Por Fernando Sánchez Torres.

“La costumbre es la reina de todo”.

Píndaro

 

Las costumbres tienen que ver con el comportamiento de las personas y permiten juzgar el nivel moral y cultural de una sociedad. No surgen de manera súbita, sino son el producto de largas experiencias o circunstancias. A lo largo de los siglos han venido cambiando, desapareciendo unas e imponiéndose otras, según el gusto social del momento. La presión que ejercen los interesados en una nueva costumbre suele llevar a los legisladores a convertirla en ley. En otras palabras, las costumbres sirven de motivación a las leyes, tenidas estas como la “moral objetiva”. Siendo así, cambiando las costumbres, cambian las leyes. Por eso estas no son intemporales, inmutables.

Para ilustrar lo anterior, cito tres ejemplos de reciente ocurrencia: el matrimonio homosexual, la eutanasia y el aborto. Hace sesenta o setenta años, ¿quién iba a pensar que la ley les iba a dar vía libre para su realización? Explicable que dichas libertades mantengan perplejos a muchos viejos y a muchos jóvenes tradicionalistas, creando un conflicto: para unos, el acto se “puede” realizar según la ley, en tanto que para otros no se “debe” realizar según la ética. En sana lógica, se establece un choque entre moral y ética, entendiendo que moral es lo que se hace con el aval de la ley y ética es lo que se piensa según una tabla de valores y principios adoptada por la conciencia de cada quien. Si la ley es la moral objetiva, la conciencia es la “moral subjetiva”. Para la filosofía kantiana, un acto solo tiene validez ética cuando está avalado por la conciencia.

Como médico he estado analizando los alcances que podrá tener la despenalización total de aborto según fallo de la Corte Constitucional, que no fue producto –al parecer– del querer de las mayorías. Según una encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría en diciembre de 2021, el 70 % de los consultados estaban en desacuerdo con la despenalización. Pero como la práctica del aborto era una costumbre –sobre todo clandestina, con graves implicaciones para la salud de la mujer– los movimientos pro liberación femenina reclamaron su despenalización invocando el derecho a su sexualidad. Tal reclamo halló eco en la mayoría de los magistrados de la Corte Constitucional. Seguramente la respectiva sentencia desembocará en ley de la república.

Así las cosas, no todos los profesionales médicos, basados en su “moral subjetiva”, estarán de acuerdo con la ley, amparados por la figura legal de la “objeción de conciencia”. Los abortistas también actuarán al mandato de su conciencia, según lo permite el artículo 17 de la Ley 1751, conocida como Ley Estatutaria de la Salud, y que a la letra dice: “Se garantiza la autonomía de los profesionales de la salud para adoptar decisiones sobre el diagnóstico y tratamiento de los pacientes que tienen a su cargo. Esta autonomía será ejercida en el marco de esquemas de autorregulación, la ética, la racionalidad y la evidencia científica”.

Ante el cambio de las leyes en virtud de las costumbres, los respectivos códigos están obligados a cambiar. Aprobado el matrimonio entre homosexuales, el Código Civil cambió. Igual va a ocurrir con el Código Penal al despenalizar el aborto. Para que los médicos que practiquen abortos no vayan en contravía de la ley profesional, se hace necesario reformar la Ley 23 de 1981 (Código de Ética Médica). En el Juramento Médico, que es tomado en el momento de la graduación, se lee: “Velar con sumo interés y respeto por la vida humana, desde el momento de la concepción y, aun bajo amenaza, no emplear mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas” (artículo 2.º).

¿Y qué va a pasar con el venerado Juramento Hipocrático, vigente desde hace veinticinco siglos y tenido como punto de referencia para el actuar correcto de los médicos? En lo que tiene que ver con la eutanasia y el aborto reza: “No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal ni haré semejante sugerencia. Igualmente, tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo”.

Fuente, Diario EL TIEMPO, Bogotá.


Dr. Fernando Sánchez Torres

 

El Dr. Fernando Sánchez Torres es doctor en medicina y cirugía, con especialización en ginecobstetricia.

Ha sido rector de la Universidad Nacional de Colombia, Presidente de la Academia Nacional de Medicina y presidente del Tribunal Nacional de Ética Médica.

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

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