La pandemia del COVID-19, en realidad del 2020, nos tiene aislados en las casas con la economia en retroceso y presintiendo algo parecido a que el fin del mundo esta por llegar. Sabemos que guerras, hambrunas y pestes diezman a la humanidad. Las enfermedades cronicas como el cáncer, las enfermedades cardio-metabolicas tambien lo hacen pero afectan a los individuos aqui y alla y no paralizan la economia. Preocupan las infecciones, aunque muchas han sido controladas por vacunas y antibióticos. Pero las deficiencias inmunológicas, la desnutrición, las malas condiciones higiénicas y la resistencia de los gérmenes a los antibióticos, siguen acabando con grandes grupos humanos especialmente vulnerables.

Historia de las pandemias

En el transcurso de la historia muchas epidemias o verdaderas pandemias implantaron el terror en el mundo conocido, de las cuales un jinete apocalíptico fue la Peste o “Muerte Negra”.

Una pandemia es una epidemia extendida a muchas naciones y una endemia es localizada en determinados sitios geograficos (vgr. El tropico) y tiene brotes epidemicos. El conocimiento generado por la ciencia, la lucha contra la pobreza, el control de los vectores y las medidas higienicas y de salud publica han logrado controlar muchos brotes aunque algunas enfermedades infecciosas como la malaria o la tuberculosis siguen cobrando su cuota, en particular en paises o sectores no desarrollados.

Las epidemias mas importantes que han enfermado al ser humano se pueden clasificar por epocas de la historia, por el numero de muertos, por las regiones afectadas, por la rapidez del contagio; algunas infecciones de los animales tambien ocurren en el hombre, otras solo lo hacen con ciertas especies y con la economia.

No sólo los médicos describieron el cuadro clínico y social que se observó en los asentamientos humanos. Una de las mejores narraciones corresponde al italiano Giovanni Bocaccio, en su “Decamerón”.

La Viruela en el Nuevo Mundo

Se acuerdan de la viruela? Las ultimas generaciones no, porque hace 40 anos fue el ultimo caso. Pero mientras circulaba mato a 300 millones de personas, a lo largo de siglos. Era endemica en el Viejo Mundo pero no existia en America, donde logicamente no habia ninguna “inmunidad de rebano”.

Todos recordamos como la población aborigen del nuevo continente empezo a enfermarse y a extinguirse. Buena parte de la culpa se debio a que los espanoles la trajeron. Dice la historia que ……

El 5 de marzo de 1520, una flota española partió de la isla de Cuba hacia México. Entre la tripulación viajaba Francisco de Eguía, infectado de viruela. Cuando desembarcaron, el estado de salud del marinero era tan grave que urgentemente lo trasladaron a la ciudad de Cempoallán, A los pocos días Francisco de Eguía murió; semanas más tarde, Cempoallán se convirtió en un cementerio. En aquella época, la península del actual México contaba con una población de 22 millones de personas, sesenta años después, la población local solo se contaba en 2 millones.

Los pioneros de las vacunas

La primera vacuna fue precisamente antivariolica; la descubrio Edward Jenner hace mas de 200 anos. Jenner fue un personaje sencillo, ante todo un médico rural. Con contadas excepciones, ejerció toda la vida en su natal Berkeley en el condado de Gloucester. Una de las pestes que le tocó afrontar fue la Viruela o La “pequeña pústula”, que asolaba a los humanos (en Europa particularmente después del siglo XVI), diezmándolos por doquier. Llegó al viejo continente procedente de oriente con los cruzados, y a España con la invasión de los moros. Era una enfermedad que causaba ceguera o en numerosos casos, la muerte; sumamente maligna en comparación con otra que daba en las reses, que se llamaba “pústula de las vacas” o “vacuna”. Las lecheras de aquella campiña inglesa decían que no les daba la viruela porque durante el ordeño habían contraído de las ubres la “pústula vacuna”, lo que les confería protección. Y pensando en que la voz del pueblo es la voz de Dios, Jenner se dedicó a observar y a propalar la idea de que era factible “vacunarse” contra la viruela. En 20 años de necia insistencia ante sus colegas, finalmente en 1796 se lanzó a practicar exitosamente la primera vacunación.

Para ser sinceros, ya los chinos inoculaban a las lecheras para prevenir la vacuna; y en Inglaterra usaban la técnica china, pasando sobre una zona de la piel previamente escarificada un hilo contaminado del pus; generalmente con ausencia total de asepsia, lo que generaba infecciones que eran más dañinas que la patología que se trataba prevenir.

Observando cuidadosamente, vio Jenner que a la vaca le daban dos tipos de infecciones, y que sólo una de ellas confería inmunidad exclusivamente durante cierta etapa de la enfermedad. Sarah Nelmes padecía el mal benigno de la vacuna, causado por un virus diferente al de la viruela pero que confiere inmunidad cruzada; esta es una erupción pustular que se acompaña de leve malestar general que sana rápidamente. Esta lechera fue quien donó el pus que fuera inoculado a James Phipps, un niño de 8 años que resistió sin enfermar otra inoculación dos meses después, esta vez de viruela virulenta. Y así 23 casos más, que fueron informados en un pequeño libro con un extenso título, aunque sería muy corto en relación con el inmenso bien que generaría.

De charlatán pasó a médico galardonado y muy conocido, pero nunca quiso dejar su pueblito natal. Se logró disminuir la incidencia de la mortal viruela, aunque muchos otros que aplicaron mal la técnica y utilizaron sueros contaminados, sólo lograron diseminar la enfermedad. En cambio el suero por él aplicado era eficaz e inocuo. Un verdadero médico, Jenner solía vacunar a los niños pobres de Berkeley en la glorieta de su jardín. En carta que Thomas Jefferson, entusiasmado por su descubrimiento, alguna vez le dirigiera, decía: “ las generaciones futuras sabrán únicamente por la historia que existió la asquerosa viruela, y que gracias a usted ha sido extirpada”. Esta profecía sólo fue realidad hacia finales del siglo XX, por lo que se suspendió esta vacunación; que sólo la amenaza de una guerra bacteriológica puede resucitar, seguramente con una vacuna con mejor perfil de seguridad y tolerancia.

En medicina, el gran aporte de Pasteur fue el de las vacunas, término que acuñó tomándolo de las experiencias de Jenner. Sabía que ciertas enfermedades generaban inmunidad definitiva contra un segundo ataque de la misma enfermedad; le intrigaba que el descubrimiento de Jenner permaneciera como un hecho aislado en medicina. Solía decir que había que inmunizar contra las enfermedades infecciosas cuyos microorganismos se podían cultivar. Su entrada triunfal al mundo de las vacunas fue sin embargo el resultado de un hecho fortuito: las vacaciones de verano interrumpieron su trabajo de laboratorio en el que investigaba el cólera que afectaba las gallinas. El cultivo de bacilo del cólera guardado durante el verano fue incapaz de generar enfermedad en los pollos inoculados. Un nuevo cultivo virulento se inyectó a este grupo de pollos, y a otro grupo de animales nuevos. Estos últimos sucumbieron de manera usual a la infección, mas no los primeros. Pasteur comprendió que el efecto protector de la inoculación con un germen no virulento era una ley general de la biología, y no un hecho ocasional. Y que era posible fabricar vacunas en un laboratorio. Así que en cuatro años ya tenía vacunas merced a un trabajo intenso pero lleno de dificultades y de chispazos de ingenio; fruto de la observación, logró vacunas no sólo contra el cólera de las gallinas, sino contra el ántrax (o carbunco), contra la erisipela del cerdo y – muy importante, aunque complicado-, contra la rabia. Para cada una de estas cuatro vacunas utilizó diferentes métodos: envejecimiento del cultivo para el cólera de las gallinas, cultivo a temperatura elevada para el carbunco, paso a través de conejos para la erisipela del cerdo y suspensión de medula espinal de conejos que han muerto de la inyección de virus fijo de rabia, en aire seco estéril.

El paso de los estudios exclusivos de laboratorio, y de inoculación en animales, llevó a Pasteur a realizar un segundo estudio clínico histórico en vacunas (el primero fue el de Jenner con Phipps). Esta vez correspondió el turno al niño de nueve años, Joseph Meister, infectado por el virus de la rabia a través de la mordedura de un perro hidrofòbico; se atrevió Pasteur a inocular segundo estudio clínico histórico en vacunas (el primero fue el de Jenner con Phipps). Esta vez correspondió el turno al niño de nueve años, Joseph Meister, infectado por el virus de la rabia a través de la mordedura de un perro hidrofòbico; se atrevió Pasteur a inocular su vacuna en el niño, salvándolo de la fatal enfermedad. Un segundo caso que salvó fue el del joven de 15 años, Jean Baptiste Jupille, también vacunado por el científico. Dice René Dubos, uno de sus biógrafos lo siguiente: “El éxito completo de los experimentos de vacunación del propio Pasteur dependìa de un respeto absoluto acerca de los pequeños detalles técnicos. Las vacunas utilizadas debían tener el grado correcto de atenuación; si eran demasiado virulentas, podían causar la enfermedad, y hasta la muerte en cierto número de animales; si demasiado atenuadas, no producían el grado adecuado de resistencia… la mayoría de los experimentadores no apreciaron bien la importancia de algunos de estos detalles y atribuyeron el completo éxito de Pasteur a la suerte”. Si algunas veces la tuvo, fue la suerte del campeón. Padre de la microbiología, fue un luchador que se enfrentó al tremendo jinete apocalíptico de la infección, contra la que batallarían Koch, Hansen, Fleming, y tantos otros que conforman la lista de eminentes investigadores de los gérmenes patógenos, y de la prevención y el tratamiento de las enfermedades, a menudo mortales, que ellos causan.

Las siguientes vacunas para uso humano fueron descubiertas antes de la Segunda Guerra Mundial: Viruela (1798), Rabia (1885), Peste (1897), toxoide diftérico (1923), vacuna celular entera contra tos ferina (1926), BCG para tuberculosis (1927), toxoide tetànico (1927) y la vacuna contra la Fiebre Amarilla (1935). La preparación de esta última se logró gracias al desarrollo de la membrana corioalantoica para el cultivo de los virus.

Por supuesto que el descubrimiento de las vacunas no generó necesariamente una fabricación masiva de ellas, ni una aplicación sistemática en grandes grupos de población, sino que más bien fue errática, casuística y en muchas oportunidades riesgosa. Sin embargo es curioso que en Méjico y Guatemala, la vacunación antivariólica fuera rutinaria alrededor de 1805. Sólo hasta 1956, la Organización Mundial de la Salud se dedicó a erradicar globalmente la viruela, con programas de vacunación a gran escala.

La explosión de tecnología que siguió después de la segunda gran conflagración generó numerosas vacunas, que o bien se siguen usando, o tienen versiones muy mejoradas. Entre las más importantes de una lista necesariamente incompleta, están la vacuna inyectable para el polio (1955), la oral (1962), sarampión (1964), paperas (1967), varicela (1970), hepatitis B (1981). Como es lógico, los países industrializados fueron los primeros beneficiarios de la prevención de estas enfermedades. Sin embargo, una vacunación masiva en Gambia logró erradicar el sarampión durante tres años, a partir de 1967. Como infortunadamente se acabó el dinero, el sarampión regresó con su séquito de postración y muerte. En Colombia hemos visto cómo bajar la guardia significa un nuevo ataque del enemigo.

LAS PANDEMIAS AFECTAN GRAN NUMERO DE PAISES, LAS EPIDEMIAS CIERTAS REGIONES, LAS ENDEMIAS IMPLICAN QUE LOS AGENTES INFECCIOSOS SE QUEDAN 0AHI, DANDO LUGAR A CASOS ESPORADICOS, O A BROTES DE LA ENFERMEDAD CON PICOS. LOS VIRUS RESPIRATORIOS TIENEN A OCURRIR CON DOS PICOS ANUALES, PERO LA VACUNACION MASIVA AYUDA A CONTROLARLOS. RESUMIENDO:

La pandemia más mortífera hasta hoy fue la viruela, que provocó unos 300 millones de fallecimientos, dejó secuelas en los enfermos y fue erradicada hace 40 años. La viruela -traida por los espanoles a America- acabo con el 90% de la población aborigen, y esto dio lugar a que los traficantes volvieran sus ojos al Africa, para iniciar el ignominioso proceso de esclavitud de personas Negras.

La segunda fue el sarampión, que provocó hasta hoy 200 millones de muertos en el mundo, según cifras de la OMS, cuyo contagio, al igual que el ébola, se previene con vacunación.

La tercera, la peste bubónica, estuvo activa hasta 1959 y provocó la muerte de más de 12 millones de personas, mientras el tifus dejó más de 4 millones de fallecidos, pero no supone un peligro en el mundo moderno. Segun sitios y epocas tuvo varios nombres como Peste de Justiniano, Peste Europea o Muerte Negra, Tercera Plaga, etc.

El cólera, que registró grandes pandemias en los siglos XIX y XX, supera los tres millones de muertos, de acuerdo a la OMS.

El siglo XX comenzó con la gripe llamada «española», que mató en 7 meses -de septiembre de 1918 a abril 1919- a cinco veces más personas que los combates de la Primera Guerra Mundial, con unos 50 millones de fallecidos.

Años después, entre 1957 y 1958, la gripe asiática (H2N2), que apareció en China y llegó varios meses después a América y Europa, causó un total de 1,1 millón de muertos.

Otro millón de decesos provocó la llamada gripe de Hong Kong (H3N2), que dio la vuelta al mundo entre 1968 y 1970 y mató a muchos niños, una dolencia que entró en la historia como la primera pandemia de la era moderna, la de los transportes aéreos. Y el siglo XX concluyó con la que se considera la quinta pandemia mundial más importante, el VIH, que a partir de 1981 mató a más de 32 millones de personas, según OnuSida.

El siglo XXI, con todos sus avances científicos, tampoco estuvo exento de grandes epidemias, desde el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS), hasta el actual Covid-19, pasando por la gripe aviar, la gripe A, el ébola y el dengue. El paludismo, la tuberculosis y la influenza siguen cobrando la vida de muchos seres humanos.

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.