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Dr. Carlos Arturo Álvarez Moreno, médico cirujano e infectólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Máster en epidemiología clínica de la Pontificia Universidad Javeriana, máster en VIH SIDA, PhD. Ciencias Biológicas de la Universidad de Nantes Francia.
Durante la pandemia, Colombia enfrentó múltiples desafíos para adquirir vacunas contra el COVID-19. Mientras otros países compraban de contado y con antelación, Colombia debía recurrir a préstamos y a la autorización del Congreso para poder hacer una consignación previa que le permitiera reservar vacunas. Esta situación, que parece burocrática en la superficie, evidenciaba una complejidad mayor tras bambalinas. Sin embargo, en medio de esa dificultad, Colombia logró sostener un sistema de recolección de datos confiables, que hoy permiten analizar con cierta claridad aspectos de la mortalidad durante la pandemia.
Uno de los aspectos que más llamaron la atención del Dr. Álvarez, según datos revelados por el DANE fue que la mortalidad por cáncer no presentó cambios dramáticos, pero si se menciona constántemente una disminución en la atención, entonces, ¿la pandemia afectó más el diagnóstico oportuno o la continuidad en los tratamientos? A esto se suma una posible explicación en el aumento de los costos en salud: la llegada de nuevas tecnologías y medicamentos que encarecieron la atención. Este fenómeno, se observa también en la diferencia entre los periodos pre y post-COVID. Es posible que la disrupción, no haya sido tanto por la falta de atención, sino por un encarecimiento repentino del sistema sanitario debido al uso de terapias más costosas.
Las enfermedades cardiometabólicas también entran en este análisis. Muchas personas murieron con COVID, pero no necesariamente a causa del virus. El cruce entre enfermedades preexistentes y la infección hizo difícil establecer relaciones claras de causalidad. Esta ambigüedad ha complicado la interpretación de datos, especialmente en relación con qué tanto cambió la mortalidad por causas cardiovasculares durante la pandemia. Identificar qué muertes fueron por COVID y cuáles ocurrieron simplemente en coexistencia con el virus es un reto pendiente para la epidemiología nacional.
Otro tema central fue la llamada “autonomía sanitaria” y el desarrollo de vacunas propias. De no tener ninguna iniciativa, Colombia pasó a contar con varias propuestas serias para producción de vacunas. Sin embargo, para el Dr. Álvarez, esta proliferación plantea dudas sobre la sostenibilidad: ¿es mejor tener tres proyectos fragmentados o una iniciativa robusta y unificada? La falta de coordinación entre el Gobierno Nacional, las administraciones locales y el sector privado pone en riesgo los avances logrados. La lección aquí es clara: sin integración real y esfuerzos conjuntos, el país difícilmente podrá sostener una producción local de vacunas.
El COVID prolongado aparece como una deuda pendiente en el sistema de salud colombiano. Poco se habla de él, y las personas afectadas deambulan entre médicos y especialistas sin un diagnóstico o tratamiento claro. Esta falta de atención estructurada agrava su sufrimiento y genera una carga silenciosa al sistema sanitario. También se evidenció cómo las ciencias sociales fueron relegadas, cuando eran clave para entender por qué parte de la población no se vacunó. La desconfianza, el miedo a los hospitales y la percepción de riesgo transformaron la relación de las personas con la salud durante la pandemia. El impacto de la comunicación, o la desconfianza, jugaron un rol fundamental en esas decisiones.
La telemedicina, que emergió como una solución efectiva en medio del caos, también ha presentado rezagos posteriores. Aunque durante la emergencia sanitaria logró reducir inequidades de acceso en regiones apartadas, su implementación se estancó al finalizar la emergencia. Algo similar ha ocurrido con el aumento de camas hospitalarias: más allá de los equipos, ha faltado personal capacitado para operarlas. Formar especialistas en pocas semanas es una tarea casi imposible y dejó expuesta la fragilidad del recurso humano en salud en regiones como el Chocó o Vichada.
El Proyecto Ágora reflexiona sobre la importancia de que las decisiones nacionales estén articuladas con las estrategias internacionales. Las discusiones sobre nuevas regulaciones, acceso equitativo a insumos y vigilancia epidemiológica han sido lentas, y la infraestructura para responder a futuras pandemias sigue siendo débil. Se han hecho avances en vigilancia genómica y redes de información clínica, pero aún falta consolidar un ecosistema robusto que permita actuar con rapidez. La pandemia dejó muchas lecciones, pero su mayor riesgo es que, en tiempos de calma, volvamos a ignorarlas. Colombia, como muchos países, enfrenta el desafío de no repetir los errores del pasado.
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Intervención completa en:
PROYECTO AGORA COVID 19 EN COLOMBIA: EVIDENCIA Y LECCIONES PARA LA POSTPANDEMIA Y FUTURAS EPIDEMIAS
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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