Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Ingreso como Miembro Correspondiente del Dr. John Ospina Nieto, especialista en cirugía general de la Universidad Militar Nueva Granada y en cirugía gastrointestinal y endoscopia digestiva de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente, es asesor científico de gastroenterología en Colsanitas y creador de la Fundación Felicia, que promueve la inclusión y proyecta un estudio sobre el impacto de la literatura infantil incluyente en la inclusión educativa.

Hace casi dos décadas, el Dr. Ospina estaba en la Academia durante su ceremonia de grado como cirujano gastrointestinal, en un acto celebrado por el Instituto Nacional de Cancerología, acompañado por sus padres. En aquel entonces, su madre (ya fallecida) le vaticinó su futuro ingreso a la Academia con una frase que quedó en su memoria: “Algún día, hijo”. Al postular su ingreso a la Academia, escribió una carta donde expresó su profundo respeto por esta institución, la cual considera un faro intelectual que piensa con ciencia y conciencia, sin dogmas, comprometida con el país. Para él, ser académico no es solo un título: es ser testigo y testimonio de los cambios, un agente de reflexión sobre el pasado, que ayuda a construir el presente, buscando mejores opciones hacia el futuro. Pero más allá de su oficio como médico, lo que realmente lo define y representa es su familia: se considera un padre y esposo orgulloso y feliz.

Desde su trabajo como especialista en gastroenterología, señala que hubo una época cuando el intestino delgado se consideraba una especie de misterio indescifrable para muchos médicos. Se le conocía como “el continente oscuro” del tracto gastrointestinal porque los especialistas carecían de herramientas para explorarlo de forma precisa. Las imágenes diagnósticas ayudaban un poco, pero las patologías intestinales muchas veces se descubrían solo en cirugía.

El cambio comenzó hacia el final del siglo XX con la aparición de la videocápsula endoscópica. El verdadero salto ocurrió al inicio del siglo XXI con la llegada de la enteroscopia de doble balón, una técnica revolucionaria basada en aquel principio físico de Arquímedes: “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”. Ese punto de apoyo eran los balones que lleva el enteroscopio y que le permiten adentrarse y mirar el intestino como nunca antes. Luego surgió el enteroscopio de un balón, técnica con la que el Dr. Ospina fue pionero en su manejo en Colombia en el Hospital Cardiovascular del Niño de Cundinamarca, junto al Dr. John Villamizar. Han surgido desde entonces nuevos desarrollos tecnológicos.

Esos primeros años para el Dr. Ospina, cuando el procedimiento era arduo y largo (7-8 horas), tanto que los anestesiólogos en broma lo llamaban “eternoscopia”, se compensaban con los hallazgos obtenidos, como una gasa olvidada o várices intestinales inusuales que demostraban que el esfuerzo valía la pena.

La terapia combinada con videocápsula y enteroscopio, de uno o dos balones, se convirtió en el procedimiento de rigor. El Dr. Ospina en los últimos 20 años ha realizado 551 procedimientos donde las hemorragias digestivas, el síndrome anémico y las enteropatías han representado cerca del 80% de las valoraciones.

Con el tiempo, el procedimiento se volvió más corto, más eficiente, más certero. De ocho o nueve horas se pasó a una hora y media. La tasa de hallazgos aumentó y los diagnósticos se afinaron. Antes de 1998, el 49% de los tumores eran diagnosticados en cirugía; después del año 2000, la mayoría se detecta por estudios endoscópicos. Sin embargo, el camino no estuvo libre de obstáculos. Las complicaciones técnicas, como el riesgo de pancreatitis, obligaron a perfeccionar la técnica. Se aprendió a no insuflar los balones cerca de la papila biliar, y así el procedimiento se volvió más seguro.

El reto era no solamente diagnosticar el problema, sino empezar a tratarlo, y con la creciente variedad de problemas intestinales, el Dr. Ospina vio la necesidad de clasificar la complejidad de la enteroscopia para reconocer los niveles de dificultad en el diagnóstico y la importancia de la colaboración entre especialidades e incluso entre países. Formó grupos de trabajo entre países para realizar publicaciones conjuntas y alianzas con referentes internacionales.

Para 2019, la nueva era estaba destinada al diagnóstico avanzado con tecnologías como la cromoendoscopia virtual computarizada; la IA estaba aquí. 

Hoy en el mundo, se vela por los criterios de calidad de la enteroscopia. Las publicaciones desde 2022 hablan de cómo hacerlo de la mejor manera. Esos indicadores de calidad tienen tres momentos: preprocedimiento, intraprocedimiento y postprocedimiento, y parten de la necesidad de ejecutar únicamente los estudios que realmente son necesarios. No solamente por costos, sino por no someter al paciente a intervenciones innecesarias.

La preparación adecuada, una evaluación completa, indicadores post-procedimiento anotando los hallazgos y un registro fotográfico, sumados al conocimiento y manejo de las patologías y sus posibles complicaciones, son indispensables. 

Colombia, con todos sus contrastes, refleja esa dualidad: centros con experiencia consolidada frente a instituciones sin equipos o personal entrenado. Aun así, la enteroscopia intraoperatoria sigue siendo una alternativa vigente. La revisión hecha por el Dr. Ospina sobre todo lo publicado en Colombia sobre enteroscopia concluyó que solo 44 artículos de 153 referencias son publicaciones relacionadas con procedimientos de enteroscopia en el país; falta unir fuerzas para generar estudios más sólidos y relevantes.

Pero, ¿cómo se entrena a un verdadero enteroscopista? ¿Cuántos procedimientos hacen falta para dominar la técnica? ¿Cuándo vale la pena usar esta herramienta en un sistema de salud con recursos limitados? Las respuestas no son simples, pero inician con un entrenamiento adecuado combinando enteroscopia con videocápsula y por lo menos la realización de 50-100 enteroscopias al año. El rendimiento diagnóstico mejora con un volumen adecuado de procedimientos. A mayor número de procedimientos, mayor porcentaje de rendimiento diagnóstico; cuando hay un bajo número de procedimientos, el rendimiento puede bajar inclusive al 8%. Es decir, la experiencia y el factor cirujano o el factor enteroscopista son fundamentales para lograr el éxito.

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Ingreso y conferencia del Dr. Ospina en:

ENTEROSCOPIA EN COLOMBIA, EXPERIENCIA DE 20 AÑOS

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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