Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Presentación del libro “Banco de huesos y tejidos Fundación Cosme y Damián”. Cuarenta años cambiando vidas” de la Académica Martha Lucía Tamayo Fernández, médica especialista en genética clínica y dismorfología. Comunicadora social y periodista, profesora del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana.

Esta historia es el resultado de una década de trabajo conjunto para entender a fondo y construir una narrativa que reflejara la dimensión humana, ética y técnica del Banco de Huesos. La Académica Martha Lucía Tamayo Fernández, autora del libro, al involucrarse profundamente en este proceso, encontró una historia de humanidad, compromiso y profundo sentido de misión.

Su vínculo con el banco es también corporal: tras una cirugía de cadera, terminó con un fragmento de hueso del banco en su cuerpo, lo que refuerza su conexión emocional con la institución. Así, desde el dolor físico y la rehabilitación, su vida se entrelazó con la ortopedia y con los profesionales del banco, desarrollando una profunda admiración por su trabajo. Enfatiza el papel fundamental que ha tenido el banco como centro de amor, innovación y servicio, mostrando cómo detrás de su funcionamiento hay un andamiaje ético y académico sólido, poco conocido por el público general.

Uno de los aspectos que más le llamó la atención fue la existencia de los llamados “principios no negociables”, que guían toda la operación del banco. Entre ellos se destaca que; el único dueño del injerto es el receptor, que los actores secundarios son solamente facilitadores, que el banco no tiene fines lucrativos, que los tejidos donados son bienes comunes y deben estar disponibles para quien los necesite y que el aumento en la demanda exige un aumento en la obligación ética, entre otros. Reconoce también como gran amenaza el déficit de donantes que no ha sido suficientemente trabajado en el país.

El Banco de Huesos y Tejidos tiene como principales protagonistas a médicos visionarios que, con determinación, lograron levantar una institución sin precedentes en Colombia. A la cabeza se encuentra el Dr. José Navas, su fundador y en su momento jefe del servicio de ortopedia del Hospital San Ignacio, quien junto al Dr. Eusebio Cadena, pionero en los reemplazos articulares en Latinoamérica, sentaron las bases del banco. Su historia está estrechamente ligada al desarrollo de técnicas ortopédicas que evitaron amputaciones y mejoraron la calidad de vida de miles de pacientes. A ellos se sumó el Dr. Theodor Malinin, patólogo del Hospital Jackson de Miami, quien realizó las primeras cirugías para el Banco de Huesos. 

La historia del banco inicia desde mucho antes de su fundación formal, en los años 70, con la identificación de una necesidad. Fue hacia mediados de la década del 80 que se estableció una etapa de “prebanco” donde se estudió la disponibilidad, acceso y sostenibilidad. El nacimiento oficial se dio entre 1988 y 1990 cuando el banco se sumergió en un mundo de donantes, receptores, beneficiarios, congeladores, equipos e instrumentos para cubrir esa necesidad que en su primera etapa ya había sido identificada. Los desafíos fueron enormes, incluido el transporte de donantes. A medida que crecía, el banco empezó a consolidarse con mayor cobertura nacional, mejor infraestructura y tecnificación. Aun así, nunca perdió de vista su razón de ser: el beneficio colectivo.

La historia del nombre del banco, inspirado en los santos Cosme y Damián, añade una dimensión simbólica. Estos médicos mártires cristianos y gemelos, patronos de la medicina y la farmacia, son un ejemplo de altruismo sin fines lucrativos. Aunque se les atribuyeron varios milagros, el que más destacó fue el “milagro de la pierna negra”, primera referencia histórica de un trasplante exitoso. La cirugía llevada a cabo por los hermanos, que curaban sin cobrar, consistió en la amputación de la pierna de un soldado muerto para trasplantársela a otro que padecía gangrena. Históricamente, la necesidad de tratar heridos de guerra ha impulsado el desarrollo de la medicina y, particularmente desde el siglo XX, el surgimiento de los bancos de huesos y tejidos.

Desde sus inicios, el banco fue concebido como un centro de pensamiento, investigación y docencia, que no se limitaría al almacenamiento de tejidos. El compromiso no era solo con la medicina, sino con la legislación, la tecnología y la pedagogía. Ya en 2010 se hablaba del “banco del futuro”, mostrando una inquietud constante por mejorar, anticiparse y servir mejor.

Desde 1991, los cursos y actividades académicas del banco han influido en toda la ortopedia del país. En los últimos años, incluso en plena pandemia, el banco no se detuvo. Surgieron nuevas ideas, nuevas metas y una visión aún más ambiciosa del futuro. La trazabilidad y los protocolos siguen evolucionando, y se siguen contando historias de pacientes agradecidos que, por causa del banco, pudieron volver a caminar, a vivir sin dolor, a tener una segunda oportunidad.

El Académico Dr. Pablo Rosselli Cock, médico cirujano, especialista en ortopedia y traumatología, destacó del libro sus impresionantes cifras: más de 3.900 donantes, 180.000 personas implantadas y 3.500 amputaciones evitadas. El Banco de Huesos y Tejidos ha tenido un impacto silencioso pero enorme en la medicina colombiana.

¿Para qué sirve un banco de huesos y tejidos? Los huesos o tejidos preservados sirven en reconstrucciones tumorales, para rellenos óseos, en revisiones de reemplazo de cadera y rodilla, en fracturas no consolidadas y en lesiones deportivas, también tienen importantes aplicaciones en odontología y cirugía maxilofacial.

El Dr. Rosselli, después de conocer esta historia, se plantea que quizás el mayor aporte a la ortopedia nacional no sea una técnica o una prótesis, sino esta red invisible de altruismo, ciencia y humanidad que ha salvado y transformado tantas vidas.

En 2024, el banco cumplió 40 años, pero su historia no termina; el banco no para de crecer ni de transformarse. La doctora Tamayo, en un testimonio personal, afirma: “Gracias por todo lo que el Banco de Huesos también me ha dado. No solo lo llevo en mi corazón, sino en mi cadera; y ese “huesito” es lo que hoy me permite caminar. A mí también me cambió la vida”.

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Intervención en:

BANCO DE HUESOS Y TEJIDOS FUNDACIÓN COSME Y DAMIÁN, 40 AÑOS CAMBIANDO VIDAS

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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