregunta crucial: ¿cómo puede el principal saber si el agente está actuando en su mejor interés?
Este dilema, aunque es inherente a todas las relaciones de agencia, adquiere una dimensión particular en medicina por la vulnerabilidad del paciente. Ante la imposibilidad de que la sociedad supervise directamente la calidad de cada acto médico, surge un “contrato social” implícito. La sociedad otorga a los médicos un alto grado de autonomía, es decir, los exime de un control externo estricto, pero a cambio les exige autorregularse.
El cumplimiento de este contrato social se materializa en el concepto de “profesionalismo médico”, entendido como el conjunto de principios, valores y comportamientos que garantizan la confianza del público. Entre los instrumentos más importantes del profesionalismo se encuentra la llamada “carta médica”, que recoge principios fundamentales como el bienestar del paciente, el respeto por su autonomía y la justicia. A esto se suman valores y comportamientos que orientan la práctica diaria. No obstante, más allá de los grandes principios, el verdadero desafío del profesionalismo radica en el manejo de las “faltas de baja intensidad”: aquellas conductas que no alcanzan a ser sancionadas por la justicia o los tribunales de ética, pero que afectan la calidad del cuidado y la confianza social.
Aquí es donde la autorregulación cobra especial relevancia. A través de mecanismos como el control entre pares, la gobernanza clínica y diversas iniciativas institucionales, la profesión busca corregir estas desviaciones cotidianas. Este control interno se complementa con motivaciones intrínsecas, formadas durante la educación médica y reforzadas en la práctica profesional.
Sin embargo, el profesionalismo médico enfrenta hoy un desafío sin precedentes: la irrupción de la llamada cuarta revolución industrial. Las tecnologías digitales y la inteligencia artificial están transformando la relación médico-paciente. El acceso al conocimiento especializado ya no es exclusivo de los médicos; cualquier persona puede consultar herramientas avanzadas que ofrecen diagnósticos y recomendaciones. Asimismo, la creciente disponibilidad de datos podría reducir significativamente la incertidumbre en la toma de decisiones clínicas. ¿Qué queda entonces del profesionalismo médico? Si el conocimiento y la evidencia dejan de ser exclusivas, aún quedan las dimensiones más humanas, como la empatía, la comunicación y el acompañamiento en situaciones de vulnerabilidad, que permanecerán por mucho tiempo más.
El proyecto Profesionalismo Médico, impulsado por la Academia Nacional de Medicina, en colaboración con la Universidad El Bosque, surge en un momento particularmente decisivo para la historia de la medicina. La irrupción de la inteligencia artificial generativa no solo ha transformado la forma en que se accede al conocimiento, sino que también ha replanteado las bases mismas de la relación entre médicos, pacientes y sociedad.
La asimetría de información donde el médico poseía el conocimiento y el paciente confiaba en su criterio ha cambiado radicalmente. Hoy, la información médica está disponible a un clic de distancia, y cada vez más pacientes recurren a herramientas digitales para informarse. Aunque no siempre es claro qué proporción de pacientes utiliza estas tecnologías, la realidad es innegable. La información ya no es exclusiva del profesional, pero la interpretación adecuada y contextualizada sigue siendo crucial.
En este escenario, aferrarse a un “profesionalismo nostálgico” resulta no solo insuficiente, sino riesgoso. El Dr. Castaño propone entonces un “profesionalismo transformador”, que incorpora la inteligencia artificial como herramienta, pero redefine el rol del médico desde la supervisión, el juicio crítico y la humanización del cuidado.
Este nuevo profesionalismo no busca preservar privilegios del pasado, sino replantear la identidad médica en función de las necesidades actuales. En lugar de ser guardianes exclusivos del conocimiento, los médicos están llamados a convertirse en mediadores expertos, capaces de interpretar la información disponible, contextualizarla y aplicarla a la singularidad de cada paciente.
El objetivo central del proyecto es claro: renovar, fomentar y fortalecer el profesionalismo médico en Colombia como pilar de la confianza de la sociedad en la profesión, asumiendo la responsabilidad de la autorregulación como obligación concomitante con el privilegio de la autonomía profesional.
La confianza es, quizás, el elemento más crítico en la relación médico-paciente. A pesar de las tensiones y cuestionamientos hacia la profesión en general, muchas personas continúan depositando una alta confianza en su médico personal. Este “reducto de confianza” es valioso y debe ser preservado y fortalecido.
Incluso frente a visiones más pesimistas que sugieren una eventual sustitución de los médicos por tecnologías, el proyecto plantea una reflexión distinta: más que preguntarse si la profesión desaparecerá, es necesario cuestionarse cómo debe transformarse para seguir siendo relevante. Aun en un escenario donde el conocimiento esté completamente abierto, el acompañamiento humano, la toma de decisiones complejas y la ejecución de intervenciones seguirán requiriendo la participación del médico.
Para alcanzar estos objetivos, el proyecto se estructura en cuatro líneas principales. En primer lugar, brindar a las organizaciones profesionales médicas las herramientas para revisar y redefinir sus planteamientos sobre el profesionalismo médico, incorporando las tendencias globales, incluido lo derivado de la llamada Cuarta Revolución Industrial. Este proceso dará lugar a un documento marco actualizado, que sirva como referencia conceptual para el país y, potencialmente, para la región.
En segundo lugar, se busca promover la adopción de la Carta Médica, un documento fundamental que, a pesar de su relevancia, sigue siendo poco conocido entre los profesionales. También las declaraciones sobre profesionalismo y autorregulación de la Asociación Médica Mundial. Su difusión y apropiación son esenciales para consolidar una base común de principios, valores y responsabilidades.
La tercera línea se centra en la educación. El fortalecimiento del profesionalismo requiere integrarse de manera explícita en la formación médica, tanto en pregrado como en posgrado, así como en los médicos en ejercicio, mediante la implementación de una cátedra específica y cursos de e-learning que deben complementar lo que ya se trabaja en aspectos como la ética médica.
La cuarta línea plantea la necesidad de establecer alianzas estratégicas con los distintos actores del sistema de salud. Esto incluye instituciones, reguladores y organizaciones, muchos de los cuales han implementado mecanismos que, en ocasiones, entran en tensión con la autonomía profesional. La autorregulación, entendida como una responsabilidad inherente al privilegio de la autonomía, debe fortalecerse para demostrar que los profesionales pueden responder de manera efectiva a los principios de beneficencia, justicia y respeto por la autonomía que los rigen.
Este proyecto incluye una Cátedra de Profesionalismo Médico mensual que iniciará en el mes de abril y que se llevará a cabo los terceros miércoles del mes y un evento internacional en agosto para el lanzamiento del libro.
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Intervenciones del Dr. Castaño en: FORO: PROFESIONALISMO MÉDICO
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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