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Cátedra de Humanismo Médico. Conferencista invitada: Dra. Juliana Granada Cardona, médica de la Universidad de Caldas con especialización en gerencia de servicios de salud de la Universidad Sergio Arboleda y maestría en actividad física para la salud de la Universidad Santo Tomás de Bogotá.
Para la Dra. Granada, el fútbol no está tan alejado de la medicina como parecería a primera vista. Ambos campos requieren intensidad y dedicación, esfuerzo físico y mental y un enfoque absoluto para alcanzar la excelencia. Comparten valores fundamentales: disciplina, estrategia, conocimiento del cuerpo humano y toma de decisiones bajo presión. Y así es como médicos que también fueron futbolistas, o viceversa, demostraron que la excelencia no entiende de fronteras profesionales.
Afonsinho -Afonso Celso García Reis- es un exfutbolista brasileño que ha vivido entre la medicina y el balón. Psiquiatra y futbolista, su vida ha estado marcada por la lucha por la libertad dentro del deporte, enfrentándose incluso al régimen militar brasileño. Nunca fue convocado a la selección, pero su legado trascendió el campo: desafió normas injustas de traspasos, inspiró una generación y, como dijo Pelé, es el único hombre verdaderamente libre del fútbol brasileño. Utilizó su fama para causas benéficas con su “tren de la alegría”, uniendo medicina y solidaridad en una época compleja.
Carlos Salvador Bilardo, “el doctor”, representa quizá la encarnación más emblemática de esta dualidad. Médico ginecólogo y campeón del mundo como director técnico de Argentina en 1986, su enfoque meticuloso y casi obsesivo se convirtió en doctrina: el bilardismo. No se trataba de jugar bonito, sino de ganar, y para eso estudiaba cada detalle. Insistía en que si un médico puede estar concentrado 12 horas, ¿por qué un futbolista no podría estarlo 90 minutos? Su liderazgo se basaba en la disciplina, el compromiso, una preparación física y mental rigurosa y una visión del fútbol, donde cada victoria era el resultado de una preparación milimétrica.
El español José Martínez Sánchez, conocido como Pirri, símbolo de sacrificio y entrega. Jugador icónico del Real Madrid, estudió medicina en México y regresó para convertirse en directivo del Real Madrid. Hasta hoy es presidente honorífico del Real Madrid. Disputó una final con fiebre y la clavícula rota, algo que le valió el reconocimiento del club. Su lema en la cancha era nunca dar nada por perdido y consideraba que en el fútbol ponía el corazón, pero en la medicina la cabeza. Una constante en la vida de muchos médicos; dar más de lo que el cuerpo permite.
Otro español, Pablo Alfaro, combina la rudeza del defensor con la sensibilidad del médico. Con un récord de tarjetas rojas que contrasta con su vocación altruista, estudió medicina en la Universidad de Zaragoza mientras jugaba profesionalmente. Pasó de jugador a entrenador y su tránsito entre ambas esferas ha sido equilibrado y consciente. Inicialmente, consideraba que los estudios médicos eran su obligación y el fútbol su devoción y, en algún momento, la balanza se inclinó en el otro sentido y el fútbol pasó a ser su obligación y la medicina su devoción.
En México, Rafael Ortega Orozco representa el compromiso con la vocación médica desde niño, sin renunciar a su pasión por el fútbol. Jugó profesionalmente y más tarde se convirtió en médico cirujano, especialista en ortopedia, y directivo de las Chivas. Eligió dejar el fútbol para enfocarse en la medicina, convencido de que para especializarse también se requiere energía y entrega.
Tostão en Brasil es un caso singular de una carrera corta debida a un retiro obligado. Su carrera fue truncada por una lesión ocular. Tras múltiples cirugías, volvió a jugar y logró la gloria, pues 6 meses después de su última cirugía, se coronó campeón mundial con su selección en 1970. Pero eventualmente debió retirarse al perder casi por completo la visión tras una nueva lesión. Esa experiencia lo impulsó a estudiar oftalmología, una elección marcada por su propia historia médica.
En Barcelona nació Eduardo Mauri Montero, de familia futbolera. Médico traumatólogo especializado en Medicina de la Educación Física. Con experiencia en equipos modestos, se convirtió en un referente en medicina del deporte, incluso trabajando para la selección de Catar. Es jefe de la Unidad de Medicina Deportiva de L’Institut Ramon Cugat del Hospital Quirónsalud Barcelona.
Uno de los más reconocidos en la historia del fútbol fue Sócrates, leyenda de la selección Brasil. Estudió medicina en la Universidad de São Paulo mientras jugaba profesionalmente. Capitán de Brasil en 1982 y considerado el futbolista suramericano del año en 1983. Su legado no solo fue futbolístico, sino también ideológico. Lideró la “Democracia Corinthiana”, un movimiento de gestión deportiva y política en el club de fútbol brasileño Corinthians, que buscaba democratizar la toma de decisiones dentro del equipo y, por extensión, en la sociedad brasileña. Utilizó su imagen para defender causas que consideraba justas; con cintas en la cabeza y mensajes de paz, denunció injusticias desde el campo de juego.
En Colombia, Gabriel Ochoa Uribe conjugó con maestría la medicina con una carrera como arquero y técnico exitoso. Fue pionero, rompió marcas, dirigió más de mil partidos y se especializó en ortopedia y traumatología, alternando el banquillo con el consultorio. Su legado es incuestionable, siendo el entrenador más laureado del país con 16 títulos y ejemplo de cómo la formación académica puede reforzar la toma de decisiones a nivel deportivo.
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Intervención completa en: ENTRE ESTADIOS Y HOSPITALES
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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