Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Artículo basado en la conferencia de la Dra. María Antonieta Corcione Nieto, antropóloga de la Universidad de los Andes, con maestría en Biología Humana de la Universidad Autónoma de Barcelona y doctora en Antropología de la Universidad de los Andes. Ha trabajado en bioantropología y bioarqueología en varias regiones del país y el exterior. 

Desde la paleopatología y la bioarqueología, la Dra. Corcione puede entender que determinadas condiciones influyeron en la aparición de la tuberculosis en ciertas culturas prehispánicas del altiplano cundiboyacense. La primera sería un aumento poblacional y el modelo de asentamiento, donde múltiples viviendas se agrupaban en un espacio delimitado, y la segunda, las relaciones zoonóticas con animales asociados a labores agrícolas. 

A lo largo de distintas investigaciones se han identificado restos humanos, tanto esqueletizados como momificados, que presentan evidencias de esta enfermedad. Para su análisis, los investigadores han empleado diversas metodologías: desde observaciones macroscópicas de los huesos, pasando por estudios radiológicos y escanografías, hasta técnicas más recientes como el análisis de ADN antiguo y estudios metagenómicos. Estos últimos representan un avance significativo, ya que permiten identificar directamente la presencia del patógeno en restos arqueológicos.

Entre los primeros hallazgos relevantes se encuentra el individuo 36 en Marín, Boyacá. Un antiguo asentamiento indígena histórico en el Valle de Samacá, perteneciente a una población muisca excavada en 1988. Posteriormente, los estudios sobre individuos momificados de la cultura Guane en Santander fueron fundamentales, ya que permitieron confirmar la presencia de tuberculosis mediante análisis moleculares, incluyendo la identificación del gen ribosomal del patógeno. Otro caso importante es el de la colección de Portabelo (Soacha), excavada en los años 90, donde se identificaron siete individuos con lesiones compatibles con tuberculosis, representando entre el 5% y el 7% de la muestra, con manifestaciones de tuberculosis pulmonar.

La Dra. Corcione centró su charla en el hallazgo del sitio arqueológico de Tibanica (Soacha), investigado entre 2007 y 2016. Este sitio pertenece al periodo muisca tardío y cuenta con múltiples dataciones radiocarbónicas que lo ubican entre 975 y 640 años antes del presente; la arqueología y la geología fijan el año 1950 como el “presente” para dataciones científicas (radiocarbono). En Tibanica se excavaron 543 tumbas con un mínimo de 743 individuos, lo que constituye una muestra amplia, aunque con distintos niveles de conservación. La mayoría de los individuos son adultos (73%), seguidos por niños (22%), juveniles (4%) y perinatales (1%). A partir de estos datos, se estimó una esperanza de vida al nacer de aproximadamente 24 años. La población presenta una distribución equilibrada por sexo (51% masculino y 49% femenino), aunque su estructura demográfica no sigue una pirámide clásica, sino que muestra concentraciones altas en la infancia temprana y en la adultez media. La estatura promedio era de 1.56 metros.

Desde el punto de vista teórico, el análisis se basa en enfoques interdisciplinarios que consideran los procesos fisiopatológicos de las enfermedades, especialmente las respuestas inflamatorias e inmunológicas. En este contexto, resulta clave la llamada “paradoja osteológica”, que plantea dos problemas fundamentales en el estudio de restos humanos: la fragilidad heterogénea (las diferencias individuales en la resistencia a enfermedades) y la mortalidad selectiva (los individuos que mueren rápidamente pueden no dejar huellas óseas de enfermedad). Estas limitaciones obligan a interpretar con cautela la evidencia arqueológica.

En Tibanica se identificaron cuatro individuos con evidencias de tuberculosis: tres adultos y un infante. Para su diagnóstico se utilizaron tanto marcadores macroscópicos (lesiones óseas visibles) como análisis moleculares. De los tres individuos ya analizados genéticamente, dos resultaron positivos para el patógeno, mientras que uno fue negativo, aunque presentaba lesiones compatibles. Las evidencias incluyen alteraciones en vértebras (especialmente lumbares y torácicas), como destrucción ósea, hipervascularización y periostitis (inflamación del periostio, una capa de tejido conectivo que recubre los huesos), así como lesiones en las costillas, características de la tuberculosis pulmonar.

A nivel poblacional, estos cuatro casos representan menos del 1% de la muestra total. Sin embargo, este porcentaje probablemente subestima la verdadera prevalencia debido a varios factores. En primer lugar, la preservación de los restos óseos afecta el estudio de huesos clave como costillas y vértebras. En segundo lugar, la mortalidad selectiva implica que muchos individuos pudieron morir antes de desarrollar lesiones detectables. En tercer lugar, existen dificultades en el diagnóstico diferencial, especialmente al considerar variaciones según edad y condiciones de desarrollo.

Un aspecto relevante del análisis es la inclusión del contexto social, particularmente la presencia o ausencia de ajuar funerario, que se interpreta como indicador de estatus social. Contrario a lo esperado, la tuberculosis aparece tanto en individuos con ajuar (posiblemente de élite) como en aquellos sin él, lo que sugiere que la enfermedad no discriminó a ningún grupo social. En cambio, sí se observan patrones asociados al sexo y la edad: todos los individuos afectados son masculinos, lo que coincide con otros estudios que muestran una mayor incidencia en hombres. Esto plantea interrogantes sobre posibles diferencias en roles sociales o actividades que aumentaban la exposición a la enfermedad.

Además, todos los individuos presentan marcadores de estrés inespecífico, como periostitis, hipoplasias del esmalte dental y porosidades craneales. Aunque estos no son diagnósticos directos de tuberculosis, indican episodios de estrés fisiológico, especialmente durante la infancia. El hecho de que estos individuos hayan sobrevivido a esos episodios sugiere que, aunque superaron condiciones adversas, pudieron haber desarrollado sistemas inmunológicos más vulnerables, que pudieron jugar un papel importante en la infección y que se relaciona con la idea de fragilidad heterogénea.

Próximamente, se implementarán nuevos enfoques diagnósticos, especialmente para identificar la enfermedad en niños y jóvenes, que no solo incluyan las lesiones osteolíticas en cuerpos vertebrales, sino que permitan comprender la enfermedad desde un enfoque palioepidemiológico y que busca entender la complejidad de una enfermedad y sus roles sociales en la vida de este grupo poblacional. 

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Intervención de la Dra. Corcione en: ASPECTOS HISTÓRICOS DE LA TUBERCULOSIS

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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